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Opinión

A vista de pájaro

Allá arriba, las distancias ya no duelen, porque todos los caminos os llevan a casa

Ana Rivero
Agentes de la Unidad Militar de Emergencias (UME) trabajan en el lugar del accidente, a 28 de octubre de 2026, en Urda, Toledo. EP.

Agentes de la Unidad Militar de Emergencias (UME) trabajan en el lugar del accidente, a 28 de octubre de 2026, en Urda, Toledo. EP.

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Hay lugares que nacieron para ser de paso: estaciones, andenes y trayectos;  geografías fugaces donde nadie debería quedarse para siempre y donde, sin embargo, ayer hubo vidas que se detuvieron mientras el resto del mundo continuaba llegando a su destino. Ojalá hubierais llegado, aunque fuera tarde, aunque fuera mal, aunque la vida os hubiese devuelto maltrechos y a destiempo, a esa extraordinaria vulgaridad de regresar a casa y encontrarlo todo en su sitio, sin sospechar siquiera la inmensa fortuna que encierra lo cotidiano. Qué despiadada manera de descubrir que un billete de ida también puede convertirse en una despedida, que alguien pronuncie un inocente "avísame cuando llegues" y termine condenado a esperar una vida entera.

El kikirikí del AVE, esa melodía diminuta que tantas veces nos hizo creer que todos los viajes tenían en su destino una llegada o un regreso, sin imaginar que algún día el destino pudiera llamarse ausencia y caber entero en apenas unas notas que serán malditas para quienes se van a quedar eternamente esperando en una estación a aprender la gramática más cruel de la existencia, esa que obliga a conjugar en pasado a quienes seguirán amando en presente.

Habrá que exigir verdad, respuestas y responsabilidades, sin permitir que ninguna vida termine reducida a una cifra ni que tantas ausencias queden sepultadas únicamente bajo la solemnidad de un minuto de silencio. Y qué no darían quienes esperan por transformar esos sesenta segundos de silencio en un minuto más de vida, uno solo, el suficiente para escuchar de nuevo una voz y abrazar sin prisa a quien se marchó sin saber que estaba despidiéndose para siempre.

Quiero pensar que quienes contemplabais ayer por la mañana el mundo a través de la ventanilla de un tren ahora nos miraréis para siempre a vista de pájaro, desde esa altura donde el tiempo ha dejado de imponer horarios, las distancias han perdido su sentido y ya no existen las despedidas ni los viajes sin regreso. Os habéis marchado, sí, pero hacia un destino diferente, hacia la memoria de quienes os amaron, hacia las casas que todavía pronuncian vuestros nombres y los rincones donde alguna vez fuisteis felices, mucho más allá de una fotografía de WhatsApp que acabará desapareciendo entre conversaciones y noticias que mañana ocuparán el lugar de las de hoy.

La eternidad no es otra cosa que seguir habitando el corazón de alguien cuando ya no podemos volver. Allá arriba, las distancias ya no duelen, porque todos los caminos os llevan a casa.

Etiquetas Andalucía España
Ana Rivero

Sobre el autor

Ana Rivero

Ana Rivero Rodríguez es doctora en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad Pablo de Olavide y licenciada en Marketing por la Universidad de Sevilla. Su investigación se centra en la comunicación política digital, especialmente en la relación entre redes sociales, partidos políticos y democracia, ámbito en el que su tesis fue reconocida con el Premio Extraordinario de Doctorado.

Es profesora en la Universidad Pablo de Olavide, donde compagina docencia e investigación en ciencia política y administración pública, con especial atención a la comunicación política digital.

Ha publicado el ensayo “Carne de algoritmo. Ser sometido”, en el que analiza críticamente las transformaciones sociales y políticas derivadas del entorno digital.

En ElPlural, escribe artículos de opinión relacionados con Andalucía junto a Daniel Valdivia y Marina Sánchez Morales.

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