El caso Manchester City puede terminar teniendo una segunda vida cuando se cierre la primera. El procedimiento abierto por la Premier League por más de un centenar de presuntas infracciones financieras todavía continúa y permanece sometido a confidencialidad, pero las informaciones publicadas en los últimos días apuntan a que el tribunal independiente ya habría alcanzado conclusiones sobre las acusaciones y que el proceso avanza hacia la fase de apelación. El club insiste en que demostrará su inocencia y, por el momento, no existe una resolución definitiva que permita anticipar ni el desenlace ni una eventual sanción. Hay, sin embargo, otra pregunta esperando detrás del procedimiento principal: qué ocurriría si una decisión adversa al City terminara siendo firme y otros equipos considerasen que aquellos incumplimientos les causaron un perjuicio.

La cuestión abre un terreno mucho más complejo que una simple deducción de puntos. Sky Sports señala que, una vez agotada la apelación dentro del sistema de la Premier, podrían surgir nuevos litigios promovidos por clubes que entiendan que perdieron títulos o clasificaciones para la Champions League durante los años afectados. No significa que esas reclamaciones vayan a prosperar ni que exista actualmente una relación de equipos preparados para demandar al Manchester City. Sí significa que una resolución firme podría transformar un conflicto entre la competición y uno de sus miembros en una disputa mucho más amplia sobre el daño económico que pueden producir las infracciones de las reglas financieras.

De perder una Champions a perder millones

Una posición en la Premier no decide únicamente quién levanta un trofeo o aparece unas líneas más arriba en la clasificación. Determina también el acceso a las competiciones europeas y, con él, una cadena de ingresos procedentes de premios, televisión, taquillas, patrocinios y exposición internacional. Por eso, si finalmente se estableciera que determinadas reglas fueron incumplidas durante temporadas concretas, un club que hubiera terminado inmediatamente detrás del City podría intentar sostener que aquella diferencia deportiva tuvo también consecuencias económicas. El salto entre ambas cosas, sin embargo, no sería automático: habría que demostrar que existe una relación suficientemente directa entre la infracción acreditada y el perjuicio reclamado.

Ese matiz será fundamental porque el expediente contra el City abarca infracciones de naturaleza muy distinta. La Premier anunció en febrero de 2023 acusaciones relacionadas con la obligación de proporcionar información financiera exacta entre las temporadas 2009-10 y 2017-18, incluyendo ingresos comerciales y patrocinios, así como cuestiones relativas a remuneraciones de jugadores y entrenadores. También incorporó presuntos incumplimientos de las reglas financieras de UEFA, de las normas de rentabilidad y sostenibilidad de la propia Premier y de la obligación de cooperar con la investigación desde diciembre de 2018. No todo el expediente, por tanto, permite establecer de la misma manera una hipotética conexión entre una infracción y el resultado final de una temporada.

Ahí se encuentra una de las dificultades de cualquier reclamación posterior. No bastaría con señalar que un club terminó quinto mientras el Manchester City ocupaba una de las cuatro plazas de Champions o que quedó segundo en una temporada ganada por los ‘sky blues’. Una posible acción tendría que recorrer una cadena jurídica mucho más exigente: identificar la infracción finalmente acreditada, determinar cuándo produjo efectos, demostrar un perjuicio concreto y establecer hasta qué punto ese daño puede imputarse directamente a la conducta sancionada. El fútbol ofrece una clasificación sencilla; traducirla después en responsabilidad económica es bastante menos directo.

También habría que diferenciar los títulos de las pérdidas económicas. Una eventual sanción financiera o deportiva al City no significa automáticamente que los campeonatos conquistados durante los años investigados vayan a ser retirados ni que sean reasignados a los segundos clasificados. Las sanciones disponibles para la comisión independiente incluyen multas, deducciones de puntos y otras medidas deportivas, pero la Premier no dispone de una escala automática que vincule cada infracción con un castigo determinado. El procedimiento para decidir una sanción sería además independiente del debate sobre el fondo del caso.

