El baloncesto español volvió a mirar hacia la NBA con una mezcla de orgullo, ilusión y futuro. Aday Mara y Sergio de Larrea fueron elegidos en la primera ronda del draft y confirmaron el salto de una nueva generación nacional hacia la liga estadounidense. El pívot zaragozano fue seleccionado en el puesto número 12 por Oklahoma City Thunder, mientras que el base vallisoletano salió en el número 25, elegido inicialmente por Los Angeles Lakers y enviado después a Dallas Mavericks a través de una cadena de movimientos con New York Knicks. Dos caminos distintos, dos perfiles muy diferentes y una misma meta: abrirse paso en la competición más exigente del mundo.
Dos españoles en la primera ronda
La noche del draft dejó una imagen especialmente significativa para el baloncesto español. Mara y De Larrea no solo fueron elegidos por franquicias NBA, sino que lo hicieron en primera ronda, una zona reservada para los proyectos con mayor proyección internacional.
El caso de Aday Mara tiene una dimensión histórica. El aragonés, de 21 años y 2,21 metros, se convirtió en uno de los españoles mejor posicionados de siempre en el draft. Su elección en el número 12 le sitúa muy cerca de nombres como Pau Gasol, Ricky Rubio o Fran Vázquez, referentes nacionales en este tipo de citas.
Sergio de Larrea, por su parte, confirmó una de las grandes sorpresas agradables de la noche. El base de Valencia Basket fue elegido en el puesto 25 por Los Angeles Lakers, aunque sus derechos pasaron después por New York Knicks antes de acabar en Dallas Mavericks. Su futuro inmediato todavía puede depender de la planificación de la franquicia y de su situación contractual, pero su elección confirma que la NBA ya le considera un talento de primer nivel.
Aday Mara, un gigante formado entre Zaragoza y Estados Unidos
El recorrido de Mara empezó en Zaragoza. Antes de convertirse en una de las mayores promesas del baloncesto español, el aragonés llegó incluso a probar suerte con el fútbol. Sin embargo, su físico y su coordinación le terminaron llevando hacia la canasta. Tras pasar por Basket Lupus, su crecimiento se aceleró en las categorías inferiores del Casademont Zaragoza, club en el que comenzó a llamar la atención por unas condiciones poco habituales.
Mara no era únicamente un jugador alto. Desde muy joven destacó por su capacidad para entender el juego, pasar desde el poste, intimidar cerca del aro y modificar lanzamientos rivales con su simple presencia. Esa combinación de tamaño, lectura y talento le convirtió en un proyecto singular dentro del baloncesto español.
Su debut profesional llegó con apenas 16 años. A partir de ahí, su nombre empezó a aparecer en los informes de ojeadores internacionales y universidades estadounidenses. La decisión de marcharse a Estados Unidos marcó un punto de inflexión en su carrera, aunque también abrió una etapa complicada con su salida del Casademont Zaragoza, que derivó en un conflicto entre ambas partes.
Del aprendizaje en UCLA a la explosión en Michigan
El primer destino universitario de Mara fue UCLA, uno de los programas más prestigiosos del baloncesto estadounidense. Sin embargo, su etapa en Los Ángeles no terminó de responder a las expectativas. El pívot español tuvo minutos limitados y no encontró la continuidad necesaria para mostrar todo su potencial.
Lejos de frenarle, aquella experiencia acabó siendo parte de su proceso de maduración. Mara decidió cambiar de escenario y se trasladó a Michigan Wolverines, donde encontró el contexto ideal para crecer. Allí ganó peso en el equipo, asumió un rol mucho más importante y terminó firmando una temporada que cambió por completo su proyección.
Con Michigan se proclamó campeón de la NCAA, un logro inédito para un jugador español en el momento de llegar al draft. Sus promedios, cercanos a los 12 puntos, siete rebotes y más de dos tapones por partido, confirmaron su impacto en ambos lados de la pista. Además, su capacidad para proteger el aro y su visión de juego despertaron comparaciones con perfiles tan diferentes como Nikola Jokic, por su lectura y pase, o Victor Wembanyama, por su envergadura e influencia defensiva.
