En La Masia, una de las máximas siempre ha sido enseñar lo largo y difícil que es el camino a la élite, que el fútbol de primer nivel no se conquista a los 17 años sino que se construye paso a paso. Primero aprender, luego competir, y solo después consolidarse. Sin embargo, en el FC Barcelona de los últimos años, esa hoja de ruta ha empezado a romperse por abajo. No por falta de talento, sino por exceso de prisa.
La irrupción fulgurante de Lamine Yamal y Pau Cubarsí, ambos indiscutibles en el primer equipo siendo todavía menores de edad, ha tenido un efecto colateral que el club no había previsto del todo: ha alterado las expectativas de toda una generación. Para muchos juveniles, esos casos ya no son excepciones casi irrepetibles, sino el nuevo estándar. Y cuando ese estándar no se cumple, aparece la frustración.
En los despachos del Barça asumen que algo ha cambiado. Ya no se trata solo de minutos. También de contratos, de estatus y de oportunidades económicas inmediatas. En un club con una situación financiera limitada, donde no siempre es posible blindar a todos los proyectos con salarios competitivos, la tentación de mirar fuera se ha vuelto constante.
Un goteo constante
El primer gran aviso llegó en 2021. Ilaix Moriba, una de las joyas de la cantera, decidió no renovar y salir rumbo al RB Leipzig a cambio de 16 millones de euros. Aquel movimiento marcó un antes y un después. No tanto por lo deportivo, ya que su carrera desde entonces ha sido irregular, como por el mensaje: marcharse pronto ya no era un tabú.
Desde entonces, la lista no ha dejado de crecer. Arnau Tenas optó por salir al Paris Saint-Germain en busca de un contrato y un rol que el Barça no podía garantizarle. Jan Virgili puso rumbo al RCD Mallorca el pasado verano buscando un escenario más propicio para crecer. Y la dinámica no se ha detenido.
En este mercado invernal, todo apunta a que Dro, que había debutado esta misma temporada y figuraba como uno de los proyectos a medio-largo plazo para el técnico Hansi Flick, acabará saliendo también hacia el PSG. Un caso especialmente sensible porque simboliza esa impaciencia creciente: debutar ya no es suficiente; ahora se quiere continuidad inmediata.
A esa lista se suma otro nombre que empieza a sonar con fuerza: Quim Junyent, uno de los juveniles más prometedores, que podría marcharse al UD Almería en busca de protagonismo. El overbooking de centrocampistas tanto en el filial como en el primer equipo habria propiciado que Junyent tomara la decisión de salir. De nuevo, talento hay. Tiempo, cada vez menos.
No todos son Lamine Yamal
El problema de fondo no es solo deportivo. Es cultural. Durante décadas, La Masia fue un lugar donde se aprendía a esperar. Donde jugadores como Xavi, Iniesta o Busquets maduraron lejos de los focos antes de explotar. Hoy, el contexto es otro. El fútbol es más inmediato, más económico y más comparativo. Los jóvenes miran alrededor, ven a Yamal o Cubarsí y se preguntan por qué ellos no.
Pero en el club insisten en una idea clave: esos casos son extraordinarios. No todos los talentos están preparados física y mentalmente para competir en la élite con 17 años. Forzar ese salto puede ser tan perjudicial como frenar una carrera. Sin embargo, explicar eso a una generación criada en la inmediatez no es sencillo.
A todo ello se suma un factor determinante: el Barça ya no puede prometer estabilidad económica a todos. Otros clubes sí. Y cuando un juvenil sabe que puede firmar un contrato mejor fuera, incluso sin garantías deportivas claras, la balanza se inclina rápido. El riesgo se asume antes. El miedo a esperar, también. La paradoja es evidente. Nunca habían salido tantos jugadores jóvenes… y nunca habían debutado tantos canteranos en el primer equipo. El modelo sigue produciendo talento, pero retenerlo se ha convertido en el verdadero reto. El Barça ya no solo compite en el césped, sino también en la gestión de expectativas.
Correr antes de andar. Ese parece ser el gran dilema de la nueva cantera azulgrana. Y mientras algunos triunfan muy pronto, otros se marchan sin haber tenido tiempo real para demostrar si estaban preparados… o no.
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