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La Euroliga puede estar ante una de esas reuniones que terminan explicándose mejor varios años después. Los 13 clubes propietarios de la competición se reúnen este martes a orillas del Lago de Como con varios asuntos de fondo sobre la mesa, pero todos confluyen en una misma pregunta: qué quiere ser la principal competición europea de clubes cuando la NBA ya no oculta su intención de entrar directamente en el continente.
El plan propio de la Euroliga pasa por profundizar precisamente en aquello que durante años la ha diferenciado del modelo tradicional europeo: más plazas estables, más franquicias y menos dependencia del acceso por méritos deportivos. Los accionistas deben votar un plan estratégico a diez años que contempla convertir a los actuales propietarios en franquicias y ampliar la competición desde los 20 equipos actuales hasta 24 participantes.
No es un simple cambio de formato. La organización ha recibido 14 candidaturas para un máximo de ocho nuevas plazas de larga duración, una señal del interés que despierta entrar en una competición cuyo acceso continúa siendo uno de los grandes puntos de fricción del baloncesto continental. La Euroliga se marca además como objetivo alcanzar una valoración conjunta de 4.300 millones de euros en 2027 y crecer aproximadamente un 15% anual en ingresos, según la información publicada por Reuters.
La discusión llega justo cuando la NBA trabaja para lanzar su propio proyecto europeo a partir de 2027. Lo que hasta hace unos meses podía parecer una amenaza lejana se ha convertido en un elemento central de cualquier decisión estratégica adoptada por la Euroliga. Ambas organizaciones mantienen conversaciones, pero también han dejado claro que están preparadas para seguir caminos separados si no encuentran un punto de encuentro.
Una Euroliga cada vez más parecida a una liga cerrada
La evolución no empieza hoy. La Euroliga lleva años avanzando hacia un modelo en el que determinados clubes disfrutan de una posición estable dentro de la competición y participan además de su propiedad. La reunión de Como puede llevar esa lógica un paso más allá.
Los actuales accionistas estudiarían una transformación que consolidaría su condición de franquicias permanentes, mientras la ampliación abriría la puerta a nuevos miembros estables. Es una diferencia importante con el sistema europeo tradicional, en el que la participación internacional depende fundamentalmente de los resultados obtenidos en las competiciones nacionales.
Ese equilibrio lleva años tensionándose. Real Madrid, Barcelona, Olympiacos, Panathinaikos, Fenerbahçe y otros grandes clubes necesitan previsibilidad económica para presupuestar temporadas cada vez más costosas, pero las ligas nacionales y los equipos que no poseen licencia permanente reclaman conservar una vía deportiva para entrar en la máxima competición.
La propuesta de ampliar hasta 24 equipos intenta resolver parcialmente esa contradicción: crecer sin renunciar al control de los propietarios actuales. Sin embargo, también puede hacer todavía más evidente la transformación de la Euroliga en una estructura basada en mercados, inversión y estabilidad contractual.
Valencia Basket, Paris Basketball y Dubai aparecen entre los candidatos mejor posicionados para conseguir una plaza permanente si ese debate entra finalmente en la votación de este martes, según Cadena SER. La emisora advierte, no obstante, de que algunos propietarios consideran prioritario reformar primero la estructura interna antes de incorporar nuevas franquicias, por lo que no está garantizado que la ampliación se cierre hoy.
Ahí aparece uno de los principales puntos de tensión. No todos los actuales accionistas ocupan exactamente la misma posición empresarial ni tienen idénticos intereses. Antes de abrir definitivamente la puerta a ocho nuevos socios, parte de los clubes quiere definir mejor qué derechos tendrá cada uno y cómo se repartirá el crecimiento futuro.
La NBA ya no observa desde fuera
Si esa discusión ya sería importante por sí misma, la presencia de la NBA en el horizonte ha acelerado los tiempos. La liga estadounidense trabaja desde hace meses en NBA Europe, una competición que pretende arrancar en 2027 y que combinaría grandes mercados, clubes históricos y nuevas franquicias. La NBA ha mantenido contactos con instituciones deportivas de ciudades como París y Milán y estudia una estructura que puede competir directamente por patrocinadores, audiencias, jugadores y propietarios con la actual Euroliga. Reuters ha confirmado que las conversaciones entre ambas organizaciones continúan y que las dos están dispuestas a seguir por separado si no alcanzan un acuerdo.
