Hay una frase muy ligada a la televisión que se ha hecho muy popular en las últimas décadas: el verano no comienza hasta que no lo hace El Grand Prix del Verano. Varias semanas después del equinocio (21 de junio), La 1 de TVE ya lo tiene todo listo para estrenar este lunes 13 de julio la nueva edición del mítico programa presentado por Ramón García junto a Lalachus, Gorka Rodríguez y Wilbur, que volverá a juntar a los abuelos y a los niños en torno a los televisores en estas fechas estivales.
Polinyà (Barcelona) y Cantalejo (Segovia) protagonizarán el primer duelo de esta temporada marcada por el regreso de La Cucuña a un formato que ha marcado la trayectoria profesional de un Ramón García, que sigue emocionándose al hablar de él, además de mostrar la vitalidad que le hace sentir trabajar en la televisión, su profesión. Extratele habla con el presentador sobre el regreso de El Grand Prix del Verano a La 1 de TVE, entre otros muchos asuntos como las lecciones que Raffaella Carrá le enseñó.
Pregunta (P): Hace unos días, fuimos a Yepes para cubrir la rueda de prensa de esta temporada del Grand Prix del Verano, y ahí nos dimos cuenta de una cosa. Por mucho que pasen los años y cambie todo, hay una cosa que no cambia: la ilusión de los niños cuando te ven.
Respuesta (R): Aquí se han juntado las dos partes, los niños y los abuelos. Tengo una gran suerte en eso: ser un presentador que llega a todas las generaciones. Ya no hay eso, solo de un segmento de gente. Que los niños pequeños te llamen Ramontxu, y que Ramón me lo digan abuelas de noventa y tantos años. Es decir, es llegar a todo el abanico de edades, ¿no? También es una carrera larga.
(P): El Grand Prix ha tenido muchos presentadores, pero tú has sido como la figura de referencia del programa. ¿Cómo se lleva eso de mantenerse ante los cambios de compañeros?
(R): Hombre, el Grand Prix es un hijo mío. Ten en cuenta que, aparte de presentar, lo he dirigido dos años, lo he producido cuando yo pertenecía a Europroducciones, su productora. Lo mismo te puedo decir el presupuesto de todo que te presento Los Superbolos o te dirijo el programa.
Entonces, no soy un presentador a luz. Yo soy un presentador global, porque siempre me ha interesado mucho la televisión. Y yo sabía que para ponerme delante, para hacerlo bien, tenía que saber todo lo que pasaba detrás, y me lo aprendí muy bien. Cada vez que estoy delante, sé todo lo que pasa detrás.
(P): ¿Cómo les has visto a Lalachus y a Gorka Rodríguez en esta temporada de El Grand Prix del Verano?
(R): Pues maravilloso. Lala ya cuajada. Ella misma lo dice. El primer año fue en parque de atracciones para ella, este año lo ha disfrutado más porque lo tiene desde dentro. Respecto a Gorka, le fiché yo. Cuando hablamos de cambiar, siempre ha tenido gente diferente. Entonces, le di una vuelta y llegué a la conclusión de que nunca ha presentado conmigo un chico. A él le conocía y dije que iba a ser bueno porque venía de la radio. Tiene ese ritmo para retransmitir las pruebas del Grand Prix, que son muy deportivas, algo que hay que tener. Luego también es un chico simpático, un chico que cae bien, guapetón...
(P): ¿Y cómo fue ese momento en el que se lo ofrecisteis a Gorka Rodríguez?
(R): Y me acuerdo que le llamé. Él había estado el año anterior de padrino, le eché el ojo y dije que podría valer. Y al año siguiente, ahí estaba. Ha hecho un trabajazo. En el primer programa parecía que llevaba ya tres años haciéndolo. Se lo ha pasado bomba.
Luego su historia, que es muy bonita, ¿no? Tener a dos niños de Grand Prix con sus historias personales trabajando conmigo... El Grand Prix tiene historias personales para todo. El público del plató, en los ratos que me acerco a la grada, me dicen: "mi madre ya se ha muerto, pero le encantabas tú". "Mi padre ya no está, pero tiene una foto tuya que le firmaste". O sea, a mí se me caen los lagrimones, porque formas parte de la gente sin saberlo. O sea, te lo van diciendo, pero no sabes hasta qué punto y, a veces, es muy fuerte el cariño que me demuestra, ¿no? Y eso, ¿cómo vas a dejar de hacer eso? Me debo también a esa gente. Mientras tenga salud y coco y me contrate a alguien, pues iré para allá.
