La guerra por el control del fútbol mundial ha entrado en una nueva fase. Gianni Infantino ya no se enfrenta únicamente al malestar de algunos dirigentes o federaciones, sino a un bloque organizado dispuesto a plantear una alternativa al modelo de FIFA construido durante sus diez años al frente de la institución. UEFA, Concacaf y la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) han comenzado a trabajar conjuntamente en un documento que redefine cómo debería gobernarse el fútbol internacional.

El movimiento llega después de semanas especialmente convulsas alrededor de la figura del dirigente suizo. El detonante fue el proyecto de FIFA para vender un 21% del negocio vinculado al Mundial a inversores privados, una iniciativa que generó una fuerte oposición dentro del fútbol internacional y terminó alimentando las dudas sobre el funcionamiento interno del organismo. Las tres confederaciones reclamaron posteriormente una revisión independiente de la gobernanza de FIFA, pero Infantino no ha atendido hasta ahora esas peticiones.

La respuesta de sus adversarios ha sido dejar de esperar. El nuevo grupo de trabajo pretende preguntarse desde cero qué función debería tener realmente la FIFA, cómo tendría que estar estructurada y qué modelo de gobierno debería adoptar. No se trata, por tanto, únicamente de sustituir a Infantino, sino de discutir directamente el sistema sobre el que se sostiene el máximo organismo del fútbol mundial.

Una alternativa al modelo de Infantino

Uno de los puntos centrales será el reparto del dinero. FIFA dispone de unas reservas estimadas en 5.000 millones de dólares, y los impulsores del proyecto quieren estudiar otras formas de distribuir esos recursos entre las federaciones nacionales. Detrás del debate aparece una crítica más profunda: los opositores a Infantino consideran que durante la última década se ha consolidado un sistema basado en la dependencia económica y política de las asociaciones respecto a la presidencia.

Por eso el documento que preparan UEFA, Concacaf y AFC podría convertirse en algo mucho más importante que una simple propuesta de reforma. Si Infantino rechaza negociar, serviría como programa electoral para un candidato que le dispute la presidencia de FIFA en 2027. Y, en el escenario de máxima ruptura, incluso podría funcionar como punto de partida para crear una estructura internacional alternativa.

La posibilidad de una escisión sigue siendo un escenario extremo, pero el hecho de que empiece a contemplarse muestra hasta qué punto se ha deteriorado la relación entre algunas de las confederaciones más poderosas y la cúpula de FIFA. Los tres organismos ya han iniciado conversaciones preliminares sobre la posibilidad de organizar nuevas competiciones internacionales al margen de la estructura actual si el enfrentamiento continúa.

El mensaje político quedó además reflejado en una declaración conjunta especialmente dura, en la que reclamaron un liderazgo que estuviera al servicio del fútbol y no tratara de controlarlo. El lenguaje utilizado evidencia que el conflicto ya no gira exclusivamente alrededor de una decisión comercial concreta, sino alrededor de la autoridad y la forma de ejercer el poder dentro del fútbol mundial.

UEFA amenaza con pasar de las palabras a los hechos

Europa es, por ahora, el miembro del bloque que ha llevado más lejos su desafío. UEFA mantiene la amenaza de que sus selecciones no participen en el próximo Mundial femenino sub-20 si FIFA no abre rápidamente una investigación independiente sobre el intento de entrada de capital privado y ofrece garantías jurídicas de que una operación similar no volverá a plantearse.

La posibilidad de boicotear competiciones de FIFA ya había sido discutida por las federaciones europeas cuando trascendió el plan de privatización parcial. La oposición llegó a ser unánime dentro de UEFA y puso sobre la mesa una herramienta de presión hasta ahora difícil de imaginar: retirar a algunas de las principales selecciones del planeta de torneos organizados por FIFA.

No sería un conflicto menor. La FIFA conserva la propiedad de los grandes campeonatos internacionales, mientras que UEFA controla el territorio económicamente más poderoso del fútbol de clubes y reúne a algunas de las selecciones más importantes del mundo. Una ruptura abierta entre ambas instituciones alteraría completamente el equilibrio sobre el que se ha organizado el fútbol internacional durante décadas.

El pulso también se está trasladando al terreno simbólico. La designación del somalí Omar Abdulkadir Artan para arbitrar la Supercopa de Europa entre Paris Saint-Germain y Aston Villa ha sido interpretada dentro de este contexto de enfrentamiento. Artan quedó fuera del Mundial tras tener problemas para entrar en Estados Unidos, y UEFA lo ha convertido ahora en el primer colegiado no europeo encargado de dirigir una Supercopa.

Montagliani aparece como posible rival en 2027

Toda revolución necesita también una figura capaz de transformarla en una candidatura. Y ahí comienza a aparecer con fuerza el nombre de Victor Montagliani, presidente de Concacaf. El dirigente canadiense es considerado actualmente uno de los candidatos con más opciones de plantar cara a Infantino en las próximas elecciones presidenciales de FIFA, aunque públicamente ha insistido en que su prioridad inmediata es conseguir primero la reelección al frente de su propia confederación.

El calendario puede acelerar las decisiones. Los adversarios de Infantino tendrían incluso capacidad numérica para solicitar un Congreso extraordinario de FIFA, ya que bastaría con el respaldo formal de 43 asociaciones. Sin embargo, convocarlo no resulta sencillo y FIFA podría retrasar su celebración durante meses. En cualquier caso, ya existe un Congreso extraordinario previsto para el 23 de noviembre, una fecha que puede convertirse en otro punto decisivo del enfrentamiento.

Infantino continúa conservando importantes apoyos dentro del fútbol internacional, por lo que una candidatura alternativa necesitaría construir una mayoría mucho más amplia que la formada actualmente por sus críticos. UEFA, Concacaf y AFC pueden abrir una rebelión, pero para cambiar realmente FIFA necesitan convencer a decenas de federaciones acostumbradas al sistema actual.

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