El Regate

El Baskonia toca fondo en Europa y las soluciones siguen sin aparecer

Una victoria en diez jornadas, una plantilla castigada por las lesiones y problemas en ataque y defensa exponen los límites del proyecto vitoriano

N.C.
El Baskonia toca fondo en Europa y las soluciones siguen sin aparecer.  Europa Press.
El Baskonia toca fondo en Europa y las soluciones siguen sin aparecer. Europa Press.

Durante muchos años, Baskonia hizo de la necesidad virtud. Acostumbrado a competir con presupuestos netamente superiores a los de buena parte de sus rivales, el club presidido por Josean Querejeta vive una de sus épocas más frágiles. El dirigente vasco encontró en la detección de talento y la reconstrucción constante de sus plantillas una manera de discutirle el terreno a los gigantes europeos. Una fórmula que exigía acertar casi siempre. Pero hoy, en una Euroliga que castiga especialmente la falta de alternativas, las cuentas deportivas han dejado de salirle al conjunto vitoriano.

La derrota del jueves ante el Fenerbahce (84-65) ofreció otra imagen de esa distancia. Los de Velimir Perasovic resistió los primeros envites en el acto inaugural, pero pronto comenzó a perder contacto con un adversario que se disparó hasta los 30 puntos de ventaja. Los visitantes redujeron la diferencia en el tramo final, cuando el encuentro ya llevaba tiempo decantado a favor de los hombres de Sarunas Jasikevicius.

En total, Baskonia firma un balance de una victoria y nueve derrotas en las primeras diez jornadas de Euroliga que dejan al equipo vitoriano en la cola de la clasificación. El calendario y la enfermería concentran buena parte de las dificultades, pero esa diferencia tan amplia obliga a ampliar el foco de análisis. El cuadro azulgrana tiene problemas para encontrar continuidad ofensiva, al margen de las dificultades para proteger su propia canasta dentro de un sistema de rotación que las ausencias han menguado aún más.

El cambio de entrenador, que a su vez ha engrandado la brecha entre la afición y la directiva, tampoco ha producido el resultado esperado. Paolo Galbiati, que ganó contra todo pronóstico la Copa del Rey del curso pasado frente al Real Madrid de Sergio Scariolo, fue destituido el pasado 14 de octubre. Un cese sorprendente, teniendo en cuenta la buena marcha del equipo en la ACB. La enésima llegada de Perasovic regresó no ha cambiado las circunstancias de una plantilla que necesita como el comer vaciar su enfermería y despejar las dudas a ambos lados de la cancha.

Colapso ofensivo

La visita a Estambul dejó cifras difíciles de digerir. El Baskonia acabó el partido con 65 puntos, 4 de 25 en triples y 13 de 22 en tiros libres. Con semejante desacierto se antoja complicado mantener la competitividad en un partido de alta intensidad como el que puede plantear cualquier equipo de Euroliga, máxime cuando enfrente hay un rival que dispone de muchos recursos para corregir sus propios errores.

Kenneth Faried sostuvo buena parte de la producción interior durante el inicio y acabó con diez puntos y quince rebotes. Kobi Simmons y DJ Stewart aportaron doce tantos cada uno, mientras Clément Frisch llegó a diez. Ninguno de los jugadores visitantes superó los doce puntos, un reparto que refleja las dificultades para encontrar una referencia anotadora capaz de modificar el desarrollo del encuentro.

El desacierto exterior condicionó el resto del ataque. Cuando los triples no entran, las defensas pueden concentrarse en proteger la pintura y cerrar los caminos hacia el aro. Las penetraciones encuentran más ayudas y cada posesión exige mayor precisión para generar un lanzamiento cómodo.

En Estambul, el Baskonia encontró algunas soluciones cerca de canasta mientras Faried consiguió recibir en posiciones favorables. Después, los ajustes del Fenerbahçe y la falta de acierto desde fuera redujeron sus posibilidades. Los ataques comenzaron a resolverse en situaciones cada vez menos cómodas, sin que los visitantes encontraran una respuesta sostenida.

Las dificultades tampoco pueden limitarse al partido del jueves. El Baskonia acumula 813 puntos anotados en diez jornadas, una media de 81,3 por encuentro. La cifra describe su producción ofensiva, aunque debe interpretarse junto a la eficacia de los lanzamientos, el ritmo de juego y las condiciones particulares de cada partido para obtener un diagnóstico más completo.

A ese escenario se añadió la salida de Markus Howard, anunciada el mismo día que la destitución de Galbiati. El estadounidense podía generar anotación en situaciones complicadas, aunque sus características también exigían determinados ajustes colectivos. Su marcha obligó a redistribuir responsabilidades entre varios exteriores que todavía no han conseguido proporcionar una producción regular.

Perasovic dispone de herramientas para intervenir. Puede modificar las rotaciones, favorecer determinados emparejamientos o buscar más situaciones de transición para evitar ataques posicionales demasiado previsibles. Pero las soluciones tácticas también dependen de los jugadores disponibles y de su capacidad para ejecutarlas. El cambio de entrenador no garantiza, por sí solo, que aparezcan nuevas fuentes de anotación.

La defensa, una herida que tampoco cicatriza

Los problemas adquieren otra dimensión cuando el Baskonia debe proteger su canasta. En las diez primeras jornadas ha encajado 931 puntos, 93,1 por partido, casi doce más de los que consigue anotar.