La Euroliga llega, por tanto, a Como con una paradoja. Cuanto más se aproxima al modelo de franquicias que históricamente representa la NBA, más cerca parece estar de competir contra ella.
El proyecto estadounidense no es una copia directa de su competición norteamericana, pero sí parte de una idea parecida: asegurar plazas en mercados considerados estratégicos, construir activos con valor creciente y reducir la incertidumbre que provoca depender cada temporada de la clasificación deportiva.
La NBA ha mostrado interés por grandes capitales europeas y clubes con fuerte capacidad comercial, un enfoque que no coincide necesariamente con la geografía tradicional del baloncesto continental. Ciudades como Belgrado o Kaunas tienen una cultura de baloncesto extraordinaria, pero mercados como Londres, París o Berlín ofrecen otras posibilidades comerciales.
Ahí está una de las diferencias que puede definir la próxima década. La Euroliga intenta crecer apoyándose en una tradición deportiva ya existente; la NBA podría tratar de construir una competición alrededor de los mercados donde considera que existe mayor potencial económico.
14 candidatos para ocho plazas
La cifra ayuda a entender por qué los propietarios no quieren esperar demasiado. Catorce proyectos han presentado su candidatura para un máximo de ocho nuevas franquicias de larga duración.
La ampliación permitiría llegar inicialmente a 24 equipos, aunque algunos planes publicados por la prensa especializada contemplan un crecimiento posterior todavía mayor. AS apunta incluso a un horizonte de 28 franquicias, aunque esa fase no forma parte de una decisión confirmada para este martes.
La elección de nuevos participantes ya no dependería únicamente de quién haya ganado una liga o una EuroCup. Entran también en juego el pabellón, el mercado televisivo, la capacidad de generar ingresos, la estabilidad económica y el atractivo comercial de la ciudad.
Dubai es quizá el ejemplo más evidente de esa transformación. Su entrada en la Euroliga ya amplió la competición mucho más allá de sus fronteras deportivas tradicionales. París representa otro tipo de apuesta: una gran capital europea donde el baloncesto intenta convertir el crecimiento reciente en una estructura duradera. Valencia, por su parte, ofrece una combinación distinta: tradición, pabellón propio de nueva generación y un proyecto económico consolidado.
No son tres candidaturas iguales, pero las tres explican qué busca ahora la Euroliga.
Crecer para no perder terreno
El problema es que el crecimiento también cuesta dinero. Algunos de los clubes más poderosos del continente llevan años registrando pérdidas importantes en sus secciones de baloncesto. Reuters recuerda precisamente que Real Madrid y Barcelona han sostenido déficits recurrentes, una realidad que alimenta las dudas sobre hasta qué punto puede multiplicarse el valor de la competición sin resolver primero su rentabilidad.
La Euroliga cree que la expansión, los nuevos mercados y una mayor estabilidad pueden incrementar los ingresos. Sus críticos plantean la pregunta contraria: si algunos de los mayores clubes europeos ya necesitan aportaciones continuas de sus propietarios, ampliar el modelo no garantiza que vaya a hacerlo sostenible.
Ese es también uno de los grandes atractivos de la NBA. Su capacidad comercial, su experiencia en venta centralizada de derechos y su marca global ofrecen una escala que la Euroliga no posee. Esa fortaleza financiera puede resultar especialmente atractiva para clubes europeos que llevan años asumiendo pérdidas. Pero aceptar una integración tendría otra consecuencia: ceder una parte del control.
Los 13 accionistas actuales no sólo participan en la Euroliga. La gobiernan. Cualquier acuerdo que colocase a la NBA en una posición dominante obligaría a redefinir quién toma las decisiones sobre calendario, expansión, mercados o reparto de ingresos. Por eso la cita de Como no se limita a discutir si entran cuatro u ocho equipos más. Tampoco existe, por ahora, una votación sencilla entre “Euroliga o NBA”. Lo que se discute es con qué estructura quiere llegar el baloncesto europeo a esa negociación.
La Euroliga tiene una ventaja evidente: ya existe, reúne buena parte de los clubes más poderosos del continente y cuenta con una competición asentada. La NBA aporta una potencia financiera y comercial difícil de igualar. Entre ambas hay una batalla que apenas comienza. Y la respuesta inicial de la Euroliga parece clara: antes de que llegue la NBA, quiere crecer, reforzar a sus propietarios y convertir su estabilidad en valor. La reunión de Como dirá hasta dónde está dispuesta a hacerlo.



