En una conexión en directo en La Hora de La 1, Silvia Intxaurrondo ha planteado al analista político y profesor Toni Aira cómo se gestiona la decisión de Zapatero de aceptar la invitación para recibir al Papa estando inmerso en una situación judicial de este calibre. La respuesta del experto ha evitado los juicios de valor inmediatos para adentrarse en la compleja trastienda de la comunicación de crisis, advirtiendo sobre el desgaste irreversible que sufren las figuras públicas cuando la opinión popular se adelanta de forma implacable a los tiempos de los tribunales.

Aira ha abordado la situación señalando que, más allá de lo que dictaminen los jueces en el futuro, el castigo reputacional ya se está ejecutando en el presente. "Bueno, yo creo que en estos momentos él está sufriendo lo que se llama la pena de telediario porque vamos a ver en qué desembocan todas estas investigaciones, el proceso judicial y cuándo acaba", ha argumentado el profesor, poniendo el foco en la alarmante lentitud del sistema penal.

Para ilustrar esta anomalía, el analista ha echado mano de la historia reciente de la política española, recordando que "tenemos casos muy conocidos y que han afectado a expresidentes, en este caso autonómicos por ejemplo, en los que 13 años después ha empezado un proceso judicial que no ha acabado en condena". Con este paralelismo, ha evidenciado cómo una instrucción puede arrastrar y estigmatizar a un dirigente durante más de una década para terminar finalmente en una absolución que llega demasiado tarde.

En cuanto a la figura de Zapatero, el colaborador de Televisión Española ha reconocido que la gravedad de las informaciones afecta inevitablemente a su legado ante los ciudadanos. "Por tanto, en este caso yo creo que hay una parte en la que todos podemos percibir que alguna cosa ahí hay que rompe, digamos, una cierta imagen de Zapatero", ha afirmado, quedando por ver si los indicios se consolidan "de una manera que lleve a que haya delito o no".

Ante esta disyuntiva, Aira encuentra una explicación puramente estratégica a que el expresidente mantenga su agenda internacional y acuda a citas de gran calado como la recepción del Pontífice, señalando que "por el medio él tiene que reivindicarse también desde un punto de vista de su figura pública". Sin embargo, el analista ha admitido ante Intxaurrondo que intentar salvar el crédito político en el ecosistema mediático actual es una tarea titánica debido a la constante sobreexposición de las causas.

El principal factor que dinamita la presunción de innocence en estos escenarios es, según Aira, el goteo incesante de revelaciones del sumario. "Es difícil hacerlo, Silvia, en un contexto en el que tenemos muy habitualmente esta idea de las filtraciones constantes a la opinión pública por parte de, eso, sumarios, autos, pruebas", ha lamentado, matizando que mientras algunas informaciones trascienden de forma lógica, otras tienen un carácter estrictamente reservado.

Esta difusión masiva provoca que la sociedad dicte sentencia de manera fulminante: "Y ahí es cuando se da un juicio, un juicio público". Para explicar esta democratización del veredicto, el politólogo ha rescatado una célebre referencia cinematográfica, recordando la película 12 hombres sin piedad, donde un reducido grupo de jurados debatía con enormes dificultades en una sala cerrada. Para Aira, el escenario digital y de medios actual ha desbordado por completo ese clásico esquema porque "hoy en día esos 12 hombres sin piedad somos un poco todos".

El análisis ha concluido con una seria advertencia sobre los peligros de que la ciudadanía asuma el rol de tribunal sin tener la formación ni la totalidad de los datos. El experto ha remarcado que "al final se está dando un juicio o se dará un juicio cuando llegue eso al estamento que toca, pero previamente habremos hecho un juicio todos... la opinión pública a partir de mil y una pruebas que en muchos casos no sabemos interpretar".

A esta falta de pericia técnica de la masa se suma que los indicios suelen llegar a los hogares de forma fragmentada, "parciales, con un foco determinado en un momento dado". Tras poner en valor el esfuerzo de los espacios informativos de la televisión pública para intentar decodificar esa maraña de datos, Aira ha sentenciado el debate con una amarga realidad de la comunicación, concluyendo que "la condena a veces llega antes en clave de opinión pública que la que pueda llegar de manos de un juez o de un tribunal", convirtiendo cualquier veredicto jurídico posterior en un mero formalismo incapaz de restaurar la imagen pública perdida.

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