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Opinión

Zurdos

La cuestión es que, según para quien, la palabra se ha convertido en una especie de insulto

Susana Gisbert
El presidente argentino, Javier Milei. EP.

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Hasta hace algún tiempo, todo el mundo sabía qué era ser zurdo o zurda. Según el Diccionario de la Real Academia, es quien “tiene tendencia natural a servirse preferentemente de la mano izquierda o también del pie del mismo lado”. A eso añade, como segunda acepción, “perteneciente o relativo a la mano izquierda”.

Durante mucho tiempo los zurdos y las zurdas eran mal mirados, habiendo sido objeto de castigos y estigmatizaciones que llegaban a afirmar que la izquierda era la mano de diablo. Y no hace tanto que a las criaturas que presentaban esta tendencia les obligaban a utilizar la mano derecha, con sistemas pedagógicos tan exquisitos como el de atarle su mano izquierda o golpeársela si la usaban. Por suerte, esto ya no ocurre en nuestro país, aunque aún se ven cosas curiosas, como el hecho de que una persona me preguntara respecto de mi hija zurda, cuando era un bebé, si “eso” no se le curaría con el tiempo.

Hoy, o, al menos, hasta ahora, las zurdas y zurdos son mirados con normalidad, aunque les cueste a veces encontrar instrumentos adecuados, como tijeras, bolígrafos o guitarras, y hasta son especialmente valorados para algunas disciplinas como el fútbol, la danza, el tenis o la cirugía. Ya era hora de que llegara su momento.

Pero, como decía mi madre, nunca dura mucho la alegría en la casa del pobre y hoy las zurdas y los zurdos se encuentran con que alguien ha usado su nombre en vano, y lo echa a la cara de quien se le ponga por delante como si fuera un insulto. El presidente argentino, adalid de esa tendencia, escupe la palabra “zurdo” a quien considera que es de tendencia política izquierdosa, lo cual es, para su estrechez de mira, como ser el diablo. O sea, lo mismo que decían de los zurdos en la Edad Media, de la que él se debió escapar en alguna máquina del tiempo.

La cuestión es que, según para quien, la palabra se ha convertido en una especie de insulto. A lo cual el sector teóricamente insultado ha decidido resignificar el término y apropiarse de él considerando que ser zurdo es algo positivo. Y eso, que en principio podríamos pensar que es bueno, no lo es tanto.

Y es que resignificar palabras como se hizo en su día con “zorra” y hasta con “feminazi” es una opción, pero parte de la base de que el término resignificado era un insulto. Y “zurdo· no es un insulto, sino la realidad de miles de personas que, según algunos estudios, son especialmente inteligentes.

Quizás alguien piense que no tiene importancia. Y tal vez no la tenga hasta el día que algún niño o niña se vea señalado en la escuela porque ha oído a sus padres emplear esta palabra como un insulto. Y, si llega ese día, ya será tarde, así que vayamos con tiento no vayamos a meternos en la máquina del tiempo que antes decía. Que no está la cosa para bromas.

SUSANA GISBERT
Fiscal y escritora (@gisb_sus)

Etiquetas Argentina
Susana Gisbert

Sobre el autor

Susana Gisbert

Fiscal especializada en violencia de género, delegada de Delitos de Odio y escritora

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