Olson nació con retinoblastoma, un cáncer raro de la retina. Perdió su primer ojo a los 10 meses y, tras enfrentarse a extensos tratamientos, su segundo ojo fue extirpado cuando tenía 12 años, dejándole completamente ciego. A pesar de ello, su amor por el fútbol americano (especialmente por los Trojans de USC) nunca flaqueó. Años después, no solo ingresó a la universidad de sus sueños, sino que también cumplió su objetivo de jugar en el Coliseum Angelino, un logro que inspiró a miles alrededor del mundo. 

Un sueño forjado desde la infancia

Desde muy pequeño, Olson no solo veía al equipo de USC por televisión: vivió una conexión profunda con los jugadores y el ambiente del Coliseum. Antes de perder completamente la vista, aprovechó sus últimos días de visión para estar dentro del programa: caminó por el túnel antes de un juego, estuvo en la banda de entrenamientos y compartió momentos con los jugadores y el entonces entrenador Pete Carroll

Sus entrenadores y compañeros lo acogieron, y ese lazo con el equipo sembró en Olson el deseo inquebrantable de no solo ser un fan, sino parte activa de la plantilla universitaria

Tras mudarse a Orange (California) Lutheran High School, Olson decidió que estar “al margen” del campo ya no era suficiente. A pesar de su ceguera, aprendió por su cuenta a desempeñarse como long snapper (el jugador encargado de pasar el balón entre las piernas al pateador durante intentos de gol de campo o puntos extra). 

Aunque las prácticas estuvieron llenas de frustraciones, fallos y repeticiones, Olson nunca se rindió. “Probablemente pasé seis meses intentando hacer un contacto sólido y constante con el balón… eran días de completa frustración, pero no iba a dejar que eso me detuviera”, contaría posteriormente. 

Sus esfuerzos dieron fruto: fue titular en el equipo de fútbol americano de su instituto durante dos años, y también destacó como golfista, llegando a ganar el campeonato nacional de la Asociación de Golf para Ciegos de Estados Unidos en 2019

Llegada a USC y el momento histórico

Olson ingresó a USC con una beca Swim With Mike, destinada a atletas con discapacidades físicas. Aunque no jugó en sus primeros dos años universitarios, su persistencia finalmente dio resultado. El 2 de septiembre de 2017, durante un partido contra Western Michigan, llegó su gran momento. 

Con la colaboración de sus compañeros y la aprobación del entrenador visitante, Olson fue guiado al campo. Colocado en posición, realizó un pase exitoso (snap) que llevó al pateador a marcar un punto extra. El resultado fue una victoria para USC por 49-31, y el Coliseum estalló en aplausos ante el logro del joven.  Para muchos, fue mucho más que un simple pase: fue la culminación de años de lucha personal, fe y determinación.

Hoy, la figura de Jake Olson representa más que a un atleta: es un símbolo de resistencia ante la adversidad. De bastones y guías a uniformes universitarios, Olson rompió estereotipos y enseñó que el coraje y la perseverancia pueden abrir puertas incluso donde otros no ven posibilidades

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