El fútbol puede convertir un fallo en una tragedia, un mal partido en una avalancha de insultos y una derrota en una campaña de odio. Los informes policiales sobre el pasado Mundial revelaron hasta qué punto se ha normalizado esa escalada: amenazas de muerte, acoso a futbolistas y familiares, persecuciones y dispositivos policiales para proteger a jugadores y selecciones. Lionel Messi fue uno de los principales objetivos durante el torneo, con amenazas que llegaron incluso a incluir supuestos ataques con explosivos en estadios. El informe de El Periódico
Lo ocurrido durante el Mundial no es un fenómeno aislado. El futbolista se ha convertido en un personaje permanentemente expuesto, y las redes sociales han eliminado buena parte de la distancia que antes existía entre el aficionado y el deportista. Un error puede provocar miles de mensajes en cuestión de minutos y, en los casos más extremos, convertir el fútbol en un problema de seguridad personal.
Torreira: un acosador sale de prisión y vuelve a buscarle
Lucas Torreira ha llegado al límite. El centrocampista del Galatasaray ha pedido a su representante que le busque una salida de Turquía después de sufrir un nuevo episodio de acoso por parte del mismo hombre que ya le había agredido meses atrás. El jugador uruguayo tenía una orden de alejamiento contra este individuo, que estaría obsesionado con su pareja, la actriz Devrim Özkan.
El primer episodio se produjo el pasado 12 de mayo, cuando el hombre se acercó a Torreira en un centro comercial de Estambul e intentó agredirle. Fue detenido y pasó varios meses en prisión. El problema reapareció esta semana, después de que recuperara la libertad. Según AS, el individuo se acercó al chófer del futbolista y le dijo: «vengo a terminar lo que empecé». Tras conocer lo sucedido, Torreira contactó inmediatamente con Pablo Bentancur para pedirle que le encuentre un destino lejos de Estambul.
El caso refleja una de las caras más inquietantes de la fama. Torreira no está abandonando Turquía por una lesión, por una mala temporada o por una oferta mejor. Está planteándose dejar un club en el que ha ganado seis títulos porque su seguridad personal se ha convertido en una preocupación permanente.
Correa y unas amenazas que Tigres niega
Ángel Correa vivió una situación diferente, pero con el mismo elemento en común: el miedo como condicionante de la carrera deportiva. El argentino regresó a Argentina en julio mientras negociaba su salida de Tigres y alegó haber recibido amenazas contra él y su entorno. El club mexicano, sin embargo, negó que esas amenazas se hubieran producido.
La polémica apareció en mitad de la negociación con River Plate. El club argentino había realizado varias ofertas por el campeón del mundo de 2022, pero Tigres cambió sus condiciones después de haber alcanzado inicialmente un acuerdo. Correa quería regresar a Argentina y la aparición de las supuestas amenazas añadió todavía más tensión a una operación que terminó convirtiéndose en uno de los culebrones del verano.
El matiz es importante: no existe confirmación de que Correa recibiera amenazas de muerte, y el propio Tigres negó esa versión. De hecho, se publicó posteriormente que el jugador no había denunciado ninguna amenaza de muerte al club y que los insultos que sí trascendieron estuvieron dirigidos contra su esposa y sus hijas.
Andrés Escobar: cuando un error traspasó todas las líneas
Hay una historia que explica mejor que ninguna otra hasta dónde puede llegar la violencia alrededor del fútbol. Andrés Escobar fue asesinado en Medellín pocos días después de que Colombia quedara eliminada del Mundial de Estados Unidos 1994, después de marcar un gol en propia puerta contra la selección anfitriona.
El defensor intentó cortar un centro y acabó introduciendo el balón en su propia portería. Colombia perdió 2-1, quedó prácticamente eliminada y Escobar regresó a su país después del torneo. El 2 de julio de 1994, en Medellín, tuvo una discusión a la salida de un local con los hermanos Gallón Henao, vinculados al narcotráfico. Su chófer, Humberto Muñoz Castro, bajó del vehículo y le disparó seis veces. Posteriormente fue condenado a más de 20 años de prisión.
Tres décadas después, Escobar continúa siendo recordado como una de las víctimas más trágicas de la historia del fútbol. Su asesinato dejó una advertencia que todavía resuena: un partido puede terminar en 90 minutos, pero las consecuencias de lo que ocurre dentro del campo pueden continuar mucho después.
Sorloth y la frontera que las redes han borrado
El caso más reciente es el de Alexander Sorloth. El delantero del Atlético de Madrid quedó señalado por una acción durante los cuartos de final del Mundial contra Inglaterra. Noruega perdió 2-1 en la prórroga después de que Sorloth tuviera una ocasión clarísima para poner por delante a su selección y decidiera finalizar la jugada en lugar de asistir a Erling Haaland.
Después de la eliminación, su pareja, Lena Selnes, denunció una oleada de insultos y amenazas que llegaron tanto a través de las redes sociales como por correo electrónico. Entre los mensajes había amenazas de muerte dirigidas contra el delantero y también ataques contra ella. Selnes anunció que tomaría medidas legales contra los responsables.
Sorloth no es el único. Los informes policiales del Mundial recogieron también amenazas contra futbolistas como Jaminton Campaz y Lucas Digne, mientras que el árbitro francés François Letexier recibió más de 6.000 amenazas en su teléfono personal después del Argentina-Egipto. Su familia y su vivienda tuvieron que recibir protección policial.
El problema ya no es que el fútbol genere pasión. Siempre la ha generado. El problema aparece cuando la pasión se convierte en derecho a acosar, perseguir o amenazar. El jugador falla un penalti, pierde un balón o toma una mala decisión y el partido termina. Pero para algunos aficionados, la pantalla parece haber eliminado esa frontera.
El fútbol sigue necesitando héroes, villanos y emociones. Lo que no debería necesitar son víctimas.
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