La muerte de Wolfgang Amadeus Mozart dejó una de las obras más famosas de la música clásica, el Réquiem, inconclusa. En torno a esta circunstancia histórica gira Lacrimosa, un juego de mesa de estrategia diseñado por Gerard Ascensi y Ferran Renalias que propone a los jugadores ponerse en la piel de los mecenas del compositor.
Publicado por Devir, se trata de una propuesta que va más allá de utilizar la música clásica como simple decoración: la biografía del compositor se convierte en el eje sobre el que se construyen las mecánicas de la partida.
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Cinco rondas para cambiar la historia
Una partida de Lacrimosa se desarrolla a lo largo de cinco rondas, cada una asociada a diferentes momentos de la vida artística y personal de Mozart.
Cada ronda está formada por cuatro turnos y una fase de mantenimiento. Durante sus turnos, los jugadores deben decidir qué hacer con las cartas y recursos disponibles.
Hay cinco acciones principales entre las que elegir:
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Encargar una composición.
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Documentar recuerdos.
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Representar o vender una obra musical.
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Viajar por Europa.
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Contribuir a la composición del Réquiem.
La variedad de acciones hace que no exista un único camino para conseguir puntos. Un jugador puede apostar por los viajes y los objetivos secundarios, mientras otro puede centrarse en las composiciones o intentar controlar diferentes movimientos del Réquiem.
Esta libertad es precisamente uno de los principales atractivos del título: cada partida permite explorar estrategias diferentes y adaptar las decisiones a las oportunidades que aparecen durante el juego.
Una experiencia que combina historia y estrategia
Lacrimosa destaca especialmente por la manera en que integra su temática en las mecánicas. Los viajes, las obras, los recuerdos, las finanzas y la finalización del Réquiem no funcionan como elementos independientes, sino que forman parte de un mismo sistema.
El apartado artístico también contribuye a crear esa ambientación. El juego cuenta con ilustraciones de Jared Blando y Enrique Corominas, que acompañan una producción orientada a representar el contexto histórico en el que vivió Mozart.
Por ello, más que un juego musical, Lacrimosa puede entenderse como un juego biográfico en el que la trayectoria del compositor sirve como escenario para una competición estratégica.
Lacrimosa también se puede jugar en solitario
La propuesta de Devir incluye además un modo para un jugador basado en la figura de Emanuel Schikaneder, amigo de Mozart y colaborador en La Flauta Mágica.
En esta modalidad, el jugador se enfrenta directamente a Schikaneder, que parte con cierta ventaja después de haber donado a Constanze los ingresos obtenidos con la representación de la famosa ópera.
El reto consiste en superar a este rival y demostrar que el jugador puede convertirse en el mecenas que más contribuyó a preservar el legado de Mozart.
Un juego para convertirse en el gran mecenas de Mozart
Lacrimosa plantea una pregunta sencilla: ¿qué harías si tuvieras la oportunidad de influir en los últimos capítulos de la vida artística de Mozart?
La respuesta pasa por viajar, invertir, recuperar recuerdos, gestionar obras y contribuir a completar el Réquiem. La combinación de estas posibilidades convierte cada partida en una competición por construir el legado de uno de los compositores más importantes de la historia.
Al final, solo un jugador podrá reclamar el reconocimiento como el mecenas más importante de Mozart. Y para conseguirlo no bastará con tener dinero: habrá que saber cuándo viajar, qué recuerdos conservar, qué obras adquirir y, sobre todo, cómo conseguir que las notas del Réquiem lleguen hasta el final.
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