Ahora, en Oklahoma City Thunder, Mara llega a una franquicia competitiva, joven y acostumbrada a desarrollar talento. Su reto será adaptarse al ritmo físico de la NBA, ganar fuerza y encontrar minutos en un equipo con aspiraciones altas. Pero su techo es evidente: pocos jugadores ofrecen una mezcla similar de tamaño, inteligencia y margen de mejora.
Sergio de Larrea, el base que maduró en Valencia
El camino de Sergio de Larrea ha sido muy distinto. Nacido en Valladolid en 2005, el base creció dentro de una estructura europea, lejos del foco mediático que acompañó a Mara desde muy joven. Su evolución fue más silenciosa, pero también muy constante.
De Larrea se formó en Valencia Basket, una de las canteras más sólidas del baloncesto español. Allí fue quemando etapas de forma progresiva: categorías inferiores, minutos de formación, trabajo con el primer equipo y consolidación en la élite nacional. Su perfil siempre resultó atractivo por una característica cada vez más valorada en el baloncesto moderno: es un base alto, con buena lectura, capacidad para generar juego y amenaza exterior.
Antes de explotar definitivamente en la Liga Endesa, De Larrea ya había dejado señales importantes con las categorías inferiores de la selección española. Uno de los momentos clave de su formación llegó con el oro en el Mundial sub-19 de 2023, una generación que reforzó la idea de que España seguía produciendo talento de primer nivel.
Una explosión que convenció a la NBA
La temporada 2025/26 terminó de cambiar su estatus. De Larrea pasó de promesa interesante a jugador con impacto real en Valencia Basket. Su madurez en la dirección, su capacidad para competir en escenarios exigentes y su evolución física le colocaron en el radar de varias franquicias NBA.
Uno de sus grandes momentos llegó en la Supercopa Endesa, donde fue elegido MVP tras liderar a Valencia Basket hacia el título. Ese reconocimiento confirmó que no era solo un proyecto de futuro, sino un jugador capaz de responder en partidos grandes.
Su perfil encaja muy bien con lo que busca la NBA actual. De Larrea puede dirigir, jugar sin balón, lanzar desde fuera y defender con más tamaño que muchos bases tradicionales. No es un jugador pensado únicamente para anotar, sino para ordenar, leer ventajas y aportar equilibrio. Esa versatilidad explica que Dallas Mavericks haya decidido apostar por él tras una noche de movimientos en el draft.
Dos recorridos distintos para una misma generación
Mara y De Larrea representan dos formas diferentes de llegar a la NBA. El primero apostó por el camino estadounidense, pasó por una etapa difícil en UCLA, renació en Michigan y terminó entrando en la parte alta del draft. El segundo creció en España, maduró en Valencia Basket, ganó peso en la ACB y convenció a la NBA desde el modelo europeo.
Uno es un pívot de dimensiones extraordinarias, llamado a marcar diferencias desde la defensa, la intimidación y la lectura desde la pintura. El otro es un base moderno, alto, cerebral y preparado para adaptarse a un baloncesto cada vez más físico y versátil.
La llegada de ambos a la NBA también tiene un significado más amplio. Después de la generación dorada, España ha vivido una etapa de transición en la liga estadounidense. Ahora, con Mara y De Larrea, aparece una nueva hornada de jugadores capaces de devolver presencia nacional a la competición.
Todavía queda mucho camino por recorrer. Mara deberá adaptarse a la exigencia física de la NBA. De Larrea tendrá que definir cuándo y cómo da el salto definitivo. Pero la primera puerta ya está abierta. Y para el baloncesto español, la noche del draft dejó una certeza: el futuro vuelve a tener acento español.
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