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La NBA lleva años buscando la fórmula para desembarcar en Europa y parece haber encontrado aliados en un lugar que, a primera vista, queda lejos de las canchas de baloncesto. Los grandes clubes de fútbol del continente se han convertido en una pieza fundamental de su proyecto de expansión, una competición que pretende transformar el negocio del baloncesto europeo mediante una inversión de alrededor de 10.000 millones de dólares durante diez años. Real Madrid, Barcelona, Paris Saint-Germain, Bayern de Múnich y Milan aparecen entre los interlocutores de una iniciativa que ya no se limita a competir con la Euroliga, sino que aspira a construir una nueva estructura de propietarios, mercados y franquicias.
Los últimos detalles del proyecto los ha publicado The Guardian, que sitúa en 2028 el lanzamiento completo de NBA Europe, con una fase preliminar prevista para 2027. La competición contará, según las fuentes consultadas por el periódico británico, con 16 equipos, de los cuales doce dispondrían de una plaza permanente y los cuatro restantes accederían mediante mecanismos de clasificación deportiva. Una estructura que recuerda al modelo de las grandes ligas estadounidenses, pero que también recupera parte del debate que provocó el intento de crear una Superliga europea de fútbol.
La operación ha adquirido una nueva dimensión después de que los trece clubes accionistas de la Euroliga rechazaran esta semana la primera propuesta de colaboración presentada por la NBA. La reunión, celebrada en las inmediaciones del lago de Como, no cerró definitivamente la puerta a un acuerdo, pero confirmó las diferencias entre ambas organizaciones sobre el control económico y deportivo de la competición. La NBA y la FIBA respondieron el jueves que mantienen su intención de impulsar una nueva liga continental, independientemente de que finalmente exista una alianza con la Euroliga.
La Champions también quiere jugar al baloncesto
La presencia de los clubes de fútbol no es casual. La NBA busca socios con capacidad económica, grandes bases de aficionados, reconocimiento internacional y experiencia en la explotación comercial del deporte. Son precisamente las características que reúnen algunas de las instituciones más poderosas del fútbol europeo, muchas de ellas acostumbradas a gestionar marcas globales y negociar contratos millonarios de patrocinio y derechos audiovisuales.
El vicepresidente de la NBA, Mark Tatum, mantuvo la semana pasada conversaciones con directivos de Real Madrid, Barcelona, PSG, Bayern de Múnich y Milan, según la investigación de The Guardian. La organización estadounidense contempla tanto la participación de clubes que ya disponen de secciones de baloncesto como la entrada de otros que podrían desarrollar proyectos desde cero o asociarse con entidades existentes.
La diferencia resulta importante. Real Madrid y Barcelona tienen una larga tradición baloncestística y forman parte del núcleo de clubes que gobiernan la Euroliga. El Bayern también dispone de una sección consolidada en la élite europea. En cambio, el PSG representa una marca futbolística internacional que podría incorporarse al baloncesto mediante una nueva estructura empresarial. Para la NBA, no se trata únicamente de captar equipos competitivos, sino de atraer organizaciones capaces de convertir el baloncesto en un negocio de mayor dimensión.
El precio de entrada refleja esas ambiciones. Las franquicias estarían valoradas entre 500 millones y más de 1.000 millones de dólares, según las ofertas conocidas por el periódico británico. La plaza de Londres es la que ha despertado algunas de las pujas más elevadas, con el interés de grupos inversores vinculados al antiguo presidente del Chelsea Todd Boehly, al exdirigente del Tottenham Daniel Levy y al fondo soberano de Arabia Saudí.
El atractivo de Londres, Manchester, Roma o París responde a una lógica comercial que no siempre coincide con la tradición deportiva. La NBA concede especial importancia al tamaño de los mercados, las posibilidades de patrocinio y la existencia de pabellones modernos. La capacidad para generar ingresos se convierte así en un criterio fundamental a la hora de construir la competición, una circunstancia que abre interrogantes sobre el lugar que ocuparían algunas de las plazas históricas del baloncesto europeo.
Doce propietarios fijos y cuatro plazas para competir
La fórmula propuesta por la NBA introduce uno de los elementos más controvertidos del proyecto. De los dieciséis participantes, doce conservarían su plaza de manera permanente. Los otros cuatro tendrían que ganarse el acceso mediante competiciones clasificatorias, con la posibilidad de mantener su puesto en función de los resultados deportivos.
La organización estadounidense estudia dos vías de entrada: una vinculada a la Basketball Champions League y otra mediante un torneo en el que podrían participar los campeones de las ligas nacionales. El sistema definitivo todavía no está aprobado, pero el planteamiento pretende combinar la seguridad económica de las franquicias con una vía de acceso por méritos deportivos.
Esta estructura recuerda inevitablemente al debate sobre la Superliga europea de fútbol. El proyecto impulsado en 2021 por algunos de los principales clubes del continente también contemplaba inicialmente una competición con socios permanentes, una fórmula que generó una fuerte oposición de aficionados, organismos deportivos y buena parte de las instituciones futbolísticas.
