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Hay golpes que definen una carrera y otros que representan una forma de entender el tenis. El revés a una mano pertenece a la segunda categoría. Roger Federer lo convirtió en una de las imágenes más reconocibles de este deporte, Stan Wawrinka lo transformó en un arma letal y Grigor Dimitrov hizo de él una seña de identidad. Ahora, Lorenzo Musetti vuelve a reivindicar su belleza y su eficacia.
El italiano conquistó este domingo el ATP 250 de Lyon tras derrotar a Taylor Fritz por 6-3 y 6-4. A sus 24 años, puso fin a una sequía de títulos que se prolongaba desde octubre de 2022, cuando ganó en Nápoles. Desde entonces, había perdido numerosas finales y sufrido problemas físicos que frenaron su progresión.
Su camino hacia el trofeo francés tampoco fue sencillo. En semifinales, salvó cuatro bolas de partido ante Flavio Cobolli antes de remontar y sellar su clasificación. En la final, sin embargo, ofreció una versión mucho más sólida: firmó 19 golpes ganadores, cometió solo 11 errores no forzados y no concedió ninguna bola de rotura. Musetti ganó sin renunciar a su identidad, combinando paciencia, precisión y cambios de ritmo.
El revés a una mano, una especie cada vez menos habitual
Buena parte de esa identidad reside en su revés. En un circuito dominado por la potencia y la velocidad, el italiano conserva un golpe que exige una técnica depurada y una gran coordinación. Su ejecución le permite variar alturas, encontrar ángulos y utilizar el cortado para romper el ritmo de los intercambios.
Sin embargo, el revés a una mano pierde presencia entre la élite. El golpe a dos manos ofrece mayor estabilidad ante bolas altas y potentes, una ventaja en el tenis actual. Por eso, cada vez resulta menos habitual encontrar especialistas de una mano en las rondas finales de los grandes torneos.
Federer es el gran referente de esta técnica, aunque no el único. Wawrinka destacó por la potencia de su revés, mientras que Dimitrov, Stefanos Tsitsipas y Denis Shapovalov mantienen vivo este estilo en el circuito. Musetti, por su parte, utiliza una combinación de variaciones, paciencia y creatividad que le permite construir su propio camino.
La comparación con Federer debe limitarse al estilo, no al palmarés. El italiano no necesita convertirse en una réplica del suizo para reivindicar un golpe que sigue siendo diferencial cuando se domina.
Lyon devuelve la confianza a Musetti
El título francés representa mucho más que un trofeo. Después de cuatro años sin ganar, varias finales perdidas y una temporada condicionada por las lesiones, Musetti vuelve a tener motivos para confiar en su tenis. Su capacidad para resistir ante Cobolli y dominar a Fritz demuestra que puede competir bajo presión y cerrar partidos importantes.
La victoria también supone una inyección de confianza de cara a la Copa Davis, donde Italia aspira a competir con los mejores. A sus 24 años, el transalpino todavía tiene margen para recuperar el nivel que lo llevó a alcanzar el quinto puesto mundial a comienzos de 2026.
Musetti no es el nuevo Federer, ni necesita serlo. Su reto es construir su propia historia con un golpe que pocos dominan y que, precisamente por su dificultad, conserva una personalidad especial. En Lyon recuperó la senda de la victoria y devolvió los focos a una forma de jugar que el tenis moderno parece haber dejado en un segundo plano.




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