La llamada “vía andaluza”, de la que tanto habla Moreno Bonilla, choca de frente con la realidad que dibujan los datos oficiales. Tras cerca de ocho años de mandato del PP en Andalucía, la promesa de convergencia económica con el resto de España contrasta con una comunidad que se sitúa a la cola de la renta y entre las más castigadas por la pobreza.
Los últimos datos de la Agencia Tributaria sobre la renta bruta media de los declarantes del IRPF por código postal, correspondientes a 2024 y recogidos por La Voz del Sur, sitúan a Torreblanca, en Sevilla, como el barrio con menor renta media declarada de España, con apenas 11.560 euros anuales por declarante. Además, cuatro de los diez barrios con menores ingresos del país son andaluces. Una realidad que difícilmente encaja con el relato de éxito económico que vende Moreno Bonilla.
La clasificación de Hacienda deja al descubierto la profundidad de la brecha social. Mientras Torreblanca registra una renta bruta media de 11.560 euros, La Moraleja, en Madrid, alcanza los 235.556 euros: más de veinte veces la de Torreblanca. Otros barrios andaluces también figuran entre los de menor renta: Cortijos de Marín, en Roquetas de Mar, registra 17.632 euros; el Sector Sur-Polígono del Guadalquivir, en Córdoba, 19.711 euros, y Norte-Beiro, en Granada, 20.214 euros. La diferencia entre estos territorios evidencia una desigualdad económica de enormes dimensiones y pone en cuestión la capacidad del Gobierno andaluz para reducirla.
A ello se suma el Atlas de Distribución de Renta de los Hogares del INE, que sitúa cuatro de los cinco municipios españoles de más de 2.000 habitantes con menor renta neta media por persona en Andalucía: Iznalloz, El Palmar de Troya, Huesa y Albuñol. Los datos de organismos públicos distintos sitúan a Andalucía en el centro del mapa de la pobreza territorial y cuestionan la eficacia de las políticas aplicadas por Moreno Bonilla para combatirla.
El último informe sobre el Estado de la Pobreza en Andalucía, elaborado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN-A) a partir de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, sitúa en el 34,7 % a la población andaluza en riesgo de pobreza o exclusión social en 2025, frente al 25,7 % de la media española. Son nueve puntos porcentuales de diferencia que mantienen a Andalucía entre las comunidades más castigadas por este indicador. Casi tres millones de personas siguen expuestas a la pobreza o la exclusión social mientras el Gobierno de Moreno Bonilla proyecta una imagen de prosperidad que es falsa.
La tasa de pobreza relativa alcanza el 27,7%, frente al 19,5% nacional. Además, la carencia material y social severa afecta al 10,9% de la población andaluza, frente al 8,1% de la española. Mientras en España este indicador descendió entre 2024 y 2025, en Andalucía aumentó del 10,6% al 10,9%. Esta evolución pone de manifiesto que las políticas del Ejecutivo autonómico no están siendo suficientes para aliviar las dificultades económicas de los hogares más vulnerables.
Las rebajas fiscales impulsadas por Moreno Bonilla han beneficiado especialmente a las rentas y patrimonios más elevados, sin que Andalucía haya conseguido cerrar su brecha social con el resto del país. La promesa de que estas medidas generarían prosperidad para el conjunto de la población contrasta con unos indicadores que siguen situando a la comunidad entre las más desfavorecidas de España. Mientras la Junta presume de su política fiscal, miles de familias continúan sin ingresos suficientes para afrontar sus necesidades básicas.
El desglose geográfico del INE demuestra que la pobreza andaluza no es un fenómeno aislado. Almería, Jaén y Huelva figuran también entre las provincias españolas con menor renta neta media por habitante. La convergencia con el resto de España fue una de las promesas políticas de Moreno Bonilla, pero los resultados disponibles muestran que fue otro engaño más.
El modelo socioeconómico promovido por la Junta tampoco garantiza una distribución equilibrada de la riqueza. Un esquema productivo apoyado en el turismo de bajo valor añadido y una agroindustria intensiva, con importantes bolsas de precariedad laboral, no asegura que la riqueza generada se traduzca en mejores salarios y condiciones de vida. La gestión de Moreno Bonilla no ha conseguido impulsar suficientes oportunidades laborales y económicas en los territorios más castigados por la pobreza.
Los datos reflejan también las dificultades de la economía doméstica. Según EAPN Andalucía, un 12,8% de la población vivía en situación de pobreza severa en 2024. Además, el 55,1% de la población andaluza tiene algún grado de dificultad para llegar a fin de mes y el 11,3% lo hace con mucha dificultad, frente al 8,5% nacional. El 46,4% no puede afrontar gastos imprevistos y el 18,7% no puede mantener su vivienda a una temperatura adecuada. La pobreza no consiste únicamente en disponer de menos ingresos que la media, sino también en no poder vivir en condiciones dignas.
Tras ocho años de gobierno, el balance del Ejecutivo de Moreno Bonilla es muy negativo. Andalucía presenta una tasa de pobreza o exclusión social muy superior a la media nacional, una pobreza relativa nueve puntos por encima y algunos de los barrios con menor renta de España.
A ello se suma la pobreza infantil, que limita las oportunidades de numerosos niños y niñas, y el deterioro de servicios públicos esenciales. La saturación de la atención primaria y las listas de espera del Servicio Andaluz de Salud perjudican especialmente a las familias con rentas bajas, que no pueden contratar un seguro privado y dependen directamente de la sanidad pública.
Andalucía no necesita campañas publicitarias institucionales ni titulares diseñados para la autocomplacencia. Requiere un cambio de modelo productivo hacia sectores de mayor valor añadido, salarios dignos, mejores servicios públicos y una fiscalidad progresiva que contribuya a reducir las desigualdades. Tras casi ocho años de gobierno del PP, Moreno Bonilla debe responder por los resultados de sus propias políticas. La comunidad continúa a la cola de la renta, muy por encima de la media nacional en pobreza y con una carencia material severa que ha empeorado mientras mejoraba ligeramente en el conjunto de España.
La llamada “vía andaluza” puede seguir alimentando los discursos triunfalistas de la Junta, pero los datos dibujan otra realidad: barrios empobrecidos, familias con dificultades para llegar a fin de mes y una brecha social que Andalucía sigue sin cerrar. Moreno Bonilla no puede atribuirse los éxitos y eludir la responsabilidad sobre los fracasos. Gobernar no consiste en construir una imagen de prosperidad, sino en mejorar la vida de la mayoría. Y, después de ocho años, sus resultados frente a la pobreza siguen muy lejos de las promesas que hizo a los andaluces.
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