Los vehículos autónomos son ya una realidad. Encontramos proyectos piloto con automóviles de nivel 5, que no necesitan la intervención de un ser humano para circular y Google ya a anunciado la construcción de la primera fábrica que se dedicará a producir coches automatizados de forma masiva. ¿Pero cuánto falta para que los cohes sin conductor sea una realidad en las carreteras? Encontramos la respuesta en el blog de CaixaBank, que recuerda la tecnología ya está lista para el nivel 5 de conducción autónoma, el máximo de los seis que marca la Sociedad de Ingenieros de la Automoción (SAE).

Un acelerador llamado 5G

Uno de los principales escollos que se encuentra el coche autónomo para convertirse en un habitual de las carreteras tiene que ver con la transmisión de datos. Necesitan comunicarse con otros vehículos, usuarios de la vía e incluso con infraestructuras como el mismo asfalto o los semáforos. Manejar semejante cantidad de datos y hacerlo a la velocidad necesaria para que el vehículo reaccione a tiempo es muy complicado con la tecnología actual. Sin embargo, la llegada de las redes 5G puede solucionar este problema.

En este sentido, un proyecto piloto en Barcelona liderado por Telefónica y Seat se erige en un primer paso para una conducción cooperativa y autónoma en la ciudad y lo hará gracias a dos características de la tecnología 5G: su baja latencia, que permite a los vehículos recibir y enviar información instantáneamente, y la posibilidad de aplicar la edge computing, una tecnología relacionada con el internet de las cosas (IoT) que permite analizar datos locales en tiempo real. Todo ello sumado a la gran capacidad del 5G para transmitir datos lo que permitirá al vehículo detectar la presencia de ambulancias, por ejemplo. Además, el smartphone o los dispositivos wearable de peatones y ciclistas alertarán de su presencia en el futuro para evitar atropellos.

El grupo GEAR 2030, que integran expertos de la industria, la investigación e instituciones públicas, no prevé la presencia mayoritaria del coche autónomo hasta 2030. Antes, tendrán que adaptarse las leyes a una nueva realidad muy compleja que dirima, por ejemplo, el concepto de responsabilidad civil en estos casos, quién debe indemnizar por daños en caso de accidente o cómo enfrentarse a un producto defectuoso.