El programa El Sótano Club, emitido en el canal Ten, se ha convertido en un espacio donde la crítica sin filtros conecta directamente con la actualidad de la televisión en España. Los integrantes de la mesa abordaron la sonada visita a nuestro país de dos de las mayores estrellas de Hollywood actuales, los actores Tom Holland y Zendaya, quienes revolucionaron la capital madrileña por su visita promocional al país.

Sin embargo, la conversación en el plató derivó rápidamente hacia el terreno de la promoción mediática cuando Carlos Peguer, copresentador del espacio, introdujo la pregunta clave sobre el itinerario televisivo de la pareja de moda, planteando con curiosidad al resto del equipo: "¿Tú sabes a qué programa van ellos dos?".

La respuesta de la presentadora Alba Carrillo no se hizo esperar, identificando de inmediato el espacio estrella de las noches de Antena 3 al afirmar: "Sí, al de las hormigas". A partir de ese momento, Carrillo lideró un duro ataque contra el formato conducido por Pablo Motos, sugiriendo de manera abierta que las celebridades internacionales acuden a dicho plató bajo un absoluto desconocimiento del verdadero trasfondo del espacio.

Con su habitual estilo mordaz, la colaboradora expuso una llamativa teoría sobre cómo se gestionan estas visitas desde las agencias de representación en Estados Unidos: "Pero yo creo que es que les engañan, o sea, no les dicen bien lo que significa ir a eso. Porque les dicen... 'Will Smith, vete a este, que es el que más audiencia, no sé qué'".

Según la perspectiva planteada por Carrillo, los artistas extranjeros se guían ciegamente por las recomendaciones descontextualizadas de otros compañeros de la industria, lo que los lleva a aceptar la invitación de forma un tanto ingenua. "Y ellos claro, y ellos van, los pobres, pero no saben lo que significa", sentenció con evidente ironía, compadeciéndose de las estrellas de Hollywood.

La tesis del engaño fue respaldada en la mesa por uno de los colaboradores del programa, Iggy Rubín, quien asintió con un rotundo "es verdad" antes de profundizar en las razones por las cuales los mánagers consideran que El Hormiguero es una opción aparentemente inofensiva para sus campañas de promoción. Desde su punto de vista, el show de las marionetas ofrece un entorno controlado que minimiza los riesgos reputacionales para los blockbusters internacionales:

"Pero también tiene un punto el programa como que es el más blanco, el que menos les van a sacar una imagen tal...", provocando que Alba Carrillo le interrumpiera incrédula exclamando: "¿blanco?". No obstante, este mismo tertuliano no dudó en señalar la marcada dualidad que esconde el formato tras su fachada de entertainment familiar y experimentos científicos, advirtiendo sobre el trasfondo ideológico de su plantel al recordar que "luego está muy posicionado políticamente".

El momento más punzante de la tertulia llegó cuando Carlos Peguer caricaturizó el drástico contraste discursivo que, a su juicio, se produce de manera sistemática en el programa de Pablo Motos, pasando de los juegos amables con invitados internacionales a debates ideológicos polarizados. El tertuliano resumió la contradicción del formato imitando de forma satírica la escaleta del espacio: "Aquí está Tom Holland y Zendaya para reírse un rato y después: ¿los gays merecen derechos?".

Esta ácida deconstrucción provocó las risas del equipo, reflejando una crítica muy extendida sobre cómo el programa utiliza el brillo de Hollywood para suavizar la carga de las tertulias políticas posteriores. Para cerrar la intervención, Rubín insistió en desvincular el carisma de los invitados del contenido real del show, remarcando que "la parte de entrevista, yo creo que tiene todo el sentido".

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