Hay deportistas que nacen para competir. Y hay otros que, cuando el destino los empuja al abismo, deciden volver a empezar. La historia de Higinio Rivero pertenece a la segunda categoría. Natural de Barakaldo (Bizkaia), Rivero creció con una pulsión casi instintiva por el movimiento. No era un deportista de disciplina única. Era de los que buscan el límite. Agua, montaña, resistencia, velocidad. Siempre un paso más allá. Siempre una cima nueva que conquistar. Su vida, antes del accidente, era una colección de desafíos encadenados.

El deportista que nunca se quedaba quieto

Rivero no era un nombre mediático. No vivía bajo los focos. Pero su vida giraba en torno al esfuerzo físico y la adrenalina. La resistencia era su lenguaje natural. El sufrimiento controlado, su territorio.

Los deportes de riesgo no eran para él una excentricidad, sino una forma de entender el mundo. El cuerpo como herramienta. La naturaleza como escenario. El miedo como algo que se entrena y se supera. Cada reto era una conversación consigo mismo. Esa mentalidad sería, sin saberlo, su salvavidas años después.

Hay momentos que dividen una vida en antes y después. Para Rivero, ese instante llegó en forma de accidente. Un golpe que no solo afectó a su físico, sino que obligó a redefinir por completo su identidad deportiva. De repente, el cuerpo que había sido aliado se convirtió en incertidumbre. La recuperación no fue solo médica. Fue emocional. Fue psicológica. Fue existencial.

Para alguien acostumbrado a desafiar la naturaleza, aceptar una nueva realidad física era el desafío más duro de todos. No había cronómetro. No había línea de meta visible. Solo un proceso lento, doloroso y lleno de preguntas.

Muchos habrían entendido el accidente como el punto final. Rivero lo transformó en punto y aparte. El deporte no desapareció de su vida. Cambió de forma. Se adaptó. Se transformó en deporte paralímpico. Lo que antes era vértigo puro pasó a ser estrategia, técnica y resistencia aplicada a una nueva dimensión. La adaptación al alto rendimiento paralímpico no es automática. Requiere reaprender gestos técnicos, adaptar el entrenamiento, entender el material específico y, sobre todo, reconstruir la confianza. Rivero no solo volvió a entrenar. Volvió a creer.

El salto a la élite paralímpica

Su evolución fue silenciosa, pero constante. Competición tras competición, fue ganando experiencia y puntos hasta consolidarse como una referencia emergente del deporte adaptado español. La primera gran conquista llegó con su presencia en los Juegos Paralímpicos. No era solo una clasificación. Era la confirmación de que el camino elegido tras el accidente tenía sentido. Pero Rivero no se detuvo ahí.

El siguiente paso fue todavía más ambicioso: la nieve. El esquí de fondo paralímpico, una disciplina exigente, técnica y dominada tradicionalmente por potencias del norte de Europa. Rivero decidió competir en ese terreno hostil. Y lo hizo hasta lograr algo inédito para España: convertirse en pionero nacional en esta disciplina dentro de unos Juegos Paralímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026. No es solo una participación. Es una puerta abierta. Un precedente. Un mensaje para futuras generaciones de deportistas con discapacidad que miren hacia el invierno como horizonte competitivo.

Más que un deportista, un símbolo

La historia de Higinio Rivero no se mide en medallas. Se mide en resiliencia. Su trayectoria condensa todos los elementos del relato deportivo clásico: talento, caída, reconstrucción y legado. Pero con un matiz diferencial: el accidente no lo destruyó, lo redefinió. En una sociedad que a menudo asocia la discapacidad con límite, Rivero representa exactamente lo contrario: expansión. Ampliación de horizontes. Exploración de nuevas cumbres.

Su nombre quedará vinculado a un momento fundacional para el deporte adaptado español en invierno. Pero, más allá de los resultados, su historia es una lección silenciosa: el riesgo puede cambiar tu vida, pero no tiene por qué definirla. De Barakaldo al escenario paralímpico internacional. Del deporte extremo al esquí nórdico. Del accidente a la bandera española en unos Juegos.

Hay trayectorias que se escriben con títulos. Y otras, como la de Higinio Rivero, que se escriben con carácter.

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