España ya no tiene una selección campeona del mundo. Tiene dos. La victoria masculina ante Argentina ha colocado bajo el mismo escudo el Mundial conquistado por las mujeres en 2023 y el levantado ahora por los hombres. Por primera vez, un país conserva simultáneamente los dos grandes títulos mundiales de selecciones absolutas.

El dato es histórico y también permite medir el momento del fútbol español. En apenas tres años, dos equipos diferentes han alcanzado el mismo lugar por caminos propios. Las mujeres lo hicieron en Sídney, derrotando a Inglaterra en una final decidida por Olga Carmona. Los hombres completaron la doble corona en Nueva Jersey, frente a la Argentina de Leo Messi y con un gol de Ferran Torres.

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No existe una línea recta entre ambas victorias. Tampoco conviene presentar el segundo Mundial como la culminación del primero. La selección femenina no necesitaba que los hombres ganaran para legitimar su título, ni el triunfo masculino puede explicarse como una simple continuación de lo ocurrido en Australia. Son dos campeones distintos, con entrenadores, contextos y recorridos diferentes.

Pero juntos describen una realidad que ningún otro país había conseguido reunir al mismo tiempo.

Ellas llegaron primero

La primera mitad de esta historia comenzó en Sídney. España había acudido al Mundial femenino de 2023 rodeada de tensiones deportivas e institucionales. Una parte importante de las internacionales había reclamado cambios en la preparación y en el funcionamiento de la selección. Algunas regresaron para disputar el torneo; otras quedaron fuera. El equipo ganó mientras convivía con un conflicto que no desapareció con las victorias.

Después llegó el gol de Olga Carmona, el pitido final contra Inglaterra y la primera estrella mundial del fútbol femenino español. Aquella generación cambió la posición de España en el mapa y aceleró un crecimiento que ya se percibía en los clubes, en las categorías inferiores y en la aparición de futbolistas como Aitana Bonmatí y Alexia Putellas.

La celebración, sin embargo, terminó condicionada por el comportamiento de Luis Rubiales y por una crisis que obligó a las campeonas a seguir reclamando respeto cuando todavía no habían terminado de disfrutar del título. España ganó un Mundial y descubrió inmediatamente que el éxito deportivo no resolvía los problemas de la estructura que rodeaba al equipo.

Por eso conviene recordar el orden de los acontecimientos. Ellas llegaron primero, pero no lo hicieron sobre un camino despejado. Tuvieron que ganar también mientras discutían las condiciones en las que se les permitía competir.

Dos equipos alrededor de la pelota

Tres años después, la selección masculina completó la coincidencia histórica. Lo hizo con un equipo que, como el femenino, quiso gobernar los partidos desde la posesión y el juego asociativo. No son dos selecciones idénticas ni responden al mismo modelo exacto, pero comparten una cultura futbolística reconocible: centrocampistas capaces de mandar, defensas que no renuncian a iniciar las jugadas y una relación con el balón que va más allá de conservarlo.

En Australia, España había derrotado a Inglaterra asumiendo el protagonismo de la final. En Nueva Jersey, el equipo masculino escondió la pelota a la campeona argentina hasta reducir buena parte de su amenaza. En ambos casos, la victoria surgió de una convicción similar: el balón no era únicamente una herramienta ofensiva, sino una manera de ordenar el partido.

También existen diferencias importantes. El fútbol masculino español cuenta con una estructura profesional, comercial y mediática consolidada durante décadas. El femenino ha crecido de forma acelerada, pero todavía convive con desigualdades en recursos, visibilidad y condiciones. Las dos copas tienen la misma categoría deportiva. Los contextos que hicieron posible conquistarlas siguen sin ser equivalentes. La doble corona no debería utilizarse para ocultar esa distancia. Puede servir, precisamente, para hacerla más visible.

España entra así en un territorio que antes no pertenecía a nadie. Alemania había conseguido ganar ambos Mundiales en distintos momentos, pero nunca llegó a ser campeona vigente de los dos a la vez. España reúne ahora los títulos conquistados en Sídney y Nueva Jersey.

En una copa están los nombres de Cata Coll, Irene Paredes, Jenni Hermoso, Aitana Bonmatí, Alexia Putellas, Salma Paralluelo y Olga Carmona. En la otra aparecen Unai Simón, Cubarsí, Rodri, Nico Williams, Lamine Yamal y Ferran Torres. Dos generaciones, dos vestuarios y dos relatos que ya comparten una página de la historia.

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