Koke Resurrección y Saúl Ñíguez representan dos formas radicalmente distintas de entender una carrera profesional partiendo del mismo lugar: la cantera del Atlético de Madrid. Ambos crecieron en el Cerro del Espino, debutaron muy jóvenes en el primer equipo y fueron señalados como pilares del futuro rojiblanco. Sin embargo, el tiempo, las decisiones y los contextos los llevaron por sendas muy diferentes.

Hoy, Koke sigue siendo el capitán, la institución y la voz del vestuario del Atlético, con un salario acorde a su peso histórico en el club. Saúl, en cambio, cerró su etapa rojiblanca tras años de cesiones y desgaste, y encontró en Brasil una segunda vida futbolística que incluso le permitió levantar la Copa Libertadores con el Flamengo. Dos caminos opuestos que también se reflejan en sus contratos.

El eterno capitán

Koke nunca se fue. No por falta de ofertas, ni por ausencia de momentos complicados. Simplemente eligió quedarse. Desde su debut en 2009, el centrocampista vallecano ha sido testigo y protagonista de la transformación del Atlético de Madrid en un club estable en la élite europea. Campeón de Liga, de Copa, de Europa League y pieza clave del ciclo de Diego Pablo Simeone, su figura se fue consolidando hasta convertirse en el jugador con más partidos en la historia del club.

Ese estatus tiene reflejo en su salario. En 2026, el sueldo de Koke Resurrección asciende a 6,67 millones de euros brutos anuales, una cifra que lo sitúa en el escalón alto de la plantilla, aunque lejos de los contratos más mediáticos del fútbol europeo. Traducido al detalle, el capitán rojiblanco ingresa alrededor de 555.000 euros al mes y algo más de 128.000 euros a la semana. No es un salario de superestrella global, pero sí el de un futbolista que encarna la estabilidad, el liderazgo y la identidad de un proyecto.

El canterano que encontró su sitio lejos de casa

Saúl Ñíguez, en cambio, vivió el reverso de esa historia. Tras irrumpir con fuerza en el primer equipo y firmar noches memorables como aquel gol al Bayern en semifinales de Champions, su carrera fue entrando en una fase de desgaste. La irrupción de nuevos perfiles, cambios de rol y una relación cada vez más irregular con el banquillo lo empujaron a buscar salidas. Primero fue el Chelsea, en una cesión que nunca terminó de cuajar. Después el Sevilla, donde tampoco logró recuperar sensaciones de forma sostenida.

El desenlace llegó en el verano pasado, cuando Saúl abandonó el Atlético libre de contrato para iniciar una nueva etapa en el Flamengo. Lejos de Europa, pero en uno de los gigantes del fútbol sudamericano, el centrocampista encontró continuidad, protagonismo… y títulos. En su primera temporada completa en Brasil, Saúl ganó la Copa Libertadores, un logro que marcó un punto de inflexión en su trayectoria y le devolvió visibilidad internacional.

En términos económicos, su nuevo contexto también tiene matices. El salario de Saúl Ñíguez en el Flamengo es de 5 millones de euros brutos anuales, lo que supone unos 416.000 euros al mes y cerca de 96.000 euros semanales. Es menos de lo que cobra Koke en el Atlético, pero se trata de un contrato competitivo dentro del fútbol brasileño y, sobre todo, de un acuerdo que prioriza estabilidad y protagonismo deportivo tras años de incertidumbre.

La comparación entre ambos sueldos revela más que una simple diferencia de cifras. El contrato de Koke responde a una lógica de pertenencia y jerarquía interna. El Atlético recompensa no solo el rendimiento actual, sino la trayectoria, el liderazgo y la identificación absoluta con el escudo. Su figura trasciende el césped y se proyecta como símbolo institucional, algo que pocos futbolistas consiguen en la era moderna.

El caso de Saúl es distinto. Su salario en Flamengo refleja una apuesta por relanzar su carrera en un entorno menos asfixiante, donde el peso mediático es diferente y el margen de error mayor. Además, su paso por Brasil ha abierto nuevas vías de ingresos indirectos, desde acuerdos comerciales locales hasta una mayor exposición en un mercado emergente que valora mucho la experiencia europea.

En cuanto al estilo de vida, también hay contrastes. Koke mantiene una vida discreta en Madrid, ligada a su entorno familiar y al día a día del club. Saúl, por su parte, ha abrazado una experiencia más expansiva, adaptándose a la cultura brasileña y a un fútbol donde la exigencia convive con una relación más emocional con la grada. Dos maneras de vivir el éxito, ninguna mejor que la otra.

En el mapa de los futbolistas mejor pagados de 2026, ninguno de los dos aparece en los primeros puestos globales. Pero ambos representan algo quizá más valioso: la prueba de que una carrera no se mide solo por el pico salarial, sino por la coherencia entre decisiones, contexto y bienestar profesional.

La fortuna de Koke Resurrección y la fortuna de Saúl Ñíguez cuentan dos historias nacidas en el mismo vestuario y separadas por el tiempo. Una, la del capitán que nunca se fue y acabó siendo parte del ADN del club. La otra, la del talento que buscó nuevos horizontes hasta reencontrarse consigo mismo lejos de casa. Dos caminos, dos salarios y una conclusión clara: en el fútbol moderno, quedarse también es una elección… y marcharse, a veces, una necesidad.

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