Hasta ahora, todo el mundo sabía de qué se hablaba cuando se hablaba de un “taco”. Es una palabra polisémica que se puede referir a una comida mexicana, a un adminículo de bricolaje y, figuradamente, a una palabra malsonante. Pero, de un tiempo a esta parte, “TACO” ha adquirido un significad distinto. Es un acrónimo de “Trunps Always Chickens Out”, que se traduce más o menos como “Trump siempre se acobarda” y que hace referencia a la actitud del líder de pelo imposible -e ideas más imposibles aún- de echar marcha atrás después de cualquiera de sus bravuconadas. Y no es que lo diga yo, que ya viene hasta en la Wikipedia.

Y es que este personaje cada día nos tiene más acostumbrados a sus ultimátum y amenazas de los que luego se echa atrás. El último de ellos -o tal vez el penúltimo cuando estas líneas vean la luz- amenazaba nada menos que con acabar con una civilización de siglos y hacerles volver a la Edad Media. Tal vez las palabras más gruesas que había emitido hasta el momento, aunque no las únicas ni, más que posiblemente, las últimas. Ya jugó fuerte con el tema de los aranceles, un instrumento con el que pretendía manipular a los estados que no hicieran las cosas como él quería, como el niño que se lleva la pelota del campo porque no gana el partido.

El problema es que, entre las ocurrencias de este tipo -al que, aunque parezca mentira, han votado muchísimas personas- y su manía de amenazar sin ton ni son, corremos el riesgo de no tomarlo en serio. Es decir, hacer lo de la fábula donde tantas veces se advierte en falso que viene el lobo, que cuando es cierto nadie le hace ni caso. Por si no tuviéramos bastante con diferenciar cuando habla en serio o no, porque sus palabras suelen estar redactadas como una broma de mal gusto.

Confieso que, por más que el contenido de sus afirmaciones sea increíble, y por más que una y otra vez se eche atrás en ellas, a mí me sigue dando miedo. Mucho miedo. Entre otras cosas, porque no es el único dirigente que tiene el dedo flojo a la hora de dar órdenes para exterminar a un pueblo sin siquiera pestañear.

Y así, cada día son más los puntos del planeta donde se siembra la destrucción mientras permanecemos en nuestros sofás viéndolo por televisión. Y, lo que es mucho peor, acostumbrando nuestros ojos, nuestro estómago y nuestras almas a que estas cosas pasen, convirtiendo la indiferencia en la peor de las armas.

No nos descuidemos. Porque quizás la próxima vez no se eche atrás.

SUSANA GISBERT
Fiscal y escritora (@gisb_sus)