Antonio Naranjo, trabajador de Telemadrid, ha editado y compartido en sus redes sociales una imagen en la que Begoña Gómez, mujer del presiente del Gobierno, aparece con barba y cabestrillo. El presentador y director del programa nocturno de TeleAyuso, por el que cobra 6.480 euros al mes, ha publicado la fotografía alterada con inteligencia artificial (IA) acompañada de un texto burlesco: “Todos con Begoña, la víctima del fascismo y el cambio climático”.

Cientos de comentarios han desbordado rápidamente la publicación criticando la actuación del agitador predilecto de Isabel Díaz Ayuso, a sueldo de la televisión pública madrileña, y recordándole la deuda millonaria que la empresa que montó tiene con la Hacienda Pública. Asimismo, muchos de sus seguidores, la mayoría ocultos tras un avatar y un nombre falso, han reaccionado replicando a la agitadora Pilar Baselga, quien insultase a Gómez llamándola “Begoño”.

La Justicia, responsable

Esta muestra del matonismo de la derecha y de sus mamporreros mediáticos es solo una más de una estrategia que se recrudece desde un tiempo a esta parte. Una indigencia intelectual y falta de argumentario que, más allá de sus emisores, encuentra a su mayor responsable en la Justicia española, sospechosa habitual. Es más, la Audiencia Provincial de Madrid, la misma que va a juzgar a Gómez tras la instrucción del juez Juan Carlos Peinado, fue la que absolvió a quien la atacó gravemente.

Baselga no solo difundió que la mujer del presidente era transexual, como ha hecho Naranjo y han replicado otros activos ultraderechistas a lo larga del mundo, también la acusó de estar involucrado en una trama de narcotráfico, lo que a todas luces constituye una calumnia. Sin embargo, su excelentísimo tribunal consideró que Gómez tiene que “soportar un umbral más elevado de crítica” por ser una figura pública, incluso la atribución de delitos graves.

No se acredita el elemento subjetivo del delito imputado, esto es, que la expresión utilizada haya menoscabado el honor de la querellante, por tanto, los hechos declarados probados no tienen la relevancia penal para ser merecedores de reproche penal, y deben ser considerados atípicos”, falló su ilustrísima Beatriz Suárez Martín, jueza titular del Juzgado de lo Penal número 22 de Madrid.

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