Había que recorrer bastante deporte durante el pasado fin de semana para encontrarse con casi todo lo que ofrecían Teledeporte y RTVE Play. Fútbol femenino en Badalona, Madrid, Granada o Tenerife. Un Mundial de balonmano en silla de ruedas en Granollers. Atletismo desde Copenhague. Tenis desde Valencia. Motocross en Alcañiz, Superbikes en Navarra, rallycross en Portugal y un Mundial de ciclismo que acababa de arrancar al otro lado del Atlántico, en Montreal.
No era una selección de recomendaciones ni una suma de emisiones procedentes de distintas plataformas. Todo podía verse gratis a través de RTVE. Entre el sábado y el domingo, la televisión pública programó competiciones de más de una decena de disciplinas, desde dos encuentros de Liga F el sábado hasta las finales del Mundial mixto de balonmano en silla de ruedas del domingo. También hubo fútbol sala femenino y masculino, voleibol, balonmano, tenis y baloncesto adaptado.
Lo particular de aquella parrilla no era ninguna retransmisión por separado. Era poder encontrarlas juntas y sin una suscripción. En un mercado audiovisual en el que buena parte del deporte con mayor capacidad comercial ha quedado repartido entre operadores y plataformas de pago, Teledeporte y RTVE Play mantienen una ventana que resulta especialmente importante para competiciones con menor músculo económico, deportes femeninos o disciplinas adaptadas.
Una parrilla difícil de construir solo con criterios comerciales
Meter todos esos deportes en el mismo saco sería engañoso. El Mundial de ciclismo no ocupa la misma posición que un campeonato de balonmano en silla de ruedas y la Liga F dispone de una estructura profesional y unos derechos audiovisuales con valor comercial propio. El denominador común está en otro lugar.
Una televisión pública no necesita decidir toda su programación deportiva únicamente por el número de abonados que puede conseguir una retransmisión. Esa diferencia está recogida incluso en el Manual de Estilo de RTVE. El documento establece que los contenidos deportivos deben atender las preferencias mayoritarias de la audiencia, pero añade que los deportes minoritarios y los practicados por personas con discapacidad deben contar con una “presencia adecuada”.
El Mundial mixto de balonmano en silla celebrado en Granollers ofrece quizá el ejemplo más evidente. El sábado, RTVE emitió los cuartos de final entre España y Brasil. El domingo abrió su programación tanto al partido por el tercer puesto como a la final. A su alrededor aparecían acontecimientos capaces de movilizar audiencias y mercados muy diferentes.
El mismo domingo comenzaron en Montreal los Mundiales de ciclismo con las contrarrelojes élite femenina y masculina. La competición continuará durante toda esta semana y podrá seguirse gratuitamente en Teledeporte y RTVE Play, desde las categorías júnior y sub-23 hasta las pruebas élite en línea que cerrarán el campeonato el próximo fin de semana.
La Liga F y la necesidad de que primero te vean
El fútbol femenino plantea otra parte del debate. Su presencia en abierto no responde simplemente a la ausencia de interés comercial. De hecho, Liga F y RTVE renovaron en agosto su acuerdo para las próximas tres temporadas. La televisión pública ofrecerá la mitad de los encuentros de cada jornada y tendrá garantizado uno de los clásicos entre Barcelona y Real Madrid.
La explicación de Liga F resulta significativa. La competición defiende la emisión en abierto como una herramienta para llegar a más hogares, aumentar la exposición de clubes, futbolistas y patrocinadores y, a partir de ahí, generar también mayor valor comercial.
Es decir, abierto y negocio no tienen por qué ser términos opuestos. Para vender un producto deportivo primero hace falta construir una audiencia que sepa que existe. La exposición puede convertirse después en espectadores en los pabellones, patrocinadores o mejores contratos audiovisuales.
Ahí la televisión pública desempeña un papel que va más allá de recoger aquello que el mercado deja libre. También puede funcionar como escaparate para competiciones que buscan ensanchar su público.
Una cámara también es infraestructura deportiva
Un deporte necesita instalaciones, federaciones, clubes, competiciones y deportistas. Para crecer necesita además que alguien pueda verlo.
La falta de exposición genera un círculo difícil de romper. Menos retransmisiones significan menos posibilidades de alcanzar nuevos espectadores. Una audiencia pequeña complica la llegada de patrocinadores y unos ingresos menores hacen más difícil mejorar el propio producto. Tener una cámara delante no resuelve ese problema, pero sí elimina una de sus barreras.
RTVE Play ha ampliado además las posibilidades que durante años estuvieron limitadas por el espacio físico de Teledeporte. Un canal lineal obliga a elegir cuando coinciden dos competiciones. Una plataforma digital permite multiplicar las señales. El domingo, por ejemplo, el Granada-Deportivo de Liga F pudo ofrecerse en RTVE Play mientras la parrilla acogía simultáneamente otros acontecimientos.
La programación del pasado fin de semana sirve así como una fotografía de dos modelos que conviven en el deporte actual. El mercado concentra buena parte de su inversión allí donde existen audiencias capaces de sostener derechos millonarios y suscripciones. La televisión pública puede introducir otros criterios sin renunciar a las grandes competiciones.
Entre una contrarreloj en Montreal, un partido de Liga F y una final de balonmano en silla de ruedas en Granollers hay pocas cosas en común. Durante unas horas compartieron una que no resulta menor. Cualquiera podía encontrarlos sin sacar la tarjeta de crédito.
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