La piscina quedó en silencio y comenzó a sonar ‘Mio Cristo Piange Diamanti’, de Rosalía. Iris Tió no eligió una música sencilla ni una coreografía pensada únicamente para acumular dificultad. Eligió una historia, un personaje y una forma de moverse con la que transformar durante unos minutos el Centro Acuático Olímpico de Saint-Denis en un escenario.
La española obtuvo 263,6250 puntos y se proclamó campeona de Europa de solo técnico. La bielorrusa Vasilina Khandoshka, que competía como neutral, se quedó a solo 0,2433 puntos, mientras que la alemana Klara Bleyer completó el podio. Fue el primer oro de España en la natación artística de los Europeos de París y el primer título continental español en esta modalidad.
La diferencia no estuvo en presentar la rutina con mayor dificultad. Tió ganó por su ejecución, su control y, especialmente, por una impresión artística muy superior. Sus movimientos parecían seguir cada cambio de la canción, como si no escuchara la música desde fuera del agua, sino que la llevara incorporada dentro del cuerpo.
Un oro construido desde la emoción
Tió había estrenado este ejercicio apenas unos meses antes, durante la Copa del Mundo celebrada en Pontevedra. Desde entonces trabajó para ganar altura, controlar mejor las figuras y conseguir que la dificultad técnica no redujera la expresividad que siempre ha definido su natación.
“Conecté con la música y pude disfrutar”, explicó después de la final. La frase resume una parte importante de su evolución. Durante años, la barcelonesa sintió que su manera de entender la natación artística, más preocupada por transmitir que por completar movimientos de manera mecánica, no siempre era recompensada por los jueces.
La llegada de Andrea Fuentes al frente de la selección española modificó ese escenario. La entrenadora decidió potenciar sus condiciones como solista y buscar un equilibrio entre la fuerza necesaria para ejecutar las figuras y la sensibilidad con la que Iris interpreta cada rutina. El resultado ha sido una deportista mucho más completa, capaz de ganar incluso frente a rivales con programas de mayor dificultad declarada.
Una infancia rodeada de música
La conexión de Iris Tió con la música no apareció dentro de una piscina. Nació en Barcelona el 2 de noviembre de 2002 y creció en una familia en la que los instrumentos formaban parte de la vida cotidiana. Su padre, Enric, era clarinetista; su madre, Laia, violinista; y su abuela, Mercè Capdevila, desarrolló una reconocida trayectoria como compositora y pionera de la música electroacústica en Cataluña.
Iris estudió piano, formó parte de un coro y aprendió a identificar ritmos y acordes desde pequeña. Sin embargo, fue el agua la que terminó atrapándola. Comenzó a practicar natación artística con solo cinco años, cuando lo que parecía una actividad extraescolar empezó rápidamente a ocupar un lugar central en su vida.
Aquella formación musical continúa siendo una de sus principales diferencias competitivas. Tió no se limita a contar tiempos para ejecutar una figura: interpreta los silencios, acompaña las variaciones de intensidad y utiliza las manos y el rostro para trasladar al público una emoción que en este deporte debe sobrevivir incluso durante las apneas.
La adolescente que Andrea Fuentes señaló antes que nadie
Su primera aparición en un gran campeonato llegó en Gwangju 2019. Tenía apenas 16 años y era la integrante más joven del equipo español, todavía liderado por Ona Carbonell. Mientras la atención se concentraba en la gran estrella de la selección, Andrea Fuentes ya advertía del potencial de aquella adolescente tímida.
“Es la bomba, es lo mejor que ha dado España”, aseguró entonces quien años después terminaría convirtiéndose en su entrenadora. La predicción podía parecer exagerada ante una deportista que acababa de llegar a la élite, pero el tiempo ha terminado acercándola a la realidad.
Tió creció dentro de una generación encargada de continuar el camino abierto por Gemma Mengual y Ona Carbonell, las dos grandes referencias históricas de la natación artística española. La comparación no resulta sencilla, pero su colección de medallas y, sobre todo, su capacidad para ganar pruebas individuales ya la sitúan dentro de esa conversación.
El bronce olímpico que cambió la selección
Los Juegos de París 2024 marcaron otro punto de inflexión. España consiguió la medalla de bronce en la competición por equipos y regresó al podio olímpico de natación artística doce años después. Tió fue una de las piezas fundamentales de un conjunto que combinó dificultad, innovación y una identidad cada vez más reconocible.
La medalla confirmó que la selección había recuperado su lugar entre las grandes potencias, pero para Iris también significó el comienzo de una etapa de mayor protagonismo individual. Ya no era únicamente una integrante de un equipo competitivo. Empezaba a ser una candidata real a dominar las pruebas de solo.
El oro mundial que no consiguieron sus referentes
La confirmación definitiva llegó en los Mundiales de Singapur 2025. Tió conquistó el oro en solo libre con 245,1913 puntos, imponiéndose a la china Xu Huyan y a la bielorrusa Khandoshka. Ninguna española había ganado anteriormente esa prueba en un Campeonato del Mundo.
Ni Gemma Mengual ni Ona Carbonell habían conseguido proclamarse campeonas mundiales en el solo libre. Iris lo hizo con una rutina interpretada al ritmo del ‘Hymne à l’amour’, en la versión de Céline Dion, y cerró el campeonato con seis medallas. Aquel resultado dejó de presentarla como la heredera de una tradición para convertirla en una figura con un legado propio.
El oro europeo de París prolonga esa transformación. Tió comenzó el campeonato con un bronce en solo libre y dos platas en las pruebas de dúo antes de imponerse en el solo técnico. Horas después sumó otra plata con el equipo técnico español, elevando a cinco su número de medallas en la competición.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.