Estamos en verano y es verdad que a todos nos da por ir un poco más relajados por la vida, por olvidarnos aunque sea solo unos días de las rutinas. El problema es que, con frecuencia, eso también supone dejar de lado algunos hábitos sostenibles que mantenemos durante el resto del año. Utilizamos más el coche, compramos productos desechables, desperdiciamos comida o gastamos agua como si el lugar que visitamos dispusiera de recursos ilimitados.
En verano, utilizamos más el coche y desperdiciamos comida y agua
No se trata de convertir las vacaciones en una lista interminable de prohibiciones ni de sentirnos culpables cada vez que encendemos el aire acondicionado. Pero que sea verano no significa que no podamos tomar decisiones algo más conscientes. Estos 5 pequeños cambios pueden ayudarte a reducir tu huella ambiental sin renunciar al descanso.
1. Elige mejor cómo te desplazas
Buena parte del impacto ambiental de unas vacaciones comienza antes de llegar al destino. La forma de desplazarnos puede marcar una diferencia considerable, especialmente cuando podemos sustituir el avión o el coche particular por el tren, el autobús u otro medio de transporte colectivo.
La Comisión Europea recuerda que el ferrocarril genera muchas menos emisiones por pasajero y kilómetro que los desplazamientos por carretera o en avión. Por eso, antes de reservar un vuelo, merece la pena comprobar si existe una alternativa ferroviaria razonable, especialmente para trayectos dentro de España o hacia países cercanos.
Cuando no sea posible prescindir del coche, puedes compartir coche para reducir el impacto. También es conveniente revisar lo que llevas, porque cuanto más lo cargues, más consume. Y, si dispones de un modo Eco o algo por el estilo, siempre será mejor que uno deportivo.
Una vez en el destino, caminar, utilizar la bicicleta o recurrir al transporte público no solo resulta más sostenible: también permite conocer las ciudades y los paisajes de otra manera.
Por supuesto, otra opción es acercar las vacaciones. No siempre hace falta recorrer miles de kilómetros para desconectar. Elige destinos próximos, prolonga las estancias en lugar de encadenar varias escapadas cortas y descubre espacios naturales o culturales cercanos; así, reducirás desplazamientos y, de paso, evitarás que las vacaciones se conviertan en una contrarreloj.
2. Convierte tu botella reutilizable en un imprescindible
Las vacaciones suelen venir acompañadas de botellas, vasos, bolsas, cubiertos y envases de un solo uso. Los usas un rato, pero sus residuos pueden permanecer durante décadas en el medio ambiente.
La solución más sencilla consiste en preparar un pequeño kit reutilizable: una botella que pueda rellenarse, una bolsa plegable, un recipiente para comida y, cuando sea necesario, cubiertos propios. No ocupa demasiado espacio y evita tener que comprar productos desechables cada vez que sales de excursión o pasas el día en la playa.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente recomienda precisamente viajar con bolsas reutilizables y botellas rellenables, además de rechazar artículos evitables como pajitas, cubiertos o envases innecesarios.
Y la norma básica sigue siendo la misma estés donde estés: no debe quedarse ningún residuo en la playa, en el monte o junto a un río, aunque alrededor no haya una papelera.
3. Usa el aire acondicionado con cabeza
Dormir con temperaturas elevadas no resulta fácil y, durante una ola de calor, la refrigeración puede ser imprescindible para proteger la salud. Pero úsalo con cabeza y de forma eficiente.
Mantener las persianas bajadas durante las horas centrales del día, ventilar a primera hora de la mañana y por la noche, cerrar las ventanas cuando el aparato está encendido y utilizar ventiladores siempre que sean suficientes son medidas sencillas que te ayudan a conservar una temperatura agradable.
La Agencia Europea de Medio Ambiente señala que ajustar el termostato a 27 grados, en lugar de hacerlo a 22, puede reducir a la mitad el consumo energético del aire acondicionado. Así que, además de ser sostenible, ahorras.
4. Cuida el agua, especialmente en los destinos más secos
En vacaciones es fácil perder la noción del consumo de agua. Las duchas se alargan, las toallas se lavan con mayor frecuencia y los alojamientos con jardines o piscinas pueden transmitir una falsa sensación de abundancia.
Sin embargo, muchos destinos turísticos se encuentran precisamente en zonas en las que el agua escasea y la demanda aumenta de forma considerable durante los meses de verano. La Comisión Europea advierte de que esta presión es especialmente importante en las localidades costeras.
Cerrar el grifo mientras te cepillas los dientes, ducharte en lugar de llenar la bañera, reutilizar las toallas y avisar si detectas una fuga son gestos básicos, pero eficaces. También deberías evitar utilizar las duchas de la playa durante más tiempo del necesario.
5. Come producto local y no conviertas la nevera en un cementerio de sobras
El verano está lleno de comidas improvisadas, picnics, barbacoas y compras hechas con más entusiasmo que planificación. El resultado puede ser una gran cantidad de alimentos olvidados en la nevera del apartamento o abandonados al terminar las vacaciones.
El desperdicio alimentario no supone únicamente tirar comida. También se pierden el agua, la energía, el suelo, el trabajo y el transporte empleados para producirla. Según Naciones Unidas, alrededor de una quinta parte de los alimentos disponibles para los consumidores termina desperdiciada en los hogares, los comercios o la restauración.
Compra cantidades realistas, revisa lo que ya tienes antes de volver al supermercado y aprovecha las sobras en ensaladas, bocadillos o cenas improvisadas. Y también elige productos de temporada y de proximidad para reducir desplazamientos y apoyar a los productores y comercios locales.
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