España tiene entre 2.500 y 3.300 horas de sol al año, la cifra más alta de Europa. Huelva roza las 3.527 horas; Córdoba y Cádiz superan las 3.300; Almería, Granada y Jaén no bajan de 3.200. Ningún otro país del continente tiene semejante fortuna climática regalada, gratis, todos los días del año. Y aun así, este es el único país de Europa donde un Gobierno tuvo la ocurrencia de cobrarle a un ciudadano por generar su propia electricidad en su propio tejado con su propio dinero. Se llamó impuesto al sol. Lo inventó el PP. Y una década después, el PP quiere volver a intentarlo, solo que esta vez con un disfraz técnico y la boca pequeña.

Un invento tan absurdo que ni ellos se atrevieron a defenderlo con la cara descubierta

El impuesto al sol —bautizado oficialmente "peaje de respaldo" porque hasta ellos sabían que el nombre real olía mal— nació con el Real Decreto 900/2015, firmado el 9 de octubre de 2015 por el ministro de Industria de M.Rajoy, José Manuel Soria. La norma obligaba a pagar por la energía solar que un hogar consumía en su propia casa, aunque ese kilovatio no llegara jamás a la red eléctrica. Es decir: se penalizaba producir tu propia luz por el simple hecho de producirla. No hay eufemismo que sobreviva a esa frase.

El rechazo fue tan brutal que en julio de 2015 dieciocho partidos firmaron un manifiesto conjunto contra el impuesto al sol, formaciones que meses después sumarían 227 de los 350 escaños del Congreso. Le dio igual al PP. Gobernó con él a pesar de esa mayoría en contra. Y cuando en enero de 2018 el Parlamento Europeo votó reconocer el derecho al autoconsumo sin cargas, el PP español fue el único partido grande de todo el continente que votó en contra: solo, aislado, defendiendo lo indefendible mientras sus propios socios europeos se lo quitaban de encima. Tuvo que llegar Pedro Sánchez para derogarlo en octubre de 2018 y reconocer, por fin, que autoconsumir energía limpia es un derecho, no un delito fiscal.

Nadie diseña un impuesto así por error técnico. Se diseña porque hay un modelo de negocio al que le molesta que la gente deje de depender de él. Eso, y no otra cosa, es lo que estaba en juego entonces. Y es lo que sigue en juego ahora.

Una década perdida por capricho ideológico, y el freno sigue puesto

Desde su derogación, el autoconsumo ha crecido hasta unos 9,3-9,6 GW acumulados a cierre de 2025, cubriendo ya en torno al 4% del consumo eléctrico español. Pero llevamos ya tres años seguidos de frenazo: en 2025 se instaló un 15% menos de potencia nueva que en 2024, muy lejos del pico de 2022. Elon Musk —que no es precisamente sospechoso de simpatías de izquierda— ha dicho que España podría "suministrar energía a toda Europa" con su potencial solar. Y en vez de acelerar, frenamos. ¿Por qué se enfría la inversión en un país bañado en sol? Porque nadie invierte en placas si sospecha que mañana el Gobierno de turno le cambia las reglas otra vez. Y esa sospecha tiene nombre y apellido.

El impuesto al sol 2.0: mismo fondo, distinto envoltorio

En junio de 2026, el vicesecretario de Economía del PP, Alberto Nadal, se subió a un atril en la Universidad Rey Juan Carlos y dijo, sin ruborizarse, que quien tiene placas solares recibe una "subvención" injusta y "regresiva" pagada por quienes no las tienen, y que hay que "reconstruir el peaje entero" para que quien autoconsume pague también por la red. Le preguntaron directamente si eso era el impuesto al sol. No lo negó. Lo confirmó: "Exactamente lo que acabo de describir: era que la instalación fotovoltaica de autoconsumo pagara también los costes de red", respondió, según recoge el mismo medio.

Traduzcámoslo sin marketing: quieren volver a cobrarte por el sol que cae gratis sobre tu tejado. Pueden llamarlo "reajuste de peajes", "revisión tarifaria" o "equilibrio del sistema" —de hecho ya lo están llamando así, precisamente para que suene a otra cosa—, pero el fondo es idéntico al de 2015: castigar a quien decide depender un poco menos de las grandes eléctricas. Y el apellido Nadal no es casualidad en esta historia: fue Álvaro Nadal, hermano de Alberto, quien como secretario de Estado de Energía con Rajoy diseñó buena parte de aquel disparate que Sánchez tuvo que desmontar después. En esta casa, el negocio se hereda en familia.

Sigan el dinero: ahí está la respuesta

¿A quién beneficia frenar el autoconsumo? No hay que buscar mucho. Iberdrola, Endesa, Naturgy y Repsol ganaron juntas 12.405 millones de euros en 2025, un 11% más que el año anterior. Iberdrola sola se embolsó 6.285 millones, récord histórico; Naturgy, otro récord con 2.023 millones; Endesa disparó su beneficio un 16%. En 2024 ya habían ganado 11.157 millones entre las cinco grandes. Cada hogar que se hace algo más independiente con sus propias placas es, para ese negocio, un cliente que se les escapa un poco de las manos. Frenar el autoconsumo no protege a "los que no tienen placas", como dice Nadal con cara de póker: protege el margen de las compañías que quieren seguir cobrándonos cada kilovatio hasta el último día de nuestras vidas.

Y el vínculo entre el PP y esas empresas no es una teoría, es una nómina. Al menos una docena de altos cargos afines al PP han ido a parar a consejos de administración de eléctricas y gasistas en la última década, con Red Eléctrica y Enagás convertidas casi en agencias de colocación para exministros populares. En Bruselas, el PP mantuvo 21 reuniones con el lobby energético durante 2025, y solo una fue con una empresa plenamente favorable a las renovables. Y cuando en 2025 el Gobierno intentó blindar el sistema eléctrico tras el gran apagón de abril con un decreto que las propias eléctricas pedían aprobar, fue el PP quien puso la norma en riesgo con su rechazo, hasta el punto de que el propio Ejecutivo le acusó de actuar como el lobby del sector, no como oposición política.

El absurdo, sin anestesia

Resumamos, porque el disparate merece decirse con todas las letras: España tiene el mejor recurso solar de Europa, la tecnología para aprovecharlo, la demanda ciudadana para acelerarlo y hasta un objetivo oficial de llegar a 19 GW de autoconsumo en 2030. Lo único que le sobra es un partido que, cada vez que gobierna o que huele que puede volver a gobernar, mira ese sol y ve un problema que resolver a favor de cuatro empresas en lugar de una oportunidad que aprovechar para veinte millones de hogares. No es torpeza. No es un desliz técnico de un vicesecretario que se explicó mal. Es una elección consciente y repetida: el PP, otra vez, del lado de quien te vende la luz y nunca del lado de quien quiere dejar de necesitarla tanto.

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