El paralelismo resulta especialmente relevante en el caso del Real Madrid. Según las fuentes consultadas por The Guardian, Florentino Pérez ha mostrado un interés particular en el desarrollo de NBA Europe. Una fuente vinculada a un club de la Euroliga sostiene que el presidente madridista sigue de cerca las negociaciones y considera que el nuevo torneo puede tener implicaciones para futuros modelos de competición.
El periódico británico recoge también la interpretación de algunos interlocutores que ven en NBA Europe un posible precedente para recuperar estructuras semicerradas en el fútbol. Sin embargo, no existe una confirmación pública del Real Madrid que permita presentar esa hipótesis como una finalidad del club. Lo acreditado es el interés de sus dirigentes por las conversaciones con la NBA y la participación del Madrid en los debates sobre el futuro de la Euroliga.
La comparación tiene, además, un matiz importante: la propia Euroliga ya funciona con un sistema de licencias de larga duración y clubes accionistas, por lo que la discusión no enfrenta simplemente una competición abierta contra otra cerrada. La verdadera diferencia está en quién controla el torneo, qué condiciones económicas se imponen a sus participantes y qué posibilidades de acceso conservan los equipos ajenos al grupo de propietarios.
Real Madrid y Barça, ante dos caminos para el mismo deporte
El escenario adquiere especial importancia para el baloncesto español. Real Madrid y Barcelona son dos de las marcas más reconocibles de Europa, pero también tienen compromisos e intereses dentro de la Euroliga. La posibilidad de que la NBA impulse su propia competición les obliga a valorar qué modelo deportivo y económico encaja con sus proyectos.
La reunión de los accionistas de la Euroliga terminó con el rechazo a la propuesta estadounidense, aunque las diferencias entre clubes continúan. Según Reuters, los participantes acordaron avanzar hacia un sistema de franquicias permanentes y seguir estudiando una ampliación de los actuales veinte equipos hasta veinticuatro. La decisión sobre nuevas licencias de larga duración deberá concretarse en posteriores reuniones.
El Real Madrid ha mantenido abiertos sus contactos con la NBA mientras participa en las decisiones colectivas de la Euroliga. Por su parte, el Barcelona ha mostrado mayores reservas hacia las condiciones planteadas por la organización estadounidense. La diferencia entre ambas posiciones ilustra las dificultades para alcanzar un acuerdo común, aunque ninguno de los contactos conocidos equivale por sí mismo a una incorporación definitiva a NBA Europe.
La situación también afecta a equipos como Valencia Basket, Baskonia, Unicaja o Joventut. Sus posibilidades de acceder a una competición construida alrededor de grandes mercados y franquicias dependerían de los mecanismos clasificatorios, las licencias y las decisiones empresariales que finalmente se adopten. En algunos casos, el rendimiento deportivo podría resultar insuficiente para garantizar una plaza estable frente a entidades con mayores recursos comerciales.
La NBA sostiene que su proyecto permitirá desarrollar nuevas infraestructuras, academias y oportunidades de negocio. Tatum ha señalado que Europa necesita más pabellones de primer nivel y que estas instalaciones pueden contribuir a generar actividad económica en las ciudades. La propuesta no consiste únicamente en organizar partidos, sino en crear activos deportivos y comerciales capaces de aumentar el valor de las franquicias a largo plazo.
El baloncesto europeo se juega algo más que una competición
El interés económico explica buena parte de la operación. La NBA generó más de 14.000 millones de dólares de ingresos durante la temporada 2025-2026, mientras que un estudio de JB Capital encargado por la Euroliga situó el valor de esta última en aproximadamente 1.410 millones de euros, según los datos recogidos por Reuters. Son magnitudes diferentes —facturación anual frente a valoración empresarial—, pero ayudan a comprender la distinta capacidad financiera de ambas organizaciones.
La Euroliga, por su parte, tampoco atraviesa una etapa de estancamiento. La competición comunicó un incremento del 82% en sus audiencias televisivas durante las primeras 25 jornadas de la temporada 2025-2026 respecto al periodo comparable utilizado por la organización. El crecimiento del interés por el baloncesto europeo es precisamente uno de los factores que explica el desembarco estadounidense.
La incógnita es cómo convivirían dos competiciones que aspiran a reunir a los mejores clubes del continente. Un escenario de rivalidad directa afectaría a los calendarios, los contratos de los jugadores, los ingresos comerciales y las relaciones con las ligas nacionales. También obligaría a las federaciones a definir su papel dentro de un modelo en el que los propietarios de las principales franquicias tendrían una influencia considerable.
El calendario sigue abierto. Mientras The Guardian sitúa el estreno completo de la competición en 2028, la NBA y la FIBA mantienen públicamente sus planes de iniciar el proyecto en 2027. La diferencia puede explicarse por la posible celebración de una fase preliminar antes del lanzamiento de la liga, aunque todavía no se ha comunicado un calendario definitivo.
La discusión sobre NBA Europe ha dejado de limitarse a la entrada de una organización estadounidense en el mercado continental. Los grandes clubes de fútbol, los fondos de inversión y las franquicias permanentes aparecen ahora en el centro de una transformación que puede alterar quién posee y gobierna el baloncesto europeo. En esa disputa, los resultados sobre la cancha seguirán siendo importantes, pero no serán el único criterio que decida quién puede participar en la competición.





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