Este Mundial de Fútbol de 2026 ha ido a coincidir con el que probablemente sea el mandato de un presidente anfitrión más polémico de la historia. Donald Trump se ha propuesto ser el protagonista de la competición, con una influencia en lo que ocurre dentro y fuera de los estadios que amenaza con llegar, incluso, hasta las próximas ediciones.

Cuando el arbitro de la final de Nueva York, el próximo 19 de julio, pite el término del campeonato, comenzará una cuenta atrás de cuatro años hasta uno de los torneos más esperados en nuestro país. España albergará el Mundial de 2030, una cita en la que también toma partido el ahora presidente de Estados Unidos, que para entonces habrá dejado ya la Casa Blanca si no se inventa alguna artimaña legal para seguir en el cargo, como ya ha amenazado con hacer en varias ocasiones.

Ocurre que el campeonato de 2030 repetirá el formato de la sede conjunta de esta edición, con varios partidos que se jugarán en ArgentinaParaguay Uruguay como conmemoración del centenario de la primera Copa del Mundo. Pero al margen de esto, a España se sumarán como anfitrionas Portugal y Marruecos, y es con esta última con la que hay una disputa desde que se confirmó la candidatura conjunta, en 2023, que tiene en el centro el lugar donde se debe celebrar la final del Mundial.

Malestar en la Federación

Marruecos quiere que la final tenga lugar en el Estadio Hassan II de Casablanca, a día de hoy en construcción y que tendrá, según el país, capacidad para 115.000 espectadores. Esto, que comenzó como un deseo personal de la monarquía del país africano, chocó con la intención inicial de España y Portugal -Marruecos se unió después al proyecto-, que era que la final se dispute en Madrid, en el Estadio Santiago Bernabéu, o en el Camp Nou de Barcelona. La FIFA, por el momento, no ha tomado ninguna decisión al respecto, por lo que la sede sigue vacante.

Sin embargo, ahora el temor en España viene también desde el otro lado del Atlántico. En la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) está creciendo el miedo a que Trump presione para Marruecos, aliado de Estados Unidos, sea la anfitriona de la final de 2030. En el máximo organismo del fútbol español creen que el republicano está influyendo "de manera clarísima" en esta disputa, según ha desvelado la COPE.

En este malestar pesa también una realidad, y es la "especial animadversión" de Trump hacia España. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se ha convertido en uno de los principales contrapesos del magnate a nivel internacional, con movimientos como su oposición a la guerra en Irán o la condena del genocidio de Israel en Gaza. En la Federación creen que Trump se podría tomar su venganza presionando a la FIFA para que falle en favor de Marruecos, su socio.

El presidente de la RFEF, Rafael Louzán, trató de quitarle hierro al asunto: "Confianza plena. No se entendería que España no fuera la sede de la final del Mundial", dijo en los micrófonos de la Cadena SER. De momento, a cuatro años de rodar el balón, las espadas ya están en alto. El Ayuntamiento de Madrid, que también compite con Casablanca para albergar el Centro Internacional de Prensa del Mundial, fue contundente: "Solo queremos ser el centro internacional de prensa si la final se juega en Madrid", dijo el consistorio en un comunicado.

España teme el eje FIFA-Trump-Marruecos

El temor que reina en la Federación no es infundado. Si algo está dejando claro Donald Trump es que el fútbol y la geopolítica no se pueden separar nunca. En este Mundial ha dado buen ejemplo de ello, llegando a conseguir que la FIFA retire una expulsión a un jugador de Estados Unidos después de una llamada a su presidente, Gianni Infantino. A pesar de la terrible entrada del delantero Folarin Balogun en el partido de dieciseisavos contra Bosnia, el Comité Disciplinario decidió permitirle jugar contra Bélgica en octavos, provocando la ira de esa selección. Esto, no obstante, no impidió la eliminación de Estados Unidos por 1-4.

A este precedente se suma que Marruecos es un aliado clave de Estados Unidos en el norte de África, lo que explicaría las presiones del mandatario para beneficiarle de cara al Mundial, pero también otras decisiones fuera de los terrenos de juego. Por ejemplo, que el ejército norteamericano haya prestado ayuda militar a Marruecos para sus ataques contra el Sáhara Occidental, o el plan de cooperación aprobado recientemente por el Senado estadounidense, que contempla abrir nuevas bases para reforzar la presencia del país en el Sahel, la región estratégica del noroeste africano.

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