El Regate

De Fran Vázquez a Tavares: la cima de los tapones en una ACB de otra época

El pívot del Real Madrid supera el récord del gallego y recoge el legado de Romay en una liga transformada por el triple y los espacios

Edy Tavares se coloca como máximo taponador histórico de la ACB tras superar a Fran Vázquez. Real Madrid.
Edy Tavares se coloca como máximo taponador histórico de la ACB tras superar a Fran Vázquez. Real Madrid.

Durante más de cuatro décadas, la clasificación histórica de tapones de la ACB ha tenido tres grandes protagonistas. Fernando Romay fue el primero. Referencia de los pívots intimidatorios que dominaban la pintura en los primeros años de la competición. Tras él, llegó otro gallego, Fran Vázquez; un interior de otra generación que hizo de la explosividad y las ayudas defensivas dos de sus principales armas. Ahora, ese testigo pasa a manos de Edy Tavares. El gigante caboverdiano del Real Madrid ha coronado la montaña este fin de semana en un baloncesto donde la pelota cada vez circula más lejos del aro y los jugadores de su tamaño deben adaptarse a exigencias que sus predecesores apenas imaginaban.

El ‘22’ del Real Madrid ha superado los 738 tapones con los que Fran Vázquez encabezaba la clasificación desde su retirada. El ex del FC Barcelona o Unicaja de Málaga había dejado atrás los 671 de Romay, una marca que permaneció durante más de tres décadas como referencia en la competición. El récord concentra a tres jugadores que han desarrollado sus carreras en épocas muy distintas, aunque todos ellos compartieron una capacidad extraordinaria para proteger la pintura.

El tapón es una de las acciones defensivas más reconocibles y admiradas en el baloncesto. Parar un lanzamiento en seco puede cambiar el devenir de una posesión, además de arrancar la exclamación inmediata en la grada. Esa acción, sin embargo, es sólo la punta del iceberg de la influencia de un defensor. Las estadísticas no registran todas las penetraciones que se abandonan o todos los tiros que se modifican para evitar un brazo extendido. Ahí cohabita una parte sustancial del valor de un jugador como Edy Tavares.

Sus 2,20 metros de altura y su enorme envergadura le permiten condicionar los ataques sin necesidad de tocar siempre el balón. Su capacidad para cerrar espacios, acudir a las ayudas y proteger el aro ha convertido la intimidación en uno de las armas más afiladas del Real Madrid en defensa. El récord del caboverdiano invita a repasar la historia de los grandes taponadores de la ACB, pero también transitar ese recorrido del baloncesto español desde Fernando Romay hasta el center del conjunto blanco.

Las leyendas originales

Allá por 1983 comenzaba la era ACB. Una época en la que Fernando Romay ya era un jugador consolidado en el Real Madrid. En aquel baloncesto, los 2,13 del pívot gallego ya situaban como una figura fundamental. Un interior que ocupaba la zona, protegía el aro y obligaba a los atacantes a superar una presencia física muy difícil de sortear. Pero el juego no era como el actual. Entonces, el triple daba sus primeros pasos en el baloncesto europeo y, todavía, muchos de los ataques buscaban aprovechar las ventajas en la pintura, concediendo un papel protagonista a los ‘cincos’ corpulentos.

Romay puso la guinda a su carrera en la ACB con 671 tapones. Una cifra que, sin embargo, no comprende toda su carrera profesional, pues antes de la creación de la competición había disputado varias campañas de la Liga Nacional, cuando esos datos aún no computaban en la estadística oficial. Este registro, por lo tanto, corresponde sólo a los años comprendidos desde 1983 hasta su retirada.

Sin embargo, en tres décadas nadie había conseguido superarlo. Hasta que llegó él. El 17 de abril de 2016, durante un encuentro entre el Unicaja de Málaga y el MoraBanc Andorra, Fran Vázquez colocó su tapón número 672 para destronar a su paisano y colocarse como líder histórico en este apartado. El partido se detuvo durante unos instantes para reconocer una marca que permaneció intacta durante casi 33 temporadas.

El exjugador pertenecía a otra generación distinta. Un pívot de menor tamaño que basó su carrera en la capacidad de salto, una mayor rapidez en sus desplazamientos y la facilidad para acudir a las ayudas defensivas. Podía bloquear lanzamientos después de recorrer una distancia considerable y aprovechar esa explosividad para cerrar alguna que otra brecha del entramado defensivo de su equipo. Además de Unicaja, pasó por las filas del Gran Canaria, Girona y FC Barcelona. Trayectoria que le permitió no sólo superar la cifra oficial de Romay, sino elevar el techo hasta los 738 tapones.

Entre ambos emergieron otros especialistas en la estadística que también dejaron su impronta. George Singleton acumuló 588 tapones y una leyenda como Arvydas Sabonis – para muchos el mejor jugador europeo de la historia – acabó su estancia en España con 528. Sitapha Savané culminó su trayectoria en el baloncesto nacional con los no menos encomiables 499. Carreras que responden a perfiles diferentes, aunque todos destacaron en esa faceta intimidatoria que no siempre se reproduce en las tarjetas de datos.

