La distancia social es una de las palabras de moda este 2020, una práctica muy nueva para los humanos. Pero no para los animales. En la vida silvestre, desde los pájaros hasta los simios, se han seguido estrategias similares para evitar enfermedades infecciosas, según un artículo publicado en Proceedings of the Royal Society B al que se puede acceder aquí: https://royalsocietypublishing.org/doi/10.1098/rspb.2020.1039# d1e1096.
La publicación explica que cuando Andrea Townsend, profesora asociada de biología del Hamilton College, comenzó a estudiar el comportamiento social de los cuervos estadounidenses, su trabajo se complicó con el virus del Nilo Occidental, una enfermedad emergente con efectos devastadores en las poblaciones de esta clase de aves. Su investigación se centró en detectar los efectos de las enfermedades en el comportamiento social de los cuervos. Junto con el psicólogo evolutivo Keelah Williams (Hamilton College) y los ecologistas Dana Hawley (Virginia Tech) y Jessica Stephenson (Universidad de Pittsburgh), la investigadora revisó estudios de especies que van desde ranas y lobos hasta langostas y murciélagos, para examinar sus respuestas a enfermedades.
El equipo detectó que algunas especies sociales parecen volverse menos sociales después de la aparición de nuevas enfermedades. Pero otras no, y las respuestas dependen de la importancia de estas interacciones sociales para cada especie, y de las formas como se transmiten las enfermedades.
Las enfermedades infecciosas representan un desafío especialmente para las especies sociales, porque sus síntomas específicos pueden resultar desconocidos. Sin embargo, explican los investigadores, muchos animales usan señales generales que podrían ser típicas de cualquier enfermedad, como letargo o apariencia inusual, lo que les permite responder rápidamente a nuevos patógenos. En todas las especies, señalan, la presión de las enfermedades infecciosas puede aumentar la diferencia entre los grupos sociales (es decir, la conciencia entre grupos externos y internos); en los humanos, puede conducir a la xenofobia y la aversión a "otros extranjeros".
El estudio apunta también a que, en todas las especies, reducir la sociabilidad tiene costes. El aislamiento social en los seres humanos podría reducir el riesgo de COVID-19, por ejemplo, pero la soledad humana se ha relacionado con un riesgo elevado de enfermedades no infecciosas. Los gorilas solitarios pueden tener menos probabilidades de contraer el ébola, pero pueden experimentar un mayor riesgo de depredación e infanticidio. Los demonios de Tasmania menos agresivos pueden tener menos probabilidades de contraer cáncer transmisible de otros demonios, pero pueden perder oportunidades de apareamiento. Por lo tanto, es posible que cambiar las interacciones sociales no sea una respuesta sostenible a largo plazo a las enfermedades infecciosas en todas las especies.
¿Ayuda la tecnología a la hora de afrontar el distanciamiento social? La evidencia es mixta, según los investigadores. Las redes sociales, por ejemplo, pueden aumentar la soledad al hacer que los observadores se sientan "menos felices" en comparación, exacerbando el aislamiento social percibido. Sin embargo, en contraste, las plataformas de comunicación virtual sincrónica podrían mantener o incluso mejorar algunos de los beneficios de la sociabilidad para los humanos, protegiéndonos, hasta cierto punto, de los efectos negativos para la salud del aislamiento percibido y dándonos una ventaja única sobre otros animales durante los períodos de distanciamiento social.