España vuelve a hacer lo que durante años parecía imposible: batir récords históricos de empleo mientras la derecha política se empeña en mirar hacia otro lado. Más de 22,5 millones de afiliados a la Seguridad Social, 642.562 nuevos afiliados en el último año y casi 2,5 millones más desde la nueva reforma laboral. Y España no solo genera puestos de trabajo, sino que aporta más de la mitad del empleo creado en la Unión Europea.

A este ritmo, hasta Abascal va a tener que trabajar. Y no es ironía: las cifras de empleo están dejando sin argumentos a quienes llevan años anunciando el desastre económico de España. Bajo el liderazgo de Pedro Sánchez, la contratación indefinida se ha convertido en la norma, la temporalidad se ha reducido de forma histórica y la creación de empleo mantiene un ritmo que hace tiempo dejó atrás los pronósticos más pesimistas de la derecha. No lo dice el Gobierno. Lo dicen los datos.

¿Y qué dicen los datos? Dicen que en España hay 22.508.065 afiliados a la Seguridad Social en julio de 2026. Nunca se había alcanzado semejante nivel. Y el crecimiento interanual de la afiliación roza el 3%. Es el ritmo de creación de empleo más alto desde abril de 2023.

Y hay otro dato todavía más significativo. España encadena ya 66 meses consecutivos de crecimiento laboral. La reforma laboral aprobada por el Gobierno de Pedro Sánchez en 2021 está en el centro de esa transformación. Desde diciembre de 2021, antes de su entrada en vigor, se han creado alrededor de 2,5 millones de empleos en términos de afiliación. Y, al mismo tiempo, la temporalidad ha pasado del 31,5% en junio de 2018 al 12,3%. Es decir, no solo hay más empleo: hay mucho menos empleo temporal.

Esto último es especialmente importante porque durante décadas España convivió con algo que parecía imposible de corregir. La contratación temporal se convirtió en una especie de puerta de entrada permanente al mercado de trabajo. Jóvenes encadenando contratos, trabajadores saltando de empresa en empresa y familias viviendo con la incertidumbre de no saber qué ocurriría al mes siguiente.

La reforma laboral cambió las reglas. Y la derecha dijo que sería un desastre. El Partido Popular y Vox pronosticaron destrucción de empleo, cierre de empresas y más paro. Abascal llegó a afirmar en mayo de 2022 que la reforma laboral ya había destruido 100.000 empleos y que los españoles estaban yendo al paro mientras el Gobierno presumía de sus políticas. Han pasado cuatro años. Y el mercado laboral español no solo no se ha hundido. Está en máximos históricos. Abascal mintió.

Hay resultados que son difíciles de combatir con un tuit. España aportó el 54,5% del empleo creado en la Unión Europea durante el primer trimestre de 2026. Desde 2018, el número de trabajadores ha aumentado un 13,8% en España, frente al 6,6% de Francia, el 4,7% de Italia y el 2,1% de Alemania. La media de la Unión Europea se situó en el 5,2%. España, por tanto, no está simplemente creando empleo. Está haciéndolo a un ritmo que sobresale claramente entre las grandes economías europeas.

Y esto nos lleva directamente a Mariano Rajoy. En 2015, cuando España tenía alrededor de 16,8 millones de ocupados, el entonces presidente del Gobierno fijó la cifra de 20 millones de empleos como una meta nacional prácticamente inalcanzable. El Gobierno de Pedro Sánchez ha rebasado ampliamente aquel umbral, alcanzando los 22,5 millones de afiliados.

Ni Feijóo ni Abascal parecen especialmente interesados en hablar de salarios, pensiones, cotizaciones o récords de empleo, porque cada ciudadano que consigue un trabajo estable hace un poco más difícil sostener el discurso permanente de la catástrofe.

Mientras la derecha se atrinchera en la crispación y la política del enfrentamiento, la creación de empleo genera ingresos para las familias, fortalece el consumo, sostiene las pensiones y aporta recursos para financiar los servicios públicos. No es una cuestión ideológica. Es la consecuencia directa de que haya más personas trabajando y cotizando.

Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez presenta resultados, la derecha presenta ruido. Feijóo y Abascal siguen buscando nuevos motivos para enfrentar a los españoles, pero continúan sin explicar qué harían ellos para mejorar unas cifras que hoy sitúan a España entre los países que más empleo crean en Europa.

Lo difícil es aprobar una reforma laboral que cambie décadas de precariedad. Lo difícil es conseguir que millones de trabajadores tengan un contrato estable. Lo difícil es proteger el empleo durante una crisis, aumentar las cotizaciones y conseguir que España se convierta en uno de los motores de creación de empleo de Europa. Eso es lo que ha hecho el Gobierno de Pedro Sánchez.

Y lo ha hecho mientras la derecha anunciaba poco menos que el hundimiento de España. Cada vez que el Gobierno aprobaba una medida, PP y Vox pronosticaban el desastre. Cuando llegaba un dato positivo, buscaban una explicación para restarle importancia. Y cuando las cifras desmontaban sus pronósticos, preferían mirar hacia otro lado.

Pero los resultados permanecen.

Más de 22,5 millones de afiliados. Muchísima menos temporalidad. España liderando la creación de empleo en Europa. Y una reforma laboral que ha demostrado que era posible hacer algo que durante décadas parecía imposible: crear empleo y, al mismo tiempo, reducir la precariedad.

Frente a eso, ¿qué propone la derecha? Más confrontación. Más miedo. Más odio. Pero ninguna alternativa capaz de superar los resultados que está consiguiendo España.

Y quizá esa sea la razón por la que la derecha prefiere hablar de cualquier cosa menos de empleo. Porque hablar de empleo obliga a hablar de gestión. Y hablar de gestión obliga a comparar.

Mientras unos hacen política con el ruido, otros la hacen con resultados. Mientras unos alimentan el enfrentamiento, otros crean oportunidades. Y ahí está la verdadera diferencia.

Pedro Sánchez puede tener errores y puede ser sometido a todas las críticas que correspondan. Pero frente a quienes llevan años anunciando el desastre, su Gobierno puede presentar algo mucho más difícil de rebatir que cualquier discurso: millones de nuevos empleos, menos precariedad y una España que vuelve a batir récords.

Los datos no gritan. No insultan. No generan odio.

Pero cuando son tan contundentes, hablan por sí solos.

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