"El Grand Prix es un hijo mío"
(P): Te emocionas mucho en las ruedas de prensa del Grand Prix del Verano.
(R): Siempre me emociono. Yo digo: "No voy a llorar hoy", pero siempre pasa algo que se me sale la lágrima, y me pasa también en los programas. Se ha convertido en una tradición. En el último programa de grabación, siempre hay un momento, entre el inicio de El Diccionario y el término de Los Súperbolos, que me quedo yo solo allí y ya sé que ya se va a acabar eso, ¿no? Y siempre suelto algún discursito. Este año también lo he grabado, que ha quedado muy bonito, porque es que me sale del corazón y creo que debo de decirlo y compartirlo. Y luego, pues eso, la historia de Gorka, que es muy bonita. LalaChus, que es niña de Grand Prix.
Claro, yo voy a hacer 65 años. El otro día, me llamaron de la Seguridad Social para decirme que llevo 43 años cotizados. Ya me puedo jubilar. Y dije: "Joder, me falta que me manden ya la tarjeta dorada para ir más barato en el bus y el tren". Entonces, es una sensación como de decir: "Coño, yo no me veo mayor, pero sí soy mayor". Me veo bien, joven y con ganas de seguir haciéndolo, y todavía me emociono. El día que me ponga la petaca de un micrófono y no me emocione con lo que hago, ahí seré el primero que diga "hasta aquí", pero todavía creo que hay Ramón.
(P): O sea, que de jubilación ni hablamos, ¿no?
(R): Ni es necesario. ¿Qué hago yo jubilado? Te vas un mes a Benidorm a pasear, pero, ¿y el segundo mes qué haces? Es lo que me pasa. Por edad, se me están jubilando amigos de la cuadrilla en Bilbao y el primer mes me dicen "joder, esto es cojonudo", pero, al segundo, me dicen "qué suerte que sigas trabajando. No lo dejes mientras puedas".
Es decir, que la jubilación forma parte de una soledad no deseada que llega. Que lo conozco por En Compañía, el programa que hago en Castilla-La Mancha Media.
(P): ¿Te da miedo a ti ese momento o crees que te reinventarás y buscarás planes?
(R): ¿Sabes lo que pasa? Que lo que más me gusta del mundo es hacer lo que hago. He tenido esa suerte. Hay gente que está deseando jubilarse para hacer otra cosa. Lo que nunca ha hecho, pero es que lo que más me gusta es lo que hago. Es donde soy más creativo, donde estoy dándole vueltas, donde elijo las canciones, donde me río, donde lloro, donde me emociono....
¿Qué trabajo me va a dar algo más que esto? La tele a mí me ayuda. Es mi terapia. He envejecido con la población española. Por eso hay niños y abuelos que me siguen. Entonces, para mí, mi trabajo es mi terapia personal. Un hombre que ha perdido a sus padres, que se ha divorciado, que vive solo, ese soy yo. Soy una persona como cualquier otra.
(P): ¿Es una soledad elegida?
(R): Esta es una soledad no deseada. No elegí que se muera mi padre, ni que se muera mi madre, ni el divorcio, pero, de repente, todo eso te lleva a estar solo. O sea, yo llego a mi casa y no hay nadie. Que es lo que me cuentan a mí. Tampoco tengo mucho tiempo. Ahora estoy bien en ese aspecto. Pero esto no lo hablo de mí, lo hablo en general de la sociedad española y mundial, que es lo que está pasando.
Entonces, a mí el trabajo me da vida. Me acompaña, me ayuda a seguir para adelante y, luego, me mantiene vivo y creativo. Yo estoy todo el día pensando. Voy en el coche y pienso en la escaleta del programa. Llamo y pido cambiar cosas. Todas las canciones las elijo yo. Hablo con el director musical. La ponemos aquí, cortamos aquí. Soy también locutor de radio musical. "Qué cabrón, las clavas", me dicen. No hace falta que nadie te diga nada porque lo llevo en el ADN. Entonces, eso a mí me mantiene vivo. ¿Qué hago? ¿En casa? ¿En Benidorm?
