A orillas del lago de Como, entre villas, montañas y pasajes de ensueño el fútbol europeo ha encontrado a su nueva sensación. El artífice de esta historia es Cesc Fábregas, que llegó a la ciudad italiana para afrontar la última etapa de su carrera como futbolista y ha terminado siendo el arquitecto de uno de los proyectos más llamativos del viejo continente.
La última demostración llegó este miércoles. El Como derrotó por 4-1 al Manchester United en la tercera jornada de la fase liga de la Champions, con una exhibición de Nico Paz, autor de dos goles y una asistencia, y un equipo que apenas necesitó unos minutos para demostrar que su presencia en la competición no es una cuestión de suerte. El conjunto de Fàbregas presionó, movió el balón con velocidad y encontró espacios ante uno de los gigantes históricos del fútbol inglés. El resultado fue una de esas noches que cambian la dimensión de un club.
Pero la victoria tiene una explicación que va mucho más allá de los 90 minutos. El Como lleva años construyendo un proyecto que combina inversión, planificación deportiva y una idea reconocible de juego. Y en el centro de todo aparece un entrenador que ha pasado de compartir vestuario con algunos de los mejores futbolistas del mundo a tomar decisiones desde el banquillo.
De futbolista a accionista y entrenador
Cuando Fàbregas llegó al Como en 2022, el club todavía competía en la Serie B, lejos de los grandes escenarios del fútbol italiano. El centrocampista español venía de una carrera extraordinaria, con etapas en el Arsenal, el Barcelona y el Chelsea, además de títulos como el Mundial de 2010 y las Eurocopas de 2008 y 2012. En Italia encontró un lugar para seguir jugando y una entidad en la que empezó a implicarse más allá del césped, hasta convertirse también en accionista minoritario.
Su retirada, en 2023, no supuso una despedida del fútbol. Todo lo contrario. Fàbregas comenzó su formación como entrenador en el equipo juvenil del Como y, en apenas unos meses, dio el salto a la dinámica del primer equipo. Primero asumió funciones de entrenador interino y después trabajó como ayudante de Osian Roberts durante la temporada del ascenso. En julio de 2024, el club confirmó su nombramiento como entrenador principal con un contrato de cuatro años.
La apuesta podía parecer arriesgada. El catalán carecía de experiencia prolongada al frente de un equipo profesional, pero disponía de un conocimiento privilegiado del juego después de compartir vestuario con figuras de distintas generaciones y trabajar a las órdenes de técnicos como Arsène Wenger, Pep Guardiola y José Mourinho. De cada uno extrajo enseñanzas que ha ido incorporando a su propia metodología.
Su aprendizaje tampoco se limitó a los grandes escenarios. Trabajar con jugadores jóvenes y gestionar a antiguos compañeros le obligó a desarrollar una faceta diferente, menos vinculada a la ejecución sobre el campo y más centrada en la organización, la comunicación y la toma de decisiones. Fàbregas no llegó al banquillo con una carrera de entrenador consolidada, sino con una idea de fútbol que debía convertir en un proyecto colectivo.
Un equipo que quiere jugar como piensa su entrenador
La principal seña de identidad del Como es su voluntad de llevar la iniciativa. El equipo no renuncia al balón para refugiarse atrás ni basa su propuesta en buscar una acción aislada que resuelva los partidos. Su intención es dominar la posesión, presionar arriba y gestionar las transiciones con inteligencia, manteniendo a los futbolistas próximos para encontrar líneas de pase y generar superioridades.
Más allá del marcador, llamó la atención la naturalidad con la que los jugadores ejecutaron el plan. Los pases rápidos, los movimientos entre líneas y la capacidad para encontrar al tercer hombre dieron forma a un equipo que parecía jugar con una idea compartida. La diferencia no estaba únicamente en la calidad individual, sino en la conexión entre los futbolistas.
Fàbregas ha explicado que una de las cuestiones que más le importan como entrenador es poder reconocer a su equipo incluso cuando pierde. Su reflexión ayuda a entender por qué insiste tanto en la identidad colectiva: prefiere regresar a casa después de una derrota sabiendo que sus jugadores han intentado desarrollar el fútbol que habían preparado, en lugar de lamentar que el equipo haya renunciado a su manera de competir.
Ese planteamiento también exige tiempo. El Como ha incorporado talento joven y futbolistas capaces de adaptarse a diferentes posiciones, pero el reto consiste en mantener la propuesta ante rivales que tienen plantillas más profundas y una experiencia europea mucho mayor. La goleada al Manchester United refuerza la confianza del proyecto, aunque la Champions será la verdadera prueba de su regularidad.
Del regreso a la Serie A a competir por Europa
El crecimiento del Como tampoco se entiende sin el cambio de dimensión que experimentó la entidad desde la llegada de sus actuales propietarios. Los hermanos indonesios Hartono, vinculados a uno de los mayores patrimonios empresariales de Asia, tomaron el control del club en 2019. Desde entonces, la entidad ha recorrido el camino desde las categorías inferiores hasta convertirse en un participante habitual de la máxima competición italiana.
El ascenso a la Serie A llegó en 2024, después de 21 años de ausencia. En su primera temporada de vuelta, el equipo terminó décimo bajo la dirección de Fàbregas, un resultado que confirmó su capacidad para competir en una categoría exigente. El siguiente curso fue todavía mejor: el Como acabó cuarto en la Serie A y consiguió una histórica clasificación para la Champions League.
La progresión resulta especialmente significativa porque el equipo no se ha limitado a utilizar la inversión para construir una plantilla competitiva. También ha buscado definir una estructura deportiva con margen de crecimiento. El desarrollo de jóvenes talentos, la planificación de los fichajes y la continuidad del entrenador forman parte de una estrategia que pretende convertir el éxito reciente en algo duradero.
La presencia de Fàbregas como accionista minoritario añade otra particularidad. No es únicamente el técnico contratado para dirigir una plantilla, sino una figura vinculada al futuro de la institución. Su implicación le permite participar en una visión a largo plazo, aunque las decisiones societarias y económicas sigan correspondiendo a la propiedad del club.
El dinero ha sido importante para acelerar el crecimiento, pero el caso del Como no se explica únicamente por su capacidad de inversión. La diferencia entre reunir futbolistas de calidad y construir un equipo reconocible está en la planificación, y ese es uno de los aspectos que Fàbregas ha convertido en su principal responsabilidad.
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