A Juan Manuel Moreno Bonilla no le gusta mancharse los zapatos en el barro. No es una metáfora exagerada ni un recurso literario: es una realidad política que se repite cada vez que Andalucía atraviesa una situación grave. Mientras decenas de viviendas quedaban inundadas en distintos municipios andaluces, mientras familias eran desalojadas de madrugada y el agua lo arrasaba todo, el presidente de la Junta de Andalucía se dejaba ver subido a una carroza, disfrazado de rey mago, completamente desconectado del drama que vivían miles de andaluces y andaluzas.

No es un hecho aislado ni una anécdota desafortunada. Tampoco un fallo puntual de agenda. Es un patrón que se repite cada vez que la comunidad afronta una catástrofe. Ya ocurrió este verano, cuando los incendios forestales arrasaron amplias zonas de Andalucía y el presidente tardó días en aparecer. Ahora, con las riadas provocadas por las últimas borrascas, el escenario vuelve a ser el mismo: emergencias, desalojos, daños millonarios, pérdidas humanas y un presidente ausente. Conviene tenerlo presente a la hora de evaluar su gestión.

Las inundaciones han golpeado con especial dureza a varios municipios andaluces, especialmente en la provincia de Málaga. Cártama ha vuelto a situarse en el epicentro del desastre. El río Guadalhorce se desbordó tras registrarse cerca de 400 litros por metro cuadrado en apenas unos días, obligando a desalojar a una veintena de vecinos que tuvieron que pasar la noche en un pabellón municipal. Entre ellos había personas mayores y vecinos con movilidad reducida, rescatados en condiciones extremas.

Pero Cártama no ha sido una excepción. Alhaurín el Grande fue otro de los municipios más afectados por las fuertes lluvias, donde el temporal dejó un balance trágico: dos personas perdieron la vida. Ni siquiera entonces Moreno Bonilla se acercó a su pueblo natal para solidarizarse con las víctimas y sus familias. El contraste resulta especialmente llamativo en un presidente que suele presumir públicamente de sus raíces y de su vinculación personal con este municipio, pero que estuvo ausente cuando su propia tierra sufrió una de las consecuencias más graves del temporal.

En Coín, por su parte, la fuerza del agua provocó el derrumbe de un puente, una imagen que muchos vecinos aseguran no haber visto en casi setenta años. En distintos puntos de Málaga, Cádiz y Huelva, agricultores han visto cómo el agua arrasaba cultivos enteros, dejando pérdidas devastadoras y poniendo en riesgo el futuro de numerosas explotaciones familiares.

Ante este escenario, la pregunta resulta inevitable: ¿dónde estaba Moreno Bonilla? No estuvo en Cártama. No estuvo en Alhaurín el Grande. No estuvo en Coín. No se le vio acompañando a las familias desalojadas ni visitando los municipios más afectados. No alteró su agenda ni consideró prioritario pisar el terreno. Prefirió mantener actos de partido, compromisos de autopromoción y su presencia en una cabalgata de Reyes mientras Andalucía se inundaba.

El contraste con otros responsables públicos es evidente. El alcalde socialista de Cártama, Jorge Gallardo, estuvo desde el primer momento al lado de sus vecinos. Literalmente, con los pies en el barro. Recorriendo las zonas afectadas, coordinando a los servicios de emergencia, escuchando a los damnificados y buscando soluciones inmediatas. Sin disfraces, sin propaganda y sin esconderse. Simplemente cumpliendo con su responsabilidad institucional.

A Moreno Bonilla no le gustan las fotografías con barro. Pero gobernar no consiste únicamente en inaugurar infraestructuras, pronunciar discursos o posar para la cámara. Gobernar es estar cuando llegan las desgracias, aunque resulte incómodo, aunque no sea rentable desde el punto de vista de la imagen y aunque obligue a asumir responsabilidades.

La vicesecretaria general del PSOE de Andalucía, María Márquez, ha sido clara al denunciar esta forma de actuar del presidente andaluz. Ha reclamado colaboración institucional y lealtad entre administraciones, pero también ha recordado que la Junta de Andalucía tiene competencias claras en materia de prevención, planificación y obras hidráulicas que no puede seguir eludiendo.

Márquez ha subrayado que la solución a los problemas de inundaciones pasa por que cada administración haga su trabajo. Y en el caso de la Junta de Andalucía, ese trabajo lleva siete años pendiente. Invertir en infraestructuras hidráulicas, mantener y limpiar los cauces, planificar con seriedad y anticiparse a episodios de lluvias intensas cada vez más frecuentes. Nada de eso se ha hecho con la intensidad necesaria.

Asimismo, ha anunciado que el PSOE solicitará la comparecencia del Gobierno andaluz en el Parlamento para que dé explicaciones sobre las consecuencias del temporal. “Queremos saber si Moreno Bonilla está dispuesto a bajar del escaparate y ponerse a trabajar por los problemas reales de los andaluces y andaluzas. No se puede seguir soportando tanta frivolidad y tanto abandono cuando la gente lo está perdiendo todo”, ha señalado.

El alcalde de Cártama ha explicado con detalle el problema estructural que sufre el municipio. Las inundaciones no son nuevas ni imprevisibles. Desde 1989 se conocen los riesgos asociados a la cuenca del Guadalhorce. Existen estudios técnicos, informes y diagnósticos claros. El problema no es la falta de información, sino la ausencia de decisiones políticas valientes y sostenidas en el tiempo.

En apenas un año, Cártama ha sufrido inundaciones de distinto origen: desde la cuenca alta de Álora, desde la sierra norte del Valle del Guadalhorce y desde el desbordamiento del Río Grande. Tres episodios distintos que ponen de manifiesto un problema crónico. El riesgo de que varios de estos factores coincidan en un mismo episodio es real. Y si eso ocurre, el impacto sería devastador.

Moreno Bonilla lleva siete años al frente de la Junta de Andalucía. Siete años en los que ha prometido soluciones, pero no ha impulsado las obras hidráulicas necesarias ni una planificación integral que reduzca el riesgo de inundaciones. Andalucía necesita inversiones reales, una estrategia a largo plazo y, sobre todo, diálogo con otras administraciones para construir soluciones duraderas y eficaces que afronten el problema de raíz.

La imagen de Moreno Bonilla subido a una carroza mientras familias eran desalojadas con alerta roja por lluvias torrenciales no es solo simbólica. Es profundamente reveladora. Habla de prioridades y de una forma de entender la política más centrada en la imagen que en la gestión.

Este verano, Andalucía ardió y el presidente tardó en aparecer. Ahora, Andalucía se inunda y el guion vuelve a repetirse: distancia, silencio y propaganda. Mientras tanto, la realidad golpea con fuerza a miles de familias.

El cambio climático intensifica estos episodios extremos y los hará cada vez más frecuentes. Andalucía necesita un presidente que baje al barro, que dé la cara y que gestione. No uno que llegue tarde o que directamente no llegue. Porque cuando el agua entra en las casas y el barro lo cubre todo, solo hay una pregunta que importa: ¿dónde estaba quien gobierna? Y, una vez más, la respuesta es la misma. Moreno Bonilla no estaba.

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