Opinión

Feijóo sabe que puede perder las elecciones: las señales de pánico que sacuden al PP

En España la derecha tiene en torno a un 50% de los votos; por tanto, cuanto más crezca Vox en votos, más votos estará perdiendo el PP

Feijóo y el PP no tienen garantizada la victoria en las elecciones. EP
Feijóo y el PP no tienen garantizada la victoria en las elecciones. EP

Hay nervios en el PP. Saben que algo no va bien y, aunque insisten en que todo está hecho, que esta vez sí van a gobernar, aunque cediendo ante Vox, la realidad es otra. Para sostener esa idea, toda la derecha mediática publica a diario encuestas que aseguran que todo está bajo control. Pero si fuese así, ¿por qué no tienen una estrategia definida y hasta Inda sale a corregirlos? ¿Por qué sus líderes se contradicen a diario? ¿Por qué a los hombres fuertes de Feijóo, como Tellado o Bendodo, los han quitado de en medio?

Ya no hablan de que gobierne la lista más votada. En las pasadas elecciones, ese era su lema. Repetían una y otra vez que debía gobernar la fuerza con mayor representación. Ya no lo dicen. ¿Por qué será? Pues porque tienen claro que Feijóo no será el que obtenga más votos.

Otra cuestión a analizar. Las encuestas, incluso las publicadas en medios de derechas, aseguran que Feijóo bajará en votos, incluso hablan de cinco puntos, que son muchos cientos de miles de votos. Si Feijóo baja, pero suma con Vox mayoría absoluta, es porque Vox tendría que subir mucho, tanto que podrían quedar casi igualados. ¿Y cómo piensa el gallego gobernar España con un Abascal desatado?

¿Y por qué Feijóo baja? Es normal que estando en el Gobierno un partido y un líder se quemen: por problemas sin poder resolver, compromisos que no se han podido cumplir totalmente, sectores que no han visto cubiertas sus expectativas. ¿Pero quemarse en oposición? Esto es lo nunca visto. Es un síntoma evidente de que Feijóo “no tira”.

Feijóo no tira y en el PP lo saben. La derecha “odia” a Sánchez, pero una cosa es ese odio visceral que destilan y que ha provocado una división social alentada por PP y Vox a diario, y otra cosa es que Feijóo ilusione.  Feijóo no ilusiona y en el PP lo saben. El miedo es que, en lugar de votar a la copia, vayan a votar al original, que es Abascal, quien de verdad está marcando desde hace meses el ritmo al PP.

Iván Redondo lo explica muy bien. En España la derecha tiene en torno a un 50% de los votos; por tanto, cuanto más crezca Vox en votos, más votos estará perdiendo el PP. Si las encuestas de los medios de derechas le están dando un 20% de los votos a la extrema derecha es porque el PP está en torno al 27-28%. No obtendría más. Lo que algún tertuliano muy de derechas dice de que puede alcanzar el 33% no se lo cree nadie. Ni siquiera el propio Feijóo.

El Periódico ha hecho otra encuesta con datos significativos: Vox sería primera fuerza política en Canarias y segunda en Andalucía, tras el PSOE. Sería tercera en Cataluña, tras PSOE y ERC. Con estos datos, y siendo el PP en Andalucía tercera fuerza política sin apenas representación ni en Cataluña ni en el País Vasco, difícilmente podrá gobernar en España.

Los datos del último CIS son demoledores. Aunque las críticas de la derecha son brutales contra Tezanos, la realidad es que sus encuestas son siempre las que más se aproximan al resultado final. Si el PSOE está casi 12 puntos por encima del PP, es posible que ya haya más de uno en el PP que le esté preparando la maleta a Feijóo.

Y lo peor de todo es que Feijóo ha pasado los años sin explicar qué España quiere. Solo habla de que quiere echar a Sánchez, a cualquier precio, pero ¿para hacer qué? Eso no lo dice, se lo guarda, y lo que trasluce es terrible.

Hablar de revisar el futuro de las pensiones en nuestro país, es jugar con el futuro de millones de personas. Ya sabemos que el PP ha votado siempre en contra de revalorizar las pensiones según el IPC, pero otra cosa es poner en riesgo su continuidad, y aquí se han equivocado de todas todas. Hasta la derecha más recalcitrante por boca de Inda ha llegado a decir “Que se callen con las pensiones en el PP. Que hablen el día 30 de noviembre, el 1 de diciembre, el 10 de enero cuando ya estén formando Gobierno, pero antes, por favor, que estén callados”. Toda la derecha sabe que van a dar “un tajo” a las pensiones, pero no quieren que los ciudadanos lo conozcan antes de las elecciones.

No solo eso: también han cuestionado las bajas médicas de los trabajadores, es cierto que los de la CEOE están encantados, pero hay más votos de los trabajadores que de los empresarios. Y con el pan de la gente no se juega. Y con las enfermedades de los trabajadores, tampoco.

Los funcionarios están muy preocupados -y con razón-, porque tenían garantizada una subida importante de sus sueldos para 2027 fruto del acuerdo entre el Gobierno de Sánchez y los sindicatos y ahora un Gobierno PP-Vox se la cargaría. Y con el dinero de la gente no se juega.

Luego está la vivienda, donde el debate no debería centrarse en cuestionar el derecho de nadie a tener un hogar, sino en señalar a quienes convierten ese derecho en un negocio: los fondos buitre, la especulación inmobiliaria y los pelotazos urbanísticos que PP y Vox favorecen con sus políticas. Reírse de los acampados en Sol, como hizo Ayuso estos días, es frivolizar con un problema que afecta a millones de personas. Porque detrás de cada reivindicación hay gente que no llega a fin de mes, que ve cómo el alquiler se come su sueldo y que reclama soluciones frente a un mercado cada vez más inaccesible.

Otro factor que el PP y Vox no deben subestimar es el voto de las mujeres. Cuando la ultraderecha que aspira a ser socia de gobierno de Feijóo cuestiona avances en igualdad, alimenta discursos contra el feminismo o promueve políticas que pueden poner en riesgo derechos conquistados durante décadas, no debería dar por hecho que las mujeres van a permanecer indiferentes ni que van a votarles en masa.

Por último, la movilización de los estudiantes universitarios en Madrid es un elemento que hay que tener en cuenta, ya hemos visto lo que está ocurriendo en la vecina Francia. Si los jóvenes se movilizan para defender la igualdad de oportunidades y la educación pública, “los pijos de banderita dominguera” tienen poco que hacer.

Ya sabemos que la unidad de la izquierda será un elemento fundamental y que, si se unen todos, eso sería clave para volver a tener un gobierno progresista. Es cierto que queda mucha campaña, pero hay algo que está claro: hay un presidente, Pedro Sánchez, que va a por todas, mientras que el aspirante, se puede quedar en el camino, porque España le viene grande. Le puede ocurrir lo mismo que en 2023: que gane las encuestas, pero pierda el Gobierno.

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