La presencia de Sabonis en esta clasificación es paradigmática. No todos los grandes interiores salían del mismo molde. El lituano combinaba su dominio físico con una cuasi irrepetible lectura del juego ofensivo. Su capacidad para pasar, lanzar y organizar los ataques desde los postes le permitía desempeñar funciones que transcendían las habituales para un jugador de su tamaño.

Vázquez acuñó otro libro de estilo. Su explosividad y velocidad para acudir desde el lado débil le permitían defender situaciones que entrañaban mayor dificultad para otro tipo de jugadores. Tavares ha construido su influencia combinando tamaño, envergadura y una capacidad inaudita para proteger la canasta. Sus estadísticas dependen de múltiples factores, pero sobre todo del baloncesto que cada uno de ellos se encontró. La ACB que conoció Romay se parece cada vez menos a la del caboverdiano.

Cuarenta años son demasiados y más para un deporte que ha evolucionado sobremanera en la última década. El lanzamiento exterior ha ganado protagonismo. Los ataques buscan generar espacios mediante bloqueos y circulación de balón, alejando a los interiores de su zona de confort. Las pizarras tratan de provocar emparejamientos favorables y obligar a los defensores a desplazarse continuamente. Un factor que ensancha todavía más la figura del gigante de Cabo Verde.

Para los pívots de gran tamaño, esa evolución situaba nuevas barreras en su juego. Ya no basta con proteger la zona. Ahora deben responder a situaciones de bloqueos directos, defender a jugadores más móviles y evitar que los rivales aprovechen esa diferencia de altura para generar ventajas. Tavares ha conseguido mantener intacta su influencia en este contexto. Lo ha hecho, además, sin renunciar a las características que mejor definen su baloncesto. No ha buscado amplificar su rango de tiro para conservarla. Su presencia en la zona sigue siendo un garantía de éxito al alcance de muy pocos equipos en el Viejo Continente.

Como suele decirse; para muestra, un botón. La mejor prueba de su capacidad para bloquear lanzamientos llegó en noviembre de 2025, cuando colocó ocho tapones frente al Casademont Zaragoza. Fue su mejor marca personal en Liga Endesa y el registro más alto alcanzado por un jugador de la competición en los 18 años anteriores. En cierto modo, aquel partido estableció una conexión con Romay, que hasta entonces figuraba como el único jugador del Real Madrid en lograr ocho tapones en un encuentro de la era ACB. Cifra que, por cierto, alcanzó en tres ocasiones durante la década de los ochenta.

Los intangibles

La regularidad de Tavares es un factor clave para explicar su ascenso en la clasificación histórica de la liga. El madridista superó los 600 tapones en abril de 2024 y, un año y dos meses después, desplazó a Romay de la segunda a la tercera posición tras colocar cuatro tapones en un partido de semifinales de Liga Endesa frente al Unicaja de Málaga. Aquella noche, el gigante de Cabo Verde acabó con 672 tapones en 375 encuentros. Romay obtuvo el récord en 416 partidos.

Las cifras muestran la frecuencia con la que Tavares ha bloqueado lanzamientos desde sus primeros años en el Gran Canaria. Su capacidad para intimidar tampoco se ha reducido con el paso del tiempo. En la temporada 2025-26 promedió 2,2 tapones por partido y recibió por sexta vez consecutiva el premio al mejor defensor de la Liga Endesa. Pero incluso esos números resultan insuficientes para explicar todo lo que aporta.

Un atacante que supera a su defensor exterior puede encontrarse con Tavares cerrándole el camino hacia el aro. Ante esa situación, tiene varias opciones: intentar finalizar por encima de él, detener la penetración o buscar a un compañero mejor situado. La decisión depende de muchos factores, entre ellos la presencia del pívot del Real Madrid. No todas esas situaciones terminan con un tapón. Algunas ni siquiera llegan a convertirse en un lanzamiento. Por eso, la influencia de Tavares no puede medirse únicamente por los tiros que consigue bloquear.

También importa cómo se relaciona con el resto de la defensa. Un buen protector del aro debe reconocer cuándo acudir a una ayuda, qué espacios abandonar y cómo responder a los movimientos del ataque. La intimidación resulta mucho más valiosa cuando forma parte del funcionamiento colectivo que cuando depende de una intervención aislada.

Tavares tampoco está libre de dificultades. Los rivales pueden intentar alejarlo de la pintura mediante bloqueos directos, buscar emparejamientos con jugadores más pequeños o forzar situaciones en las que tenga que defender lejos de la canasta. Su tamaño, determinante en unas circunstancias, puede complicarle otras. Esa es precisamente una de las particularidades de su trayectoria. En una competición que exige cada vez más movilidad y versatilidad a los interiores, el caboverdiano ha conseguido que la protección del aro continúe siendo una de las grandes fortalezas de su equipo.

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