La Copa África volvió a demostrar que el fútbol no entiende de jerarquías económicas cuando el balón echa a rodar, pero sí ayuda a explicar quién es quién cuando se apagan los focos. En el torneo continental, Sadio Mané y Brahim Díaz fueron protagonistas por motivos muy distintos. El senegalés levantó el trofeo con liderazgo y carácter, empujando a los suyos a volver al césped cuando el partido amenazaba con descontrolarse y simbolizando la resistencia competitiva de Senegal.
El jugador del Real Madrid, en cambio, quedó marcado por una imagen tan valiente como polémica: falló un penalti decisivo en el último minuto al intentar una panenka que condenó a Marruecos. Una acción que contrastó con el resto de su torneo, donde fue uno de los futbolistas más destacados y terminó como máximo goleador. Dos relatos opuestos en una misma Copa África que sirven como punto de partida para entender una comparación mucho más profunda: la que existe entre sus trayectorias, sus contextos… y sus salarios en 2026.
Sadio Mané llegó a Al-Nassr como una estrella global ya consagrada. Tras marcar época en el Liverpool y levantar prácticamente todos los títulos posibles en Europa, el delantero senegalés aceptó el desafío saudí como muchos otros futbolistas de primer nivel: un contrato irrechazable y un rol central dentro de un proyecto que busca impacto inmediato y visibilidad mundial.
Brahim Díaz, en cambio, ha seguido un camino muy diferente. Tras formarse en el Manchester City, crecer en el Milan y regresar al Real Madrid, el internacional español ha ido ganando peso de forma progresiva en uno de los vestuarios más exigentes del planeta. Su valor no está tanto en el mercado salarial como en la confianza deportiva y la proyección competitiva.
Su salario, en detalle
Hasta bien entrado el segundo tercio de la temporada 2026, ambos tienen contratos plenamente definidos. El sueldo de Sadio Mané asciende a 40 millones de euros brutos anuales, una cifra que lo sitúa entre los futbolistas mejor pagados del mundo. Traducido al corto plazo, Mané ingresa alrededor de 3,33 millones de euros al mes y más de 760.000 euros a la semana, números completamente fuera del estándar europeo.
En el caso de Brahim Díaz, su salario en el Real Madrid es de 7,29 millones de euros brutos al año, lo que supone aproximadamente 607.000 euros mensuales y unos 140.000 euros semanales. Una cantidad muy elevada en términos absolutos, pero que palidece frente al contrato del senegalés. La comparación es contundente: Mané gana en una semana más de lo que Brahim cobra en un mes.
Esta diferencia no responde a rendimiento puntual ni a jerarquía deportiva inmediata. Responde a dos modelos económicos irreconciliables. Arabia Saudí utiliza el fútbol como herramienta estratégica, política y de imagen global. Europa, incluso en sus clubes más poderosos, sigue atada a límites salariales, control financiero y una estructura de ingresos más tradicional.
La brecha se amplía todavía más si se analizan los ingresos extradeportivos. La fortuna de Sadio Mané no se limita a su salario. Su condición de icono africano y figura respetada a nivel mundial le permite firmar acuerdos de patrocinio muy lucrativos, además de inversiones inmobiliarias y proyectos sociales en Senegal que refuerzan su imagen global. En Al-Nassr, su contrato incluye ventajas fiscales, primas por objetivos y una exposición comercial constante en Oriente Medio.
Brahim Díaz, por su parte, tiene un perfil económico más discreto. Sus ingresos por patrocinio son estables, ligados principalmente a marcas deportivas y acuerdos puntuales en España e Italia. El Real Madrid prioriza su rendimiento y su crecimiento futbolístico, más que su explotación comercial individual. A medio plazo, su valor puede crecer notablemente si se consolida como pieza clave en el equipo blanco.
En términos contractuales, el contrato de Sadio Mané es prácticamente irrepetible en Europa. No hay club europeo dispuesto ni autorizado a asumir cifras similares para un jugador de su edad. El contrato de Brahim Díaz, en cambio, encaja perfectamente en el ecosistema del fútbol europeo actual: salarios altos, pero sostenibles, con primas ligadas a títulos y rendimiento.
Esta comparativa entre el sueldo de Sadio Mané y el sueldo de Brahim Díaz sirve para entender por qué la lista de futbolistas mejor pagados de 2026 ya no se concentra exclusivamente en la Champions League. El dinero ha cambiado de eje, y con él, las decisiones de carrera de muchos futbolistas. Al final, ninguno de los dos caminos es mejor ni peor. Mané ha optado por maximizar su fortuna y su impacto global en la recta final de su carrera. Brahim ha elegido competir en la élite más exigente del fútbol mundial, con menos ingresos pero mayor prestigio deportivo.
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