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No es sorpresa para nadie que el fútbol femenino se encuentra en uno de sus mejores momentos a nivel económico. Récord de asistencia en el último Clásico, una mayor cantidad de ingresos televisivos, pero un problema todavía evidente en un mundo que no para de crecer.
El último informe de FIFPro anuncia una verdad dolorosa, el crecimiento económico del conglomerado del futbol femenino no corresponde con la realidad de muchas futbolistas que todavía no pueden vivir única y exclsivamente del fútbol. El 31% de las jugadoras tienen que compaginar con otro empleo y el 39% lo hacen con sus estudios. Es una realdiad de la que no todo el mundo es consciente y a pesar de que probablemente, el sector se encuentre en su mejor momento económico, ese crecimiento no se corresponde con la realidad de muchas de sus protagonistas.
Un crecimiento económico que no llega por igual a las jugadoras
El crecimiento del fútbol femenino es algo evidente, pero lo que remarca el estudio es que ese aumento económico no se reparte de forma equitativa entre el mercado y las deportistas. Las difenrencias entre las jugadoras mejores pagadas y el resto es mucho más amplia, a pesar de ser una de las reinvidicaciones del sector.
Los datos salariales ayudan a entender esa brecha. Según FIFPRO, los ingresos mensuales medios procedentes de los clubes durante los meses en los que se recibe un pago alcanzan los 2.237 euros a escala mundial. La cifra supone un incremento respecto a los 600 dólares mensuales de media registrados en la muestra del informe de 2017, pero el propio estudio advierte de que el promedio puede aumentar considerablemente por los salarios elevados de un grupo reducido de futbolistas.
Por eso, la media no representa necesariamente lo que cobra una jugadora habitual. La mediana mensual se sitúa en 1.435 euros, una cantidad que divide a la muestra entre la mitad que gana más y la mitad que gana menos. La distancia entre ambos indicadores refleja la desigualdad salarial que acompaña al crecimiento del fútbol femenino. El estudio también señala que el 82% de las futbolistas encuestadas recibe algún tipo de remuneración de su club, pero eso no significa que el dinero sea suficiente para sostener su actividad deportiva. La diferencia entre cobrar y poder vivir de lo que se cobra constituye uno de los principales problemas que identifica el informe.
Aumento de los salarios que no permite pagar la vida profesional
Ese crecimiento en los salarios está perfecto, pero a pesar de eso muchas jugadoras todavía no pueden pagar lo que implica ser futbolísta progesional. Es decir, que esten mejor pagadas no significa que puedan aforntar los costes derivados de la vida deportiva. El informe recoge que el 78% de las encuestadas dispone de un contrato escrito con su club, mientras que el 62% se considera profesional. La existencia de un vínculo contractual, por tanto, no equivale necesariamente a sentirse plenamente reconocida como profesional ni a contar con unas condiciones económicas suficientes.
FIFPRO distingue entre el reconocimiento formal y las condiciones reales de trabajo. En su análisis, la profesionalización requiere algo más que un contrato y un pago: también implica salarios justos, contratos a tiempo completo y entornos laborales seguros, dignos y equitativos. El informe advierte de que las jugadoras pueden asumir exigencias propias de una actividad profesional sin recibir una remuneración o un trato equivalentes.
La precariedad también amenaza la continuidad de las carreras
La incertidumbre económica influye también en la posibilidad de tener una carrera larga. El 49% de las jugadoras se han planteado abandonar el fútbol mucho antes de tiempo ante esta realidad. Entre las jugadoras que les ha rondado esta idea por la cabeza argumentan motivos económicos como la razón más común, con un 59%. Además de este motivo, también se recogen otros muchos como: el estrés psicológico con un 46% de las respuestas, mientras que mejorar el equilibrio entre la vida personal y la profesional alcanza el 39%.
Estas cifras muestran que la continuidad de una carrera deportiva no depende únicamente del rendimiento sobre el campo, sino también de la estabilidad financiera, las condiciones de trabajo y la posibilidad de compatibilizar el fútbol con otras dimensiones de la vida. A esa incertidumbre se suma la duración de los contratos. El estudio sitúa su extensión media en 1,6 años, mientras que el 24% de las jugadoras afirma haber experimentado retrasos en los pagos durante las dos últimas temporadas. Además, el 42% no dispone de una pensión proporcionada para su jubilación y otro 38% desconoce si cuenta con ella. La seguridad económica, por tanto, no se limita al salario mensual: también afecta a la estabilidad durante la carrera y a la protección después de retirarse.
Trasladar ese crecimiento a unas condiciones laborales justas
Las conclusiones de este apartado dan una muestra interesante. FIFPro ha remarcado que el crecimiento en el fútbol femenino es una realidad, pero que todavía queda mucho trabajo por hacer. Ese gran crecimiento que se ha vivido en los últimos años, todavía queda que se refleje en unas mejores condiciones laborales, o que al menos se les aseguren una serie de elementos que permitan que puedan desarrollar su actividad de manera completa. Una mayor protección institucional para que los avances no se concentren en unos solos y sea una realidad de todas las futbolistas.
El estudio también señala que la profesionalización no puede desarrollarse al mismo ritmo en todos los países, pero sostiene que deben existir unos mínimos laborales compartidos. Entre ellos figuran la remuneración justa y regular, los contratos adecuados y unas condiciones de trabajo que protejan y respeten a las futbolistas.




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