Esa diferencia condiciona su manera de competir. El equipo necesita sostener una producción ofensiva elevada para compensar lo que concede atrás y dispone de poco margen cuando atraviesa varios minutos de desacierto.

El Fenerbahçe encontró facilidades desde el primer cuarto. Terminó los diez minutos iniciales con 33 puntos y se marchó al descanso con 52. El Baskonia había conseguido resistir al comienzo, pero la combinación de ataques fallados y defensas poco eficaces permitió que el marcador se abriera rápidamente.

Las ausencias tuvieron un peso importante. Rodions Kurucs, Tadas Sedekerskis y Márcio Santos no estuvieron disponibles, lo que dejó a Perasovic con una rotación de apenas nueve jugadores. Faried quedó como único pívot nato y el entrenador tuvo que buscar alternativas con quintetos de menor presencia física.

El Fenerbahçe aprovechó esa circunstancia para atacar determinados emparejamientos y encontrar ventajas cerca del aro. La aportación de Talen Horton-Tucker, máximo anotador local con diecinueve puntos, contribuyó a ampliar una diferencia que el Baskonia no logró controlar.

Sería injusto analizar aquella fragilidad defensiva sin tener en cuenta la enfermería. Perder a tres interiores importantes altera las posibilidades de cualquier equipo y obliga a modificar repartos de minutos, emparejamientos y responsabilidades. Pero también plantea una pregunta sobre la profundidad de la plantilla y su capacidad para afrontar circunstancias que forman parte de una temporada europea.

En la Euroliga no basta con disponer de un quinteto competitivo. Los equipos necesitan alternativas que les permitan mantener cierta continuidad cuando comienzan las rotaciones, aparecen las faltas o alguno de sus jugadores importantes debe descansar.

El contraste entre ambos banquillos fue significativo. Jasikevicius podía recurrir a distintas piezas para modificar el desarrollo del partido, mientras Perasovic debía distribuir los esfuerzos entre nueve efectivos y buscar un equilibrio defensivo que apenas encontró durante la primera mitad.

La diferencia no convierte automáticamente la planificación del Baskonia en un fracaso, pero ayuda a explicar las dificultades que experimenta cuando necesita modificar su estructura habitual. Las lesiones han agravado esa situación y han reducido el margen de actuación del entrenador.

El problema de construir con menos y competir contra más

El Baskonia ha conseguido sostener su presencia entre la élite europea mediante un modelo que exige una capacidad constante para identificar jugadores, desarrollar talento y reconstruir equipos. No dispone de los mismos recursos económicos que los grandes transatlánticos de la competición y necesita encontrar ventajas en decisiones que otros clubes pueden compensar con una mayor inversión.

Esa forma de competir tiene un coste cuando las incorporaciones no ofrecen inmediatamente el rendimiento esperado o cuando desaparecen futbolistas fundamentales de la rotación. Cada ausencia adquiere un peso mayor y las posibilidades de corregir los problemas dependen de un mercado en el que no todos los participantes cuentan con las mismas herramientas.

La desigualdad económica importa, pero no basta para explicar el balance de una victoria y nueve derrotas. Para determinar cuánto está condicionando esta temporada sería necesario comparar presupuestos deportivos actualizados, costes de plantilla y recursos disponibles. Sin esos datos, atribuir la crisis exclusivamente al dinero supondría simplificar un problema que también tiene componentes deportivos y organizativos.

El rendimiento sí permite identificar algunas de sus consecuencias. El Baskonia ha comenzado la temporada sin encontrar suficientes alternativas para mantener la competitividad cuando falla su primera opción. Las lesiones han reducido todavía más esa capacidad y la salida de Howard obligó a reorganizar la producción ofensiva con el curso ya iniciado.

La destitución de Galbiati añadió otro elemento de inestabilidad. El italiano había dirigido al Baskonia en la conquista de la Copa del Rey de febrero de 2026, que puso fin a diecisiete años sin levantar ese título. Ocho meses después, la directiva decidió prescindir de él, pese al buen inicio doméstico, ante la falta de resultados en Europa.

Su sustituto conoce el club. Perasovic ya había entrenado al conjunto vitoriano en tres etapas anteriores y regresó con la responsabilidad de corregir una situación que había empezado a deteriorarse muy pronto. Sin embargo, conocer la Euroliga y disponer de una plantilla preparada para competir en ella son cuestiones diferentes.

El croata puede mejorar la organización defensiva, ajustar la distribución de los minutos y buscar alternativas ofensivas. La recuperación de los lesionados también debería ampliar sus posibilidades. Lo que no puede hacer es transformar de inmediato la composición de una plantilla ni garantizar que cada jugador responda a las exigencias del calendario.

Tras el encuentro de Estambul, Perasovic reconoció el mal rendimiento de su equipo durante la primera mitad y expresó su preocupación por la actitud competitiva. Su análisis apuntó a una dificultad que va más allá del desacierto: resulta complicado competir cuando los jugadores afrontan el encuentro sin la convicción necesaria para discutir la victoria.

Las derrotas acumuladas pueden agravar ese problema. Cuando un equipo encadena resultados negativos, cada desventaja inicial amenaza con convertirse en una carga adicional. El Baskonia necesita corregir comportamientos concretos sobre la pista, