Mientras los despachos de San Telmo huelen a mercadeo político y Juan Manuel Moreno Bonilla se sienta a la mesa con Vox para amarrar su sillón, la realidad exterior de Andalucía ruge con una crudeza insoportable. No es una crisis coyuntural ni un bache administrativo; es el hundimiento estructural de la joya de la corona de la autonomía andaluza. La sanidad pública se desangra cada día un poco más ante la absoluta indolencia de un presidente de la Junta cuya única y verdadera prioridad es conservar el poder, cueste lo que cueste y caiga quien caiga en las listas de espera.
La propaganda oficial del PP, construida a base de sonrisas ensayadas y millones de euros en publicidad institucional, se ha topado de frente con un muro de negligencia política, desmantelamiento programado y desesperación ciudadana. Lo que los andaluces padecen a diario no son incidencias aisladas ni simples errores humanos; son los síntomas inequívocos de una estrategia de demolición controlada del sistema público en beneficio de intereses privados. Mientras el presidente andaluz ejecuta su calculado teatrillo con la extrema derecha para garantizar su supervivencia política, la salud de los andaluces cotiza a la baja.
El último y espeluznante capítulo de esta gestión negligente ha estallado en Málaga. Tras el caos mayúsculo vivido hace meses con los cribados de cáncer de mama, el Servicio Andaluz de Salud (SAS) ha vuelto a fallar donde un error cuesta vidas. Alrededor de 400 pacientes de la provincia se han visto atrapados en una pesadilla psicológica tras recibir falsos positivos en las pruebas de cribado de cáncer de colon debido a una incidencia técnica en los test de sangre oculta en heces.
La asociación El Defensor del Paciente ya ha elevado una denuncia formal ante la Fiscalía para que investigue un error que han calificado de gravísimo. Exigen saber cuántas personas reales están afectadas, qué protocolos fallaron y dónde están las auditorías internas. Es inadmisible y cruel causar tal nivel de miedo, ansiedad y angustia familiar por pura incompetencia de la Junta de Moreno Bonilla. Para colmo de males, el descontrol es tal que una usuaria ha denunciado la recepción de documentación confidencial con datos personales de otro paciente, vulnerando los derechos más elementales de privacidad.
La deshumanización del sistema tiene nombres y apellidos. En Marbella, una mujer de 68 años con un tumor de vejiga fue ingresada, preparada para entrar a quirófano y, en el último minuto, enviada de vuelta a casa de manera indefinida. ¿La justificación del Hospital Costa del Sol? Falta de tiempo quirúrgico. Era la cuarta operación de esta paciente oncológica, abocada a un limbo médico insoportable porque el SAS es incapaz de gestionar el tiempo de sus cirujanos. La inactividad de la Junta mantiene a los pacientes en un escenario de desamparo e incertidumbre que perpetúa sus síntomas y eleva el riesgo de agravamiento.
El delirio burocrático alcanza cotas surrealistas en la provincia de Cádiz. FACUA ha tenido que elevar una queja formal ante el Defensor del Pueblo Andaluz tras constatar que una paciente lleva más de cuatro años esperando una cita en el Hospital Puerta del Mar. Cuatro años de silencio administrativo, ignorando reclamaciones consecutivas ante el Servicio de Atención a la Ciudadanía, ante la gerencia del hospital y ante la Dirección General de Asistencia del SAS. Una desatención sistemática que deja a la ciudadanía en el más absoluto desamparo.
El deterioro es tan flagrante que la Junta ya no puede amordazar a sus propios profesionales. La dimisión irrevocable del jefe del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Regional Universitario de Málaga ha supuesto un terremoto médico. Este facultativo, referente nacional en cirugía ginecológica mínimamente invasiva, ha dejado el cargo tras casi nueve años alegando de forma asertiva la asfixiante falta de recursos económicos públicos. Si los mejores cirujanos abandonan el barco por inanición presupuestaria, ¿en manos de quién queda la salud andaluza?
Precisamente en ese mismo hospital malagueño, las mujeres que padecen endometriosis severa están denunciando esperas superiores al año para ser operadas. Hablamos de una enfermedad crónica, dolorosa e invalidante. Un año de espera bajo la gestión de Moreno Bonilla equivale a un año de dolor ininterrumpido, de ingesta masiva de fármacos y de avance de la patología. El Gobierno de Moreno Bonilla está haciendo pagar a las mujeres, de manera directa, el precio de sus recortes ideológicos.
La marea de indignación no se detiene en las capitales. El sindicato CCOO ha encendido todas las alarmas en el norte de Granada al denunciar un colapso sanitario total en el Área Sanitaria de Baza. Los representantes de los trabajadores describen un panorama desolador marcado por la crítica falta de profesionales médicos y de enfermería, una sobrecarga laboral extrema que roza el agotamiento físico de las plantillas, la imposibilidad estructural para cubrir bajas o vacaciones y un deterioro progresivo de la atención en los municipios rurales.
No es de extrañar que casi la mitad de los andaluces afirme con rotundidad en las encuestas que la sanidad pública está hoy muchísimo peor que hace unos años. Andalucía ostenta el dudoso honor de ser la comunidad autónoma que menos invierte por habitante en sanidad de todo el Estado español. Los datos empíricos pulverizan la propaganda de San Telmo. Menos inversión se traduce, de forma matemática, en listas de espera infinitas, éxodo de profesionales hacia otras regiones y el debilitamiento programado de la atención primaria.
El deterioro intencionado de lo público no puede seguir siendo la coartada perfecta del Partido Popular para desviar millones de euros hacia la concertación con clínicas privadas. El camino es el inverso. Tal y como defiende María Jesús Montero, líder del PSOE en Andalucía, la solución pasa de forma inapelable por inyectar 3.000 millones de euros extraordinarios al año. Solo equiparando la inversión andaluza a la media nacional se podrá taponar la herida, recuperar a los profesionales fugados y blindar una sanidad pública, gratuita y de calidad que garantice la equidad.
Sin embargo, los ojos de Moreno Bonilla no miran a los hospitales, sino a los escaños. Conviene no llamarse a engaño con el vodevil político de estos días: todo lo que presenciamos entre el PP y Vox es un burdo teatrillo de cara a la galería. No olvidemos que el pionero en meter a la ultraderecha en las instituciones de nuestro país fue el propio Moreno Bonilla en 2018.
Hoy, Moreno Bonilla está plenamente dispuesto a entregar de nuevo las llaves y el futuro de Andalucía a la extrema derecha con tal de atornillarse a su sillón presidencial. Ni al PP ni a Vox les ha importado nunca el fortalecimiento de los servicios públicos. Trágicamente, esta es la hoja de ruta que muchos andaluces respaldaron en las urnas; ciudadanos que hoy, atrapados en la cola de un hospital colapsado o esperando el resultado de un cribado defectuoso, se acordarán con dolor y amargura de su voto. Las papeletas ya entraron en las urnas y el poder ya está repartido, pero para miles de familias el daño ya es irreparable.
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