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El Regate

El dinero y la salud mental expulsan a las futbolistas antes de tiempo

El nuevo informe de FIFPro demuestra que la idea de abandonar el fútbol, es algo que ha rondado la cabeza de más del 49% de las deportistas encuestadas, sobre todo por motivos de precariedad

Artículos escritos por Carlos Molina en ElPlural.com
Paula Sancho Gonzalez, jugadora del Valencia femenino| EP

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El auge del fútbol femenino no implica que las jugadoras vayan a tener una carrera más o menos longeva. Detrás de la gran expansión que ha habido en el último lustro, el Global Employment Report 2026 realizado por FIFPro identifica una realidad no tan conocida: la inseguridad financiera, el desgaste psicológico y unas condiciones laborales no siempre permiten mantener una carrera profesional a largo plazo. El dato que muestra el estudio es bastante preocupante. Cerca del 49% de las encuestadas afirman haber pensado en retirarse antes de tiempo.

Las razones apuntan a un problema que va más allá del rendimiento deportivo. Entre los motivos mencionados para considerar una retirada anticipada, el 59% señala las dificultades económicas, el 46% el estrés psicológico y el 39% la búsqueda de un mejor equilibrio entre la vida personal y laboral. Los porcentajes muestran que la continuidad de una carrera no depende únicamente de los resultados sobre el césped, sino también de la posibilidad de mantener unas condiciones de vida y de trabajo sostenibles.

Una carrera profesional marcada por la inseguridad económica

El principal factor por el que las futbolístas están planteandose esta cuestión es la situación financiera. El crecimiento que ha sufrido la economía del fútbol femenino ha aumentado la desigual distribución de los recursos y con salarios que muchas veces, no permiten que las jugadoras se dediquen única y exclusivamente al deporte.

El informe sitúa el salario mensual medio procedente de los clubes en 2.237 euros, mientras que la mediana se reduce a 1.435 euros. La diferencia entre ambas cifras refleja el peso que tienen las remuneraciones más elevadas sobre el promedio y ayuda a comprender por qué el crecimiento económico del sector no se traduce en las mismas oportunidades para todas las futbolistas.

La incertidumbre también aparece en las condiciones contractuales. La duración media de los contratos es de 1,6 años y el 24% de las encuestadas asegura haber sufrido retrasos en los pagos durante las dos últimas temporadas. Además, el 42% afirma no disponer de una pensión proporcionada por su club y otro 38% desconoce si cuenta con ella. La falta de estabilidad no se limita, por tanto, a los ingresos inmediatos, sino que afecta también a la seguridad económica a largo plazo.

Estas circunstancias ayudan a explicar por qué algunas jugadoras pueden llegar a cuestionarse la continuidad de su carrera incluso cuando siguen compitiendo a nivel profesional. Cuando los ingresos, la duración de los contratos y las perspectivas de futuro no ofrecen suficiente seguridad, mantener el fútbol como actividad principal se convierte en una decisión condicionada por factores que exceden lo deportivo.

El desgaste psicológico también amenaza la continuidad

La salud mental constituye el otro gran foco de preocupación del estudio. El 57% de las futbolistas encuestadas afirma haber tenido problemas de salud mental y, según el informe, la mitad de las jugadoras que los han experimentado no recibió apoyo de su club. El dato revela una distancia entre las necesidades de las deportistas y los recursos que encuentran en sus entornos profesionales.

El estrés psicológico aparece, además, entre las razones que llevan a considerar una retirada anticipada. Para FIFPRO, el problema no puede abordarse únicamente desde la responsabilidad individual de cada jugadora: las condiciones de trabajo, la disponibilidad de personal especializado y el entorno en el que desarrollan su actividad también forman parte de la ecuación.

El documento recoge testimonios de futbolistas que describen las dificultades de trabajar en estructuras que no siempre ofrecen las condiciones que cabría esperar de un entorno profesional. Entre los problemas señalados aparecen las exigencias deportivas sin un respaldo equivalente de recursos y la falta de garantías suficientes para proteger el bienestar de las jugadoras. El crecimiento de la actividad, por sí solo, no asegura que los clubes dispongan de los medios necesarios para acompañar ese proceso.

A esta realidad se añaden las presiones en redes sociales. El informe advierte de que las redes pueden exponer a las futbolistas al acoso y a los abusos en línea, con consecuencias para su bienestar psicológico. También señala que muchas dependen de su presencia en estas plataformas para complementar sus ingresos, lo que dificulta que puedan alejarse de ellas sin asumir un coste económico. La exposición pública puede convertirse así en una fuente adicional de presión.

El apoyo psicológico, una asignatura pendiente

Las cifras sobre salud mental plantean una cuestión concreta sobre la responsabilidad de los clubes. Si más de la mitad de las futbolistas encuestadas ha sufrido problemas psicológicos y la mitad de quienes los han experimentado no ha recibido apoyo de su entidad, la disponibilidad de recursos especializados aparece como uno de los aspectos que deben revisarse.

FIFPRO reclama que la asistencia psicológica forme parte de los estándares mínimos de protección de las jugadoras. Su propuesta no se limita a ofrecer ayuda cuando aparece una dificultad, sino que busca garantizar un acompañamiento orientado al bienestar y que no dependa exclusivamente de las prioridades deportivas del club.

El informe también defiende la necesidad de establecer condiciones laborales mínimas vinculantes en ámbitos como la remuneración, las instalaciones, la dotación de personal y la salud. La organización considera que estas garantías deben incorporarse a los acuerdos laborales y desarrollarse con la participación de los sindicatos de futbolistas. El objetivo es que la protección no dependa únicamente de los recursos del equipo en el que juega cada deportista.

La dimensión del problema también se aprecia en la falta de acuerdos colectivos: solo ocho de las 30 ligas nacionales de fútbol femenino analizadas en el estudio cuentan con un convenio colectivo sobre condiciones laborales negociado con las jugadoras a través de sus sindicatos. La diferencia entre países y competiciones condiciona, por tanto, el acceso a determinadas garantías.

Etiquetas Deportes Fútbol

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