Durante décadas, ver el logotipo de Nike o Adidas sobre una camiseta de fútbol era casi una extensión natural del escudo. Las dos grandes multinacionales construyeron buena parte de su poder en este deporte asociándose con los equipos y futbolistas más reconocibles del planeta. Sin embargo, cuando arranque LaLiga 2026-27, el mapa español mostrará una realidad bastante más fragmentada.

Los veinte clubes de Primera División estarán repartidos entre diez fabricantes diferentes. Nike continúa liderando con cuatro equipos, pero detrás aparece un grupo cada vez más numeroso de competidores: Macron, Hummel y Joma cuentan con tres clubes cada una, Adidas conserva dos y Puma, Umbro, Kelme, Castore y Austral completan el reparto. Una diversidad impensable en otras etapas del fútbol español.

Macron encuentra su sitio entre los grandes

Uno de los movimientos más interesantes lo protagoniza Macron. La firma italiana vestirá esta temporada a Osasuna, Levante y Deportivo Alavés en Primera. Este último supone además una incorporación importante después de que el club vitoriano anunciara en junio su nuevo acuerdo con Macron para vestir tanto al Alavés como al Baskonia.

Su crecimiento no se limita a la máxima categoría. La compañía tiene también una fuerte implantación en Segunda División y en el fútbol femenino, hasta convertirse, en conjunto, en la marca con mayor presencia entre las principales competiciones españolas. En LaLiga Hypermotion aparecen clubes como Burgos, Almería, Ceuta o Tenerife, mientras que su logotipo también está presente en equipos de Liga F.

La estrategia es diferente a la de los grandes fabricantes. Macron no necesita ganar la batalla por vestir al Real Madrid o al Barcelona para aumentar su exposición. Su modelo pasa por acumular acuerdos con clubes de distintos tamaños y ofrecer diseños mucho más vinculados a la identidad local de cada entidad. En la nueva camiseta del Alavés, por ejemplo, la marca ha desarrollado equipaciones inspiradas directamente en Vitoria y Rioja Alavesa. El Levante, socio técnico de Macron desde 2016, también ha utilizado elementos de su historia y de su territorio como parte central de sus diseños.

Las grandes marcas cambian cantidad por gigantes

Eso no significa que Nike y Adidas hayan perdido su poder. Más bien están jugando una partida diferente.

Nike sigue siendo la firma con más presencia en Primera gracias a Barcelona, Atlético de Madrid, Elche y Deportivo de La Coruña. Pero, sobre todo, controla dos activos comerciales enormes. Su relación con el Atlético está garantizada hasta 2035, mientras que su nuevo acuerdo estratégico con el Barcelona fue definido por el propio club azulgrana como el mayor contrato de patrocinio de su historia.

Adidas presenta un escenario todavía más extremo. Únicamente viste a Real Madrid y Sevilla, pero tener menos camisetas no significa necesariamente tener menos negocio. En junio de 2026, el conjunto blanco renovó su histórica alianza con la compañía alemana durante otros ocho años, hasta 2034. El Real Madrid convierte cualquier colección en un producto global y permite que Adidas concentre una parte enorme de su exposición en un solo club.

Ahí aparece una de las grandes diferencias de esta guerra. Nike y Adidas buscan proteger algunos de los escaparates más grandes del mundo; Macron, Hummel o Joma pueden crecer conquistando territorio alrededor de ellos.

Diez marcas para veinte camisetas

Joma representa perfectamente esa segunda vía. La empresa española viste a Getafe, Villarreal y Real Sociedad, que precisamente ha comenzado esta temporada una nueva etapa con la compañía después de abandonar Macron. Hummel mantiene a Betis, Celta y Málaga, mientras que otros fabricantes han conseguido hacerse fuertes con acuerdos individuales: Umbro con el Rayo, Kelme con el Espanyol, Castore con el Athletic, Puma con el Valencia y Austral con el Racing.

El resultado convierte LaLiga en un escaparate extraordinariamente abierto. La mitad de sus clubes no comparte fabricante con más de dos rivales, y diez empresas diferentes competirán cada fin de semana por aparecer en celebraciones, fotografías, retransmisiones y, sobre todo, en las camisetas que compran los aficionados.

Porque detrás del diseño existe un negocio mucho mayor. Vestir a un club significa entrar en sus tiendas, controlar parte del merchandising, lanzar colecciones especiales y vincular la marca a una identidad que muchas veces pasa de generación en generación.

Nike y Adidas continúan teniendo las camisetas con mayor proyección mundial. Pero la temporada 2026-27 deja otro mensaje: para ganar la guerra del equipamiento ya no es imprescindible vestir al equipo más grande. También se puede conquistar el fútbol camiseta a camiseta.

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