Pelis y docus para entender lo que pasa. Pixabay.
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Hubo un tiempo en que la ficción distópica servía para imaginar escenarios lejanos o imposibles. Hoy, en cambio, las distopías llevadas al cine han pasado a funcionar como un espejo en tiempo real de la política global. Frente a la sobreinformación, las redes sociales saturadas y el ruido partidista, algunas obras cinematográficas y documentales recientemente estrenados ofrecen una radiografía de la fragilidad de nuestras libertades.
Si queremos comprender cómo se desmantela una democracia desde dentro, cómo funciona el adoctrinamiento o de qué manera la tecnología refuerza el control social, estas producciones ofrecen las claves esenciales para leer la coyuntura geopolítica actual.
Durante años dimos por sentado que las instituciones democráticas occidentales eran inexpugnables. Sin embargo, la polarización extrema y el auge del populismo de ultraderecha han demostrado lo contrario.
En Anniversary (2025), el director Jan Komasa plantea un thriller perturbador sobre el colapso paulatino de la democracia estadounidense en manos de Trump. La cinta retrata cómo un movimiento radical («El Cambio»), amparado en el descontento popular y el discurso identitario, logra capturar el poder e instaurar paso a paso un Estado policial autoritario mientras la sociedad asiste paralizada a su propia desintegración.
Esta deriva no es exclusiva del Norte del continente. El influyente documental La democracia en penumbras (Edge of Democracy, 2019), de Petra Costa, aborda el caso de Brasil para mostrar cómo las «guerras de la información», la desinformación masiva y el uso partidista del sistema judicial destruyen el consenso social, abriendo la puerta a alternativas autoritarias.
En el otro extremo del tablero, Rusia representa el modelo consolidado de una autocracia moderna impulsada por la propaganda y el control social absoluto.
Para comprender la arquitectura del régimen de Vladimir Putin y la hegemonía del partido Rusia Unida, la adaptación cinematográfica de Olivier Assayas, El mago del Kremlin (The Wizard of the Kremlin, 2025), basada en la aclamada novela de Giuliano da Empoli, resulta imprescindible. A través de la figura del asesor político Vadim Baranov (inspirado en Vladislav Surkov), la película expone la creación de la «posverdad»: la manipulación mediática, la fabricación de una oposición simulada y el espectáculo del poder como herramientas para someter a toda una nación.
Pero el poder autoritario no se sostiene solo desde las cúpulas; necesita infiltrarse en la vida cotidiana. Ahí es donde entra el revelador documental Mr. Nobody contra Putin (Mr. Nobody Against Putin, 2025), codirigido por David Borenstein y Pavel Talankin. Grabado secretamente desde el interior del sistema escolar ruso por un docente de provincia, la cinta registra cómo las aulas se han convertido en centros de adoctrinamiento militarista y patriótico para legitimar la invasión de Ucrania y garantizar la obediencia de las futuras generaciones.
El mapa del autoritarismo contemporáneo no estaría completo sin atender a las nuevas tecnologías y a los regímenes teocráticos.
En Asia, el documental Total Trust (2023), de Jialing Zhang, examina el modelo chino de vigilancia digital: un sistema donde los algoritmos, el reconocimiento facial y el crédito social permiten sofocar cualquier atisbo de disidencia antes de que germine. Es la constatación de que la tecnología, lejos de democratizar, puede convertirse en el instrumento perfecto para la represión política.
Frente a estas maquinarias de control, la respuesta ciudadana suele pagar un precio devastador. La película iraní La semilla de la higuera sagrada (The Seed of the Sacred Fig, 2024), de Mohammad Rasoulof, muestra las entrañas de la teocracia en Irán a través del choque generacional en el seno de una familia cuando las hijas de un juez de un tribunal revolucionario de Teherán se unen a las protestas del movimiento «Mujer, Vida, Libertad».
Entender lo que está pasando exige mirar más allá de los titulares del día a día. Estas películas y documentales no son mero entretenimiento; son advertencias. Nos recuerdan que la libertad y los derechos no son conquistas permanentes, sino equilibrios frágiles que se erosionan al ritmo de la desinformación, el miedo y la apatía ciudadana. Apagar las noticias por un momento y encender la pantalla del salón para ver estas películas puede ser, paradójicamente, el primer paso para despertar.




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