"El día que me ponga la petaca de un micrófono y no me emocione con lo que hago, ahí seré el primero que diga "hasta aquí", pero todavía creo que hay Ramón"
(P): Dijiste en aquella presentación que las grabaciones del Grand Prix del Verano son una paliza.
(R): Paliza, paliza. Este año, me pillé un catarro y me tuvieron que pinchar porque fui un día muerto. Sin voz. Y llegué y dije: "vengo porque aquí hay 500 personas", pero hay que hacerlo. A mí me ha pasado esto tres veces. Entonces, pinchazo, y al de media hora cantaba como Pavarotti.
Y el otro día, a mí me gusta tirarme los pingüinos, vino una invitada y dio una voltereta. La di yo también, y según la estaba dando, ¡crac! Dije "no pasa nada". La semana siguiente fui al médico y me preguntó que qué había hecho. Le dije "Soy gilipollas, que creo que tengo 25 años, y he dado una voltereta con colchoneta y todo", y claro, el cuerpo ya no es lo mismo. Me dijo que tenía una intercostalgia, que es que una costilla se engancha con la vértebra y te roza todo el músculo. No podía ni moverme. "¿Y cómo estás haciendo el programa?", me preguntó. "Pues haciéndolo, joder", le dije, porque soy de Bilbao.
Es decir, al final, soy una persona normal, que también tiene sus impedimentos vitales. Este oficio mío me ayuda a que esos impedimentos se pasen más rápido y mejor. Cuando a una persona la jubilan todavía estando en buen estado mental y físico, en cualquier trabajo, creo que es un gravísimo error, porque es matar a esa persona. Es sacarla de su vida, y creo que es un gravísimo error.
(P): Si algo caracteriza al Grand Prix del Verano, es el intercambio generacional. Tú tienes una emoción que trasciende y Gorka y Lalachus admiran la magia con la que vas a trabajar...
(R): Yo voy feliz a trabajar en la radio o en la tele y es lo que a mí me gustaría transmitir a las siguientes generaciones. No soy un funcionario. Siempre hablo con Carlo (Bosseman, productor ejecutivo del programa) y con la productora Izen de que si bajo el nivel, que algún día lo tendré que bajar, o incluso desaparezco de pantalla, que eso está más cerca que lejos, lógicamente, me gustaría tener esa luz y tiempo para enseñar lo poco o mucho que sé. Enseñar cómo se está en un plató, saber dónde hay luz y dónde no hay luz, dónde tienes el contra y dónde no, qué cámara y qué contraplano tienes, porque ya nadie aprende eso.
Hay gente que no sabe ni lo que estoy diciendo. Entonces, claro, ¿qué pasa? Se pierde el oficio. En TVE aprendí de todo. Aprendí de luz, de iluminación, de realización. Me leí todos los libros que había. Tuve la suerte de trabajar con los mejores y yo sé todo lo que pasa detrás. Por eso, ayudo mucho cuando me pongo delante. Nunca me pillarás cruzándome por una cámara en un plano malo, sin luz. Siempre favorezco a la steady cuando está, pero eso hay que hacerlo sin que se note.
"Voy feliz a trabajar, y es lo que a mí me gustaría transmitir a las siguientes generaciones"
(P): ¿Es difícil hacer El Grand Prix del Verano?
(R): Siempre digo que hacer programas como el Grand Prix del Verano es lo más difícil que hay, pero no se tiene que notar que es difícil. Tantas cámaras tirando y que todo salga bien, es súper complicado. ¿Cuál es la magia? Que no se note, que sea un juego, que parezca fácil.
Y ese oficio se va perdiendo. Se van perdiendo el oficio de efectos especiales y un montón de cosas que son la tele. Muchas veces la tele es esto: cinco tíos sentados, hablando de lo que sea, de política, de corazón, de economía... Eso es la radio. Eso es la radio con una cámara.
La escenografía del Grand Prix se hizo en Italia porque aquí ya no se sabía hacer. Entonces, se están perdiendo cosas del oficio que yo creo que no se deben de perder porque si no, la tele se va muriendo. La tele son imágenes, imaginación que tú le das al espectador a través del color, de los decorados, de las voces, de las luces... Si tú todo lo haces plano y todo tiene la misma luz y todos están sentados y todos hablan lo mismo y encima los invitados siempre son todos los mismos en todos los programas, pues la tele se acaba. Dices: "coño, que le den por saco". ¿Qué hago? Veo plataformas y veo otras cosas.
