Roland Garros ha vivido una de sus jornadas más duras por el calor. Jannik Sinner, número uno del mundo y gran favorito al título, quedó eliminado en segunda ronda tras un desplome físico inesperado ante Juan Manuel Cerúndolo. El italiano dominaba el partido con claridad, pero empezó a sufrir mareos, calambres y una caída evidente de energía hasta terminar perdiendo por 3-6, 2-6, 7-5, 6-1 y 6-1. La escena reabrió el debate sobre las condiciones extremas en París, especialmente después de que días antes el peruano Ignacio Buse también necesitara atención médica por un golpe de calor ante Andrey Rublev.

Sinner tenía el partido ganado… y se quedó sin cuerpo

La derrota de Sinner fue una de las grandes sorpresas del torneo. El italiano había empezado como un ciclón: ganó los dos primeros sets, dominó con autoridad y llegó a colocarse 5-1 arriba en el tercero, a solo un juego de cerrar el partido. Pero a partir de ahí todo cambió. Cerúndolo encadenó una remontada inesperada y Sinner empezó a mostrar señales claras de agotamiento físico.

El italiano perdió 18 puntos consecutivos en el tramo en el que el partido se le escapó de las manos. Después llegaron el bajón de movilidad, los gestos de dolor, la asistencia médica y la sensación de que el número uno no estaba compitiendo contra su rival, sino contra su propio cuerpo. Las temperaturas en París superaron los 30 grados, y varios medios presentes en el torneo apuntaron a que el calor fue un factor clave en su desplome.

“No fue culpa del calor”: Sinner evita excusas

Pese a las imágenes, Sinner no quiso cargar la derrota exclusivamente sobre el clima. Tras el partido, reconoció que se había sentido mal desde la mañana, con poca energía y síntomas de debilidad, pero evitó utilizar el calor como justificación principal. Según recogieron varias crónicas, el italiano explicó que las condiciones eran las mismas para los dos y que simplemente no pudo sostener el nivel físico necesario durante cinco sets.

Esa reacción encaja con su discurso habitual, pero no elimina el problema de fondo. Sinner volvió a mostrar dificultades en condiciones extremas, algo que ya había ocurrido en otros torneos. Esta vez, el golpe fue enorme: se cortó una racha de 30 victorias consecutivas y Roland Garros perdió a su máximo favorito en una segunda ronda que parecía completamente controlada.

Cerúndolo firma la remontada de su vida

Para Juan Manuel Cerúndolo, la victoria supone el mayor triunfo de su carrera. El argentino, número 56 del mundo, aprovechó el bajón de Sinner con inteligencia, pero también tuvo mérito para mantenerse vivo cuando el partido parecía perdido. No se dejó arrastrar por el marcador, siguió compitiendo y encontró una grieta que terminó convirtiéndose en una autopista.

Cerúndolo reconoció después que la situación física de Sinner había condicionado el partido, pero también celebró una victoria que le lleva por primera vez a la tercera ronda de un Grand Slam. En una tarde donde el favorito se apagó, el argentino supo hacer lo más difícil: no salirse del plan, sostener la presión y cerrar una remontada que ya forma parte de las grandes historias de esta edición.

Buse también sufrió el golpe del calor ante Rublev

El episodio de Sinner no fue aislado. En los primeros días del torneo, Ignacio Buse ya había encendido las alarmas durante su partido ante Andrey Rublev. El peruano necesitó atención médica tras sufrir problemas físicos asociados al calor y llegó a preocupar por su estado en pista. Su caso fue especialmente comentado porque también afectó a un recogepelotas, que tuvo que abandonar el partido tras sentirse mal por las condiciones.

Buse pudo continuar, pero la imagen volvió a situar el foco en la dureza de jugar en París con temperaturas elevadas. En el tenis, donde los partidos pueden alargarse durante horas y los jugadores están expuestos al sol sin cambios reales de sustitución, el impacto del calor no es una cuestión menor: puede alterar el rendimiento, provocar calambres, mareos, deshidratación y situaciones de riesgo.

Roland Garros y el debate que vuelve cada verano

El problema no es nuevo, pero cada episodio lo vuelve más visible. El tenis lleva años conviviendo con jornadas extremas en Australia, Nueva York, París o Cincinnati. La diferencia es que ahora el debate climático hace que estas escenas se lean de otra manera. Ya no se trata solo de “un día caluroso”, sino de cómo los torneos adaptan horarios, protocolos médicos y pausas cuando el cuerpo de los jugadores empieza a fallar.

Roland Garros cuenta con medidas de asistencia, hidratación y atención médica, pero la jornada de Sinner y el caso de Buse dejan una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto debe seguir el espectáculo cuando las condiciones empiezan a comprometer claramente la salud de los protagonistas?

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