La lógica es sencilla: una camiseta se ve durante 90 minutos y una valla publicitaria desaparece al terminar el partido. El nombre del estadio puede repetirse durante años cada vez que se habla de un club. En televisión, en prensa, en redes sociales, en buscadores o en una conversación entre aficionados. Para una empresa, poner su nombre junto al de un gran equipo supone convertir el patrocinio en una presencia permanente.

El cambio forma parte de una transformación mucho mayor. Como analiza 2Playbook, los estadios están dejando de ser únicamente recintos deportivos para convertirse en activos comerciales capaces de generar ingresos por múltiples vías. El naming es una de ellas, pero precisamente por su capacidad para asociar una marca a la identidad de un club se ha convertido en una de las más visibles.

El nombre de un estadio puede valer millones

Uno de los ejemplos más claros está en Madrid. El Atlético de Madrid convirtió el antiguo Wanda Metropolitano en Riyadh Air Metropolitano después de alcanzar un acuerdo de nueve años con la aerolínea saudí, vigente hasta 2033. El acuerdo forma parte de una alianza comercial mucho mayor entre ambas entidades y, según las estimaciones recogidas por 2Playbook, eleva el paquete de patrocinio a más de 250 millones de euros adicionales durante nueve años.

Antes de Riyadh Air, el estadio pasó por los nombres de Wanda y Cívitas. El anterior acuerdo de naming con Cívitas estaba valorado en unos 8,4 millones de euros anuales, mientras que Wanda había pagado alrededor de diez millones al año durante los primeros años del recinto. El nombre del estadio, por tanto, no es un detalle comercial menor: se ha convertido en un activo que puede generar decenas de millones a lo largo de un contrato.

El caso del Atlético explica también por qué las compañías quieren estos acuerdos. Riyadh Air no solo coloca su marca en un estadio: la vincula durante nueve años a un club con presencia internacional y a una instalación que aparece constantemente en retransmisiones, noticias y contenidos digitales.

Spotify abrió una nueva puerta

El otro gran ejemplo español es el Barcelona. En 2022, el Camp Nou pasó a incorporar el nombre de Spotify, en un acuerdo que combinaba el naming del estadio con el patrocinio de las camisetas y otros activos comerciales. Las cifras iniciales situaban el valor del naming en unos 5 millones de euros anuales, integrado en un paquete de patrocinio mucho mayor.

La alianza se ha prolongado. Barcelona y Spotify ampliaron en 2025 su acuerdo hasta 2030 y la compañía mantiene los naming rights del estadio hasta 2034. Los detalles económicos de la renovación no se hicieron públicos, aunque 2Playbook estimó el valor global del acuerdo por encima de los 100 millones de euros por temporada.

Lo interesante del caso del Barça es que demuestra que el naming ya no tiene por qué limitarse a colocar el nombre de una empresa al lado del nombre del estadio. Puede convertirse en una estrategia para construir una nueva identidad alrededor del recinto.

Spotify ha vinculado el estadio con la música, los artistas y diferentes experiencias para los aficionados. El acuerdo ha ido mucho más allá de una palabra en la fachada y ha intentado construir una relación entre dos industrias: entretenimiento musical y fútbol.

Cuando la marca entra en la historia del club

Ahí aparece la parte más delicada del negocio. El nombre de un estadio no funciona como cualquier otro soporte publicitario.

Una empresa puede desaparecer de una camiseta cuando termina un contrato. También puede dejar de aparecer en una valla. Pero cuando su nombre se coloca junto al de un estadio histórico, entra directamente en la conversación cotidiana del club.

El problema es especialmente evidente cuando se trata de recintos con nombres que llevan décadas formando parte de la cultura futbolística. El aficionado puede aceptar fácilmente que una marca patrocine una camiseta. Mucho más difícil resulta asumir que el lugar al que ha ido desde niño cambie de nombre.

Por eso los acuerdos de naming rights suelen tener una segunda batalla: la de la aceptación social.

El Bernabéu también se suma al cambio

El Real Madrid representa otro paso en esta transformación. El Santiago Bernabéu está incorporando su nueva denominación comercial y ya se han instalado las letras que forman parte de la fachada principal del estadio. El recinto seguirá siendo conocido popularmente como Bernabéu, pero el club avanza hacia una explotación comercial cada vez más amplia de su principal activo físico.

No es un caso aislado. La tendencia demuestra que los clubes están intentando convertir sus estadios en marcas dentro de la propia marca.

La cuestión ya no es únicamente cuánto puede ingresar un equipo por vender una camiseta o cerrar un patrocinio. También cuánto vale el espacio físico donde juega, cuánto vale su nombre y cuánto puede pagar una empresa por aparecer asociado durante años a uno de los símbolos de una ciudad.

Del patrocinio al cambio de identidad

El naming cuenta, en realidad, una transformación más profunda del fútbol. Los clubes necesitan encontrar nuevas fuentes de ingresos y han descubierto que sus estadios son activos con un potencial enorme.

Y el nombre es solo una parte. Los recintos modernos también quieren generar dinero con hospitality, restauración, conciertos, museos, tiendas, eventos corporativos y experiencias para aficionados. 2Playbook ha señalado precisamente cómo el estadio está evolucionando hacia un espacio de entretenimiento que permanece activo mucho más allá de los días de partido.

En ese nuevo modelo, el nombre es la puerta de entrada. Una marca no compra únicamente unas letras en la fachada. Compra presencia, asociación y tiempo.

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