En una entrevista concedida a La Vanguardia, Ana Belén ha dejado claro que no mira al pasado con complacencia ni tolera nostalgias interesadas. “Yo los metía una semana en el túnel del tiempo”, ha afirmado cuando le han preguntado por quienes, siendo muy jóvenes, aseguran que “esto con Franco no pasaba”. La actriz y cantante madrileña no tiene duda: bastaría una semana viviendo “los guantazos y las bofetadas en el colegio, los castigos de rodillas cargando libros, los golpes en la mano con una vara” para curar cualquier añoranza por una época que no vivieron.

Nacida como María del Pilar Cuesta Acosta en el barrio de Lavapiés, Ana Belén ha reivindicado dos máximas vitales. La primera, heredada de su amigo el actor Antonio Gamero: “Como fuera de casa en ningún sitio”. Una frase que, explica, tiene más capas de las aparentes: “No hay que asentarse nunca, hay que salir, dejar que te dé el aire, que las cosas te permeen y te calen”. La segunda consigna es aún más contundente: “Todo tiempo pasado fue peor”.

El pasado, ha insistido, no le interesa. Tampoco el futuro. “Me importa todo del ahora”, ha subrayado. Dice que no sabría vivir sin leer el periódico ni sin ver las noticias. “Hay gente que prefiere no saber lo que pasa en Gaza, yo al contrario, quiero verlo y que me haga daño porque me lo están poniendo delante para que despierte”.

Esa disposición a “poner el pecho” la ha acompañado desde que fuera etiquetada como “la novia de España” o “la musa de la Transición”, apelativos que marcaron el inicio de una carrera prolífica en cine, teatro y música. Afiliada al Partido Comunista en 1974, rompió públicamente su militancia en 2019 en una entrevista en Vanity Fair. Nunca ha ocultado su ideología, que lleva “como bandera”.

Tras varios años centrada en el teatro —“si no sales en la tele no existes”, ha lamentado— en 2024 regresó a la música con el disco Vengo con los ojos nuevos y la gira Más D Ana. El próximo 27 de febrero estrenará Islas, dirigida por Marina Seresesky y coprotagonizada por Manu Vega. En la película interpreta a Amparo Lamar, una diva venida a menos que decide quitarse la vida en el hotel donde un día triunfó, aunque ya nadie la recuerde. “Es una estrella de chichinabo sin consistencia”, ha explicado sobre su personaje. “He conocido a muchas así”. Más que en grandes mitos del cine, dice haberse inspirado en “estrellitas” más domésticas. De Amparo le conmueve su soledad y su desconexión con la realidad: “Perder la conexión con el momento que te toca vivir es tremendo”.

Sobre el supuesto enfrentamiento generacional, se muestra escéptica. No cree en el resentimiento de la Generación Z hacia sus mayores. “Es un enfrentamiento ficticio e interesado”, ha sostenido, aunque reconoce que la vida se ha complicado para los jóvenes y que el acceso al mercado laboral será clave para su futuro.

Con más de cinco décadas de relación junto al cantautor Victor Manuel, ha reivindicado la normalidad de su historia: “Los problemas de pareja son los mismos, sean médicos, maestros o panaderos”. Juntos también fueron pioneros en proteger la intimidad de sus hijos frente a la prensa. Hoy, ya adultos, han seguido caminos artísticos propios: David San Jose en la música y Marina San Jose en la interpretación.

Entre las lecciones aprendidas, ha destacado una: saber decir no. “Nadie nos lo enseña. Si mantuviéramos el no primigenio de los niños cuando dicen ‘No quiero’, ya lo tendríamos hecho”. A sus 74 años, Ana Belén se ha declarado satisfecha con sus elecciones y consciente de sus errores. Se siente querida, aunque ha asumido que no puede gustar a todo el mundo. Y mientras el debate público se polariza, ella mantiene su mirada en el presente. Sin nostalgia. Sin miedo a mirar de frente la realidad, aunque duela.

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