La transformación tecnológica que domina el mercado de vehículos nuevos todavía tiene un reflejo muy limitado en los coches que realmente circulan por las carreteras españolas. Nueve de cada diez vehículos del parque siguen siendo diésel o gasolina, según los datos presentados por Solera durante el último congreso Posventa Iberia. El análisis "La nostalgia y la posventa" dibuja un parque compuesto en un 56% por vehículos diésel y en un 34% por gasolina. Los híbridos representan alrededor del 9%, mientras que los eléctricos apenas alcanzan el 1%.
Trasladar cambios a un parque de 30 millones, requiere muchos años
Esta fotografía contrasta con la evolución mucho más rápida que está experimentando el mercado de vehículos nuevos, donde la entrada de nuevas tecnologías, la ampliación de la oferta electrificada y la llegada de nuevos fabricantes modifican las matriculaciones en cuestión de meses. Sin embargo, trasladar esos cambios a un parque de más de 30 millones de vehículos requiere muchos años, lo que genera una convivencia prolongada entre dos realidades muy distintas.
Los vehículos de más de 15 años, suponen el 47% del total
La diferencia tiene una consecuencia directa sobre la posventa. Aunque el vehículo nuevo determina hacia dónde se dirige tecnológicamente el mercado, el trabajo diario de talleres y concesionarios depende principalmente del parque existente. Y ese parque no solo mantiene un enorme peso de los motores de combustión, sino que continúa envejeciendo. Según los datos presentados por Solera en Posventa Iberia 2026, organizado por Cesvimap, los vehículos de más de 15 años han pasado de representar el 26% del parque en 2016 al 47% en 2026.
España supera ya los 30 millones de turismos, todoterrenos y vehículos comerciales ligeros y medios y, según el análisis de Solera, cada año incorpora alrededor de 300.000 vehículos netos al parque porque las bajas no compensan completamente las nuevas incorporaciones. El resultado es una convivencia prolongada entre vehículos nuevos cada vez más electrificados, conectados y digitalizados, y millones de automóviles de combustión que seguirán necesitando mantenimiento, reparación y recambios durante buena parte de la próxima década.
Los más viejos, se reparan lo mínimo
El envejecimiento añade otra variable a esa convivencia. Solera advierte de que los vehículos más antiguos no necesariamente generan más negocio para la posventa por el mero hecho de acumular años. José Luis Gata, Business Development Manager de Solera, señaló durante su intervención que los vehículos de más de 15 años "se reparan lo mínimo", presentan menor rentabilidad para la posventa y suelen contar con coberturas de seguro más básicas. La relación entre antigüedad y actividad de taller es, por tanto, menos automática de lo que podría parecer.
Un parque envejecido necesita más mantenimiento potencial, pero una parte de sus propietarios tiende a limitar las intervenciones al mínimo necesario para conservar el vehículo operativo. Ahí aparece uno de los retos para la distribución: mantener la vinculación con el cliente a medida que envejece su automóvil y adaptar la oferta de posventa a vehículos cuyo valor residual y necesidades son muy distintos de los de un coche nuevo.
Las marcas chinas representan el 0,7% del total
El mismo contraste aparece al observar la procedencia de los vehículos. Mientras las nuevas marcas asiáticas están aumentando rápidamente su presencia en las matriculaciones, Solera estima que las marcas chinas todavía representan únicamente el 0,7% del parque español, frente a aproximadamente un 80% correspondiente a marcas europeas. La cifra ayuda a dimensionar el desfase entre ventas y parque. Una modificación relevante de las cuotas de mercado puede hacerse visible rápidamente en los concesionarios, pero necesita años de matriculaciones sostenidas para alterar de manera significativa los vehículos que circulan y, por extensión, los que llegan a la posventa.
La realidad de las carreteras españolas, sigue dominada por la combustión
Para los concesionarios, esta doble velocidad obliga a trabajar simultáneamente en dos horizontes. El primero exige prepararse para un automóvil más electrificado, conectado y tecnológicamente complejo. El segundo obliga a seguir atendiendo durante años a un parque fundamentalmente de combustión y cada vez más envejecido. La transición del automóvil español no se juega, por tanto, únicamente en qué vehículos se matriculan cada mes. Su velocidad real dependerá también de la rapidez con la que los vehículos nuevos sean capaces de sustituir a los millones de coches que ya están en circulación. Mientras tanto, la realidad de las carreteras españolas seguirá dominada por los motores de combustión, y esa brecha entre el discurso de la electrificación y la práctica diaria de los talleres marcará la agenda del sector durante los próximos años.
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