Lo deportivo quedó en segundo plano. En una noche marcada por la intensidad, violencia y expulsiones, Isaiah Stewart volvió a convertirse en protagonista no solo por su juego, sino por una pelea en la cancha que lo coloca como el jugador más controversial de la NBA en la actualidad. Lo que debía ser un partido entre Detroit Pistons y Charlotte Hornets terminó convertido en una batalla campal con consecuencias que aún resuenan en toda la liga.

El regreso de los 'Bad Boys'

El duelo entre Detroit Pistons y Charlotte Hornets estaba llamado a ser un partido más de temporada regular. Sin embargo, el tercer cuarto lo transformó en una de las noches más tensas del curso. Un choque duro en la pintura, empujones, reproches y, en cuestión de segundos, el partido derivó en un enfrentamiento colectivo que obligó a los árbitros a intervenir con contundencia.

En medio del caos apareció Isaiah Stewart. El pívot, que observaba desde el banquillo, no dudó en saltar a la pista y encarar a Miles Bridges, protagonizando las imágenes más impactantes del altercado. Agarrones, forcejeos y una tensión que obligó a separar a los jugadores mientras el público asistía atónito a la escena.

El resultado fue inmediato: cuatro expulsados, sanciones en revisión y un nuevo episodio polémico en la carrera de Stewart, un jugador que se ha ganado la etiqueta de intimidante dentro de la liga.

La comparación es inevitable. Los “Bad Boys” originales marcaron una era en la NBA basada en dureza, intimidación y un estilo que rozaba constantemente el límite. Hoy, la liga es diferente y las sanciones son más severas, pero el ADN parece resurgir.

Este nuevo Detroit no busca peleas, pero no las rehúye. Juega con el cuerpo, protege a los suyos y convierte cada partido en una batalla física. La pelea contra Charlotte no define al equipo, pero sí refleja el cambio de mentalidad.

Detroit vuelve a imponer respeto

Más allá de la pelea, el momento de los Pistons no es casualidad. El equipo ha dado un giro claro en su forma de competir. Defensa agresiva, ritmo físico y un compromiso colectivo que recuerda, inevitablemente, a otras épocas.

Detroit ya no vive únicamente del talento joven. Vive del choque, del esfuerzo y de la sensación de que nadie va a regalar nada. Los rivales lo saben y lo sienten desde el salto inicial. La presencia de jugadores como Stewart, Jalen Duren o Ausar Thompson ha elevado el tono físico del equipo. No es solo una cuestión de estadísticas: es actitud, lenguaje corporal y una forma de ocupar la cancha que condiciona al rival.

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