Este verano ha dado mucho juego el Informe Anual sobre Noticias Digitales que elabora el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo, adscrito a la Universidad de Oxford, que pueden ustedes leer completo en este enlace. Por supuesto, la Inteligencia Artificial y su brutal impacto en los medios informativos se lleva la palma de sus 168 páginas, así como la preocupación porque el 66% de los usuarios usen exclusivamente el formato vídeo para informarse; y, además, no desde la web de cada medio, si no directamente de las redes sociales. Todos estos datos han llevado a numerosos análisis, más o menos acertados, sobre el futuro de los medios y su impacto social, habida cuenta de que ya tenemos en España la experiencia de que no hace falta salir en ninguna televisión ni aparecer en ningún periódico para sacar 3 diputados en las Elecciones Europeas.
A mí me preocupa más otro aspecto importante del Informe relacionado con los usuarios y no con los medios informativos; cuyos responsables, con demasiada frecuencia, se rascan sus heridas de forma endogámica sin molestarse en mirar por la ventana. Nos dice el Instituto Reuters que se ha registrado un aumento en la evasión selectiva de noticias. Un 39% de los usuarios señala que, con frecuencia, las evitan, especialmente en Brasil, España, Alemania y Finlandia. En resumen, los usuarios se sienten agobiados por la ráfaga continua de una actualidad que les produce angustia y no les aporta claves útiles.
Poca broma con este tema. Es legítimo que cualquier persona decida apagar la radio informativa o cambiar a una cadena musical cuando va al trabajo en su coche. Esto ocurre porque el ciudadano siente que la realidad nos demuestra que poco, o muy poco, se puede hacer para cambiarla y, lo que es peor, la mayor parte de la clase política y los medios que la sostienen se empeñan en tratarnos como menores de edad, sin criterio, esforzándose en decirnos cómo tenemos que pensar ante cada situación, descalificando hasta el absoluto al rival. Tal paroxismo polariza al máximo a una sociedad que se siente vencida por la incapacidad para entender acontecimientos del presente como, por ejemplo, la invasión de Ucrania, que se vive con una combinación de miedo y reproducción de clichés, de tal suerte que Putin se convierte en el nuevo Hitler y listo.
Hay varios ejemplos de esta sinrazón informativa a la que se agarran numerosos medios, ya sea por subir audiencia y, en consecuencia, aumentar sus ingresos publicitarios; o, en la mayor parte de los casos, con el objetivo de horadar la confianza en la Presidencia del Gobierno, ocupada por un rojo filocomunista y separatista que se empeña en ganar las elecciones con suficiente mayoría, lo que resulta intolerable para una derecha acostumbrada a que gobiernen y manden los suyos. En qué estarán pensando los ciudadanos…
Empecemos por la crisis de Venezuela y el asilo concedido a Edmundo González; la noticia no es el sufrimiento de los venezolanos y la dictadura de Maduro, es que el PP considera que el Gobierno le ha hecho un favor a quien no debe, mientras que la ultraderecha eleva la condena a la traición. Les importa muy poco el futuro de aquel país. Seguimos con la crisis de los migrantes que llegan a distintos puntos de nuestras costas, lo que al PP le parece un grave error de Sánchez, al que condenan, de inmediato, al cadalso informativo. Les importa poco el futuro de esas personas, que huyen de la miseria y la muerte. También es llamativa la generosidad con la que los dirigentes regionales del PP exigen con la máxima dureza más fondos cuando no los tienen que poner ellos. Y así en cada asunto de Estado, en cada conflicto al que nuestro país tiene que enfrentarse.
¿Nos extraña entonces que los ciudadanos dimitan de las noticias y prefieran la música, los podcast, el deporte y todo lo que no signifique angustia? ¿A dónde nos lleva esto?
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