Un caso que puede no terminar con la apelación

La fase actual tampoco permite dar por cerrado el camino interno de la Premier. Si alguna de las infracciones acaba siendo declarada probada, ambas partes pueden recurrir la decisión conforme a las propias reglas de la competición. La apelación sería examinada por un nuevo panel de tres miembros y podría confirmar, modificar o revocar la resolución. Sky Sports señala además que el City no podría trasladar posteriormente ese recurso al Tribunal de Arbitraje Deportivo, el TAS, por lo que esa instancia supondría el final de esta parte concreta del procedimiento.

Precisamente ahí podría comenzar el siguiente problema. Una vez fijados definitivamente los hechos y, en su caso, las responsabilidades, otros clubes dispondrían de una base mucho más sólida para estudiar si esos hechos les ocasionaron daños reclamables. Es una posibilidad todavía hipotética, pero suficientemente real como para que Sky Sports la sitúe entre los escenarios posteriores al recurso. El abanico potencial resulta además amplio porque el procedimiento afecta a varias temporadas y porque las consecuencias económicas de la clasificación liguera han aumentado enormemente durante la última década.

La Champions constituye el ejemplo más evidente, aunque no necesariamente el único. Terminar entre los primeros puestos de la Premier puede alterar los ingresos de una temporada posterior y modificar decisiones de plantilla, contratos comerciales o capacidad de inversión. También podrían aparecer discusiones alrededor de premios asociados a la clasificación final o de otras posiciones que generasen diferencias económicas demostrables. Otra cosa sería convertir todas esas consecuencias en indemnizaciones: cuanto más indirecto sea el daño alegado, más difícil será establecer que deriva específicamente de las infracciones que pudieran declararse probadas.

El precedente inmediato de Everton y Nottingham Forest demuestra además que las reglas financieras ya pueden modificar una clasificación en plena temporada. Everton sufrió durante la campaña 2023-24 una deducción inicial de diez puntos que fue reducida a seis tras su recurso y posteriormente recibió otros dos por un segundo incumplimiento de las normas de rentabilidad y sostenibilidad. Nottingham Forest perdió cuatro puntos esa misma temporada. Son expedientes diferentes y no sirven para calcular qué podría ocurrir con el Manchester City, cuyo caso incluye un número y una variedad mucho mayores de acusaciones, pero sí muestran hasta qué punto el cumplimiento financiero puede tener efectos deportivos reales.

El problema del City es que esos posibles efectos llegan muchos años después de las temporadas examinadas. La Premier abrió su investigación en 2019 y formalizó los cargos en febrero de 2023, pero parte de las acusaciones se remontan a la campaña 2009-10. Desde entonces se han disputado ligas, se han repartido plazas europeas, se han abonado premios y los clubes han tomado decisiones económicas sobre clasificaciones que parecían definitivas. Si el proceso concluyera con infracciones firmemente establecidas, cualquier intento de reconstruir el supuesto daño obligaría a mirar hacia competiciones terminadas hace años.

Ese desfase convierte el caso en algo mayor que el debate sobre cuántos puntos podría perder el Manchester City. Una sanción resolvería la relación disciplinaria entre el club y la Premier respecto a las infracciones que finalmente quedasen acreditadas. No resolvería necesariamente las consecuencias que terceros pudieran atribuir a esas conductas. Es ahí donde podría comenzar una batalla distinta, menos visible que una deducción de puntos pero potencialmente prolongada: determinar quién resultó perjudicado, cuánto perdió y si existe una base jurídica suficiente para reclamarlo.

Por ahora todo ese escenario depende de una condición que todavía no se ha cumplido. El procedimiento sigue abierto, las conclusiones conocidas proceden de informaciones periodísticas y el Manchester City mantiene que demostrará su inocencia. Su presidente, Khaldoon Al Mubarak, reiteró este sábado esa posición después de las informaciones sobre la decisión del tribunal. Hasta que el proceso y sus recursos no queden completados, hablar de indemnizaciones concretas o de clubes con derecho a ellas sería adelantarse a hechos que todavía no están establecidos definitivamente.

Pero si llega una resolución firme adversa al City, la pregunta dejará de ser únicamente qué castigo merece el club. La Premier tendrá que afrontar otra mucho más difícil de encerrar en una tabla clasificatoria: qué sucede cuando unas reglas financieras se juzgan años después de que sus posibles efectos deportivos y económicos hayan quedado repartidos entre decenas de equipos. La apelación puede poner punto final al expediente disciplinario. Puede que no sea, sin embargo, el último capítulo del caso.

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