Con menos de una década de vigencia, la Laver Cup ya se ha convertido en uno de los torneos más atractivos del panorama tenístico mundial, a pesar de no repartir puntos ATP. Este certamen enfrenta a los mejores tenistas europeos contra los mejores del resto del mundo. Este año, el equipo liderado por Yannick Noah, ex tenista y el último francés en ganar un Grand Slam en los últimos 77 años, estará conformado por: Alcaraz, Mensik, Rudd, Jódar, Zverev y Cobolli. Por otro lado, el capitán del equipo del mundo, Andre Agassi, uno de los mejores tenistas de los noventa, contará en sus filas con: Tien, Nakashima, Fritz, De Minaur, Bublik y Cerúndolo. Sonada es la ausencia de tenistas como Jannik Sinner o Ben Shelton, que han preferido mantener su descanso y prepararse para el resto de torneos del circuito ATP.
El torneo se celebra aproximadamente dos semanas después del US Open cada año, y muchos de los mejores jugadores que brillan en Flushing Meadows también participan en este evento. Sin embargo, pocos conocen el origen de este torneo, ¿por qué se llama Laver Cup? o ¿quién lo organiza?
Todo parte de la leyenda suiza
El precursor del torneo es el extenista suizo Roger Federer, el empresario Jorge Paulo Lemann y la Federación de Tenis de Australia, inspirándose en la Ryder Cup; sin embargo, en vez de enfrentar a Europa y América, aquí el equipo europeo se mide a un combinado de representantes de los demás continentes.
Desde su primera edición en 2017, además de dejar momentos memorables como la emotiva despedida en 2022 de Roger Federer, del que se cumplen ya cuatro años, además ha servido para que tenistas jóvenes entren de manera abrupta en el panorama mundial, al tiempo que ha contribuido a engrandecer la reputación de algunos de los jugadores más exitosos del circuito.
Nombrado en honor a Rod Laver
Una parte importante es el porqué del nombre del torneo. Federer decidió llamarlo Laver Cup en honor al tenista australiano Rod Laver. Laver ocupa un lugar único en la historia del tenis por una hazaña que ningún otro hombre ha conseguido repetir. El australiano ganó los cuatro Grand Slam en un mismo año en dos ocasiones, primero en 1962 como amateur y después en 1969, ya como profesional. Entre Australia, Roland Garros, Wimbledon y el US Open construyó una trayectoria que terminó convirtiéndole en una figura prácticamente irrepetible.
El primero de aquellos Grand Slam tuvo además un significado especial por el momento histórico en el que se produjo. Laver completó el calendario en 1962 y, ese mismo día, anunció su salto al profesionalismo. La decisión le apartó de los cuatro grandes durante cinco años, entre 1963 y 1967, porque en aquella época los Grand Slam estaban reservados a jugadores amateurs. Durante ese periodo tuvo que competir en un circuito profesional paralelo, donde continuó acumulando títulos, aunque muchos de ellos no quedaron reflejados en el palmarés oficial de los grandes torneos.
Su segunda oportunidad llegó con la Era Open, iniciada en 1968, cuando profesionales y amateurs pudieron competir finalmente en los mismos torneos. Un año después, Laver volvió a ganar Australia, Roland Garros, Wimbledon y el US Open, completando en 1969 el segundo Grand Slam de su carrera. Desde entonces, ningún otro tenista masculino ha vuelto a conquistar los cuatro grandes durante una misma temporada, lo que mantiene al australiano como el único hombre que ha conseguido hacerlo dos veces.
Laver no destacó únicamente por sus resultados. Conocido como The Rocket, fue también un jugador adelantado técnicamente a su época, combinando velocidad, potencia, saque y volea con un uso especialmente agresivo del topspin y una gran capacidad para competir sobre superficies muy diferentes. Su legado ha trascendido incluso su carrera: el estadio central del Abierto de Australia lleva su nombre y la Laver Cup nació como homenaje a su figura. Más de medio siglo después, su récord sigue intacto y explica por qué cualquier referencia al Grand Slam masculino acaba inevitablemente pasando por él.
Europa domina sobre el resto del mundo
El Equipo Europa marcó el ritmo de la Laver Cup durante sus primeros años. Ganó las cuatro primeras ediciones disputadas, entre 2017 y 2021, imponiéndose en Praga, Chicago, Ginebra y Boston. En aquella etapa, la competición parecía tener un dueño claro, especialmente por la presencia habitual de figuras como Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic, Andy Murray o Alexander Zverev, que permitieron a Europa construir una hegemonía desde el nacimiento del torneo.
Aquella superioridad alcanzó su punto máximo en Boston 2021, donde Europa se impuso al Equipo Mundo por 14-1, la mayor diferencia registrada hasta ahora en una edición de la Laver Cup. El resultado reflejaba la distancia que había existido durante las primeras temporadas y dejaba al torneo con una dinámica bastante previsible, con el bloque europeo acumulando victorias y el resto del mundo buscando todavía la fórmula para competir de igual a igual.
El cambio llegó en 2022, cuando el Equipo Mundo consiguió por primera vez levantar el trofeo. Lo hizo en Londres, precisamente en la edición que supuso la despedida de Federer del tenis profesional. Aquel triunfo rompió una racha de cuatro victorias europeas y abrió una nueva etapa para la competición. Un año después, en Vancouver 2023, el Equipo Mundo volvió a imponerse, esta vez con mucha más contundencia, por 13-2, igualando por primera vez dos triunfos consecutivos.
Europa recuperó el trofeo en Berlín 2024, donde logró su quinta victoria histórica, pero el cambio de tendencia ya era evidente. La edición de San Francisco 2025 volvió a terminar con triunfo del Equipo Mundo, que encadenó así tres victorias en las cuatro últimas ediciones disputadas. El reparto actual mantiene a Europa por delante con cinco títulos frente a los tres del Equipo Mundo, aunque la diferencia ya no se parece a la de los primeros años.
La historia de la Laver Cup, por tanto, puede dividirse en dos etapas muy diferentes. Primero fue un torneo dominado por Europa casi desde su nacimiento; después apareció un Equipo Mundo capaz de competir y ganar con regularidad, hasta convertir una competición que parecía desequilibrada en un duelo mucho más abierto. Lo que empezó como una hegemonía europea ya no lo es.
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