(P): También haces un gran contenedor de tarde que se llama En Compañía y se emite en Castilla-La Mancha Media. ¿Qué hay que tener para presentar un programa así?
(R): Primero, hay que saber dominar el directo, que eso no todo el mundo lo sabe hacer. Y luego un gran contenedor es tener al frente a alguien que lo mismo entrevista a un presidente del gobierno, que entrevista a un señor del pueblo de Yepes que ha venido porque le gusta el chorizo con los torreznos. Eso es, para mí, ser un profesional complejo. Adecuarte a la persona que tienes delante porque cada uno tiene su entrevista diferente. Cada uno tiene su trato diferente.
Y siempre un paso atrás. Últimamente veo mucho presentador y presentadora que se ponen por delante del invitado. O sea, quieren saber más que el invitado, opinan y ya le dan la respuesta hecha al invitado. Si el invitado canta, él canta también y canta mejor. Si toca un instrumento, él también toca. Y digo: "¿qué necesidad?". Si tú invitas a alguien, él es el importante. "Tú igual cantas mejor". Pero, ¿cómo se lo vas a decir? Si el artista es él, no haberle invitado.
A mí eso me lo enseñó Rafaella Carrá. Me decía: "Ramón, el invitado siempre es lo más importante. La gente cree que yo soy importante. No, los invitados que se sientan aquí son los importantes". Entonces, al final, te vas quedando con cosas, y Raffaella enseñaba muy bien aquello. Ahora ya nadie enseña el oficio a nadie.
Raffaella Carrá me enseño que el invitado siempre es lo más importante".
(P): ¿Hasta qué punto fue clave Raffaella Carrà en tu carrera televisiva?
(R): Raffaella me ayudó mucho porque ella me veía en No te rías que es peor y fue la que dijo: "este chaval que venga al programa", y de ahí surgió la oportunidad de hacer ¿Qué apostamos? en el prime time. Me costó ir porque no podía.
Al final fui un día y, al acabar el programa, salió Sergio Japino con Raffaella Carrà, Arturo Vega y Francesco Bosserman. Y me dijeron que iban a hacer un programa que se iba a llamar ¿Qué te apuestas? y querían que fuese el presentador. Les dije que hacía este programa en Barcelona, y me contestaron que ya lo arreglarían. Ahí empezó todo.
A partir de ahí, Raffaella y yo nos fuimos muy amigos. Aprendí mucho fijándome en ella. Tampoco era de enseñar, pero aprendías solo con estar a su lado y ver lo que ella ensayaba y preparaba todo. Era muy minuciosa en todo. ¿Quién ensaya un programa ahora? Yo soy de esa escuela. Nosotros el ¿Qué apostamos? lo ensayábamos dos días parciales. Ensayo general entero el día anterior, y luego también el día de programa. Hoy en día, ensayas la presentación, por donde sales y por donde entras. ¿Y luego qué pasa? Cuando vemos las galas. Uno sale por aquí, otro no sabe para dónde va, el otro está allí. Y eso es la antitelevisión que yo aprendí.
(P): En la actualidad, presentas el Grand Prix y En Compañia, dos espacios emitidos en televisiones públicas. ¿Te sientes como un hombre de servicio público?
(R): En lo que más he trabajado en mi vida ha sido en televisiones públicas. Es decir, conozco la televisión pública, grande, pequeña, intermedia, y soy un gran defensor de la televisión pública porque creo que es necesaria. Y no solamente por la información. Que sí, que siempre es la columna vertebral, pero también por el entretenimiento. Es decir, la televisión tiene que ser entretenimiento hasta en los informativos.
Un informativo no puede ser un coñazo. Un programa cultural no puede ser un coñazo. Yo soy un seguidor de Página 2 espectacular. Me parece el mejor programa cultural que hay en la historia de la televisión, pero es entretenido, y lo veo siempre. Hacen unos planos maravillosos y es divertido.
Las noticias también tienen que tener ritmo, vida y contarlas bien y diferente. Hacer planos diferentes, salir a la calle para contarlo, esa combinación entre el exterior y el plató. Esa es la tele. La tele tiene que seguir en movimiento. No se puede quedar quieta. Y eso es labor ya de la gente más joven que ya está ocupando esos sitios.
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