Conseguir unos calamares fritos bien hechos sigue siendo uno de los pequeños retos de la cocina cotidiana. El plato forma parte del recetario más popular, pero no siempre sale como se espera. A menudo quedan blandos, absorben demasiado aceite o resultan gomosos por dentro. La clave, según explica la cocinera y creadora de contenido Isabel, no está en añadir ingredientes ni en técnicas complejas, sino en entender bien el proceso.

En uno de los vídeos más vistos de su canal de YouTube Cocinando con Isabel, la cocinera desgrana con detalle cómo preparar calamares fritos en casa con un resultado consistente. Su forma de trabajar se basa en gestos claros, tiempos precisos y respeto por el producto, una filosofía que recuerda a la cocina tradicional explicada sin atajos.

La limpieza marca el resultado

El primer punto que Isabel subraya es la limpieza del calamar. No lo presenta como un trámite previo, sino como una parte fundamental de la receta. El proceso comienza separando las tripas del cuerpo con cuidado y cortando la cabeza para retirar el pico, una pieza dura que no se consume. Estas partes, aclara, pueden aprovecharse para otras elaboraciones como caldos o arroces.

Después se elimina la piel exterior hasta que el calamar queda completamente blanco y se separan las aletas laterales, que también se conservan. Una vez limpio por fuera, Isabel recomienda darle la vuelta al cuerpo para comprobar que no quedan restos en el interior. Es un gesto sencillo que evita sabores desagradables al freír.

La harina y el control del aceite: la clave para disfrutar de unos buenos calamares

Lo primero de todo es, tras cortarlos, es asegurar de que los calamares estén bien secos. Una vez que esto sea así, se salan y, a continuación, es momento de utilizar el truco para que te queden estupendos: usar de harina de garbanzo. Y es que, según explica Isabel, este tipo de harina aporta una textura más fina y crujiente que la de trigo y absorbe menos aceite durante la fritura.

Los calamares se pasan por la harina y, a continuación, se colocan en una redecilla o colador grande para sacudirlos bien. El objetivo no es cubrirlos en exceso, sino dejar una capa mínima que será suficiente para lograr el crujiente deseado. Mientras tanto, el aceite debe estar bien caliente antes de introducir el producto. Isabel no habla de temperaturas concretas, pero insiste en que una fritura rápida es la clave para que el calamar quede tierno. Se fríen en tandas pequeñas, sin amontonarlos, y durante muy poco tiempo, solo hasta que toman color.

Sacarlos a tiempo y servir sin exceso

Cuando los calamares están dorados, se retiran del aceite y se dejan escurrir sobre papel absorbente. El resultado es un frito seco, sin restos de aceite y con un rebozado ligero. Para servirlos, Isabel opta por una presentación sencilla, sin salsas ni acompañamientos que oculten el sabor.

Una ramita de hierbabuena para aromatizar y unas gotas de limón que cada comensal añade al gusto completan el plato. El contraste entre el crujiente exterior, la textura del calamar y la acidez final hace que el conjunto funcione sin necesidad de más elementos.

La cocinera resume su método con una idea clara: el secreto no está en complicar la receta, sino en respetar el producto y los tiempos. Una forma de entender la cocina que explica por qué un plato tan común sigue fallando en casa y cómo, con pequeños gestos, puede salir bien de forma constante.