Hay imágenes que, por un motivo u otro, quedan grabadas en la memoria de toda una población. A veces por su carga emocional, otras por su impacto político y, en ocasiones, por una mezcla inesperada de ambas cosas. Este sábado, tras la publicación de las primeras imágenes de Nicolás Maduro tras su “captura” y traslado a Estados Unidos, son muchas las reacciones que se han producido. Entre ellas, la de una experta en comunicación que ha resumido la sensación general con una frase tan sencilla como demoledora en la red social X: “Está claro que el chándal gris nunca trae nada bueno”.

La comparación no ha tardado en circular. El motivo: la imagen difundida por Donald Trump a través de Truth Social del presidente venezolano esposado, con los ojos cubiertos, auriculares de cancelación de ruido y vestido con un chándal gris. Una escena de enorme trascendencia política que, sin embargo, ha activado un recuerdo profundamente arraigado en la cultura popular española: el célebre “chándal gris” de Chenoa.

Hace ya poco más de veinte años, España entera asistía en directo a uno de los momentos más icónicos del corazón y la televisión. En 2004, tras semanas de rumores, David Bisbal confirmaba en una rueda de prensa en Caracas el final de su relación con Chenoa, la historia de amor que había nacido ante millones de espectadores en la primera edición de Operación Triunfo en 2001. Poco después, en plena tormenta mediática, Chenoa salía a la puerta de su casa para dar declaraciones. Lo hacía visiblemente afectada, con la voz rota, los ojos vidriosos y vestida con un sencillo chándal gris que acabaría convirtiéndose, sin pretenderlo, en un icono de la cultura pop española.

Aquel episodio, que comenzó como un drama sentimental, terminó mutando con los años en un meme inmortal. El llamado Chándal-Gate pasó de representar el despecho más crudo a formar parte del imaginario colectivo, como recordatorio de una ruptura vivida en público y sin filtros. Dos décadas después, la imagen sigue siendo referencia obligada cuando se habla de momentos incómodos, vulnerables o directamente desastrosos.


Salvando todas las distancias posibles, ese mismo color y esa misma prenda han reaparecido ahora en un contexto radicalmente distinto. La fotografía de Nicolás Maduro ha sido difundida por el propio Donald Trump minutos antes de comparecer ante los medios, a las 17:23 horas, tras el ataque estadounidense de madrugada en Venezuela. En ella, el mandatario aparece de pie, esposado, con antifaz negro, una botella de agua en las manos y un chándal gris de la marca Nike, perteneciente a la línea Tech. La imagen ha sido tomada a bordo del buque anfibio USS Iwo Jima y se ha convertido de inmediato en una de las fotografías políticas más impactantes de los últimos años, pues se trata de la prueba irrefutable de lo que el mandatario ha conseguido en lo que ha definido como una operación “perfecta”.

Nicolás Maduro tras su “captura” y de camino a Estados Unidos. Donald Trump


Desde su publicación, la instantánea ha sido replicada masivamente en redes sociales y ha generado reacciones en todo el mundo. No solo por lo que representa a nivel geopolítico, sino también por la puesta en escena elegida para mostrar la detención del presidente venezolano, acusado de narcoterrorismo y conspiración para introducir cocaína en Estados Unidos, entre otros delitos. Según las primeras informaciones, Maduro podría pasar a disposición judicial este lunes, 5 de enero.

En medio de ese aluvión de comentarios, la comparación lanzada por la usuaria ha terminado de cerrar el círculo. Dos imágenes separadas por veinte años, por contextos completamente opuestos, unidas únicamente por un detalle aparentemente trivial: un chándal gris que, una vez más, vuelve a quedar asociado a un momento de caída, exposición pública y final abrupto.

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