En política, el “pero” funciona bien como coartada.  Alguien ha señalado que todo lo que se diga antes de la palabra “pero,” queda invalidado. Se ha utilizado para justificar el machismo, el racismo o la xenofobia. En esta ocasión, el “pero” se aplica para justificar el fascismo. Eso es lo que parece, cuando PP y Ciudadanos acuden a esa conjunción en lo referente a la exhumación de Franco.

 El PP no se opone a que se lleve a cabo, pero sí a otro decreto. Es decir, se opone. Ciudadanos no se opone a la exhumación de Franco, pero solo si ésta forma parte de una solución global. Es decir, se excusa.

Desde la aprobación de Ley de Memoria Histórica se esgrimieron una y mil excusas para no cumplirla. Si no era el gasto, era el momento. Si no era la molestia a los vecinos, era la confusión que se creaba al cambiar de nombre de una calle.

En este punto, es bueno recordar una de las mejores películas que dio el cine español, “La lengua de las mariposas”. Don Gregorio, interpretado por un inconmensurable Fernando Fernán Gómez, representa la España agredida, la España que tenemos que defender ante el franquismo, que algunos se empeñan en olvidar o, peor aún, siguen reivindicando. “La lengua de las mariposas” muestra de forma descarnada un régimen genocida que hoy no puede tener cabida ni con símbolos, ni con reivindicaciones, ni con olvidos selectivos, en un país que se llama democrático.

Es una paradoja que justo esta semana se haya detenido en Estados Unidos a Jakiw Palij, de 95 años, un guardia de un campo de concentración nazi, extraditado ahora a Alemania. Allí nadie se plantea si se están reabriendo viejas heridas. Allí nadie habla de la “guerra del abuelo o las fosas de no sé quién”. En Alemania se actúa con responsabilidad y, según el ministro de Exteriores, Heiko Mass, “se está haciendo frente a las obligaciones morales, después de que en el nombre del país se cometieran las peores injusticias bajo el régimen nazi”.

Por otro lado, está la nueva posición de ERC, favorable a la exhumación, pero con la condición de que se anulen todas las sentencias franquistas.  Una intención loable la intención, pero difícil de llevarla a cabo.

El traslado de Franco no es el fin de la historia, y abordar la anulación de aquellas sentencias no será tarea fácil. Pidámosla, pero con Franco lejos de Cuelgamuros.

Juan Carlos Girauta, portavoz de Ciudadanos en el Congreso, declaró en una entrevista concedida a El Mundo, que con 15 años se hizo maoísta para divertirse y para ligar. Quizá ahora él y su partido coquetean con el fascismo para ligar con la ultraderecha que, por cierto, es la novia de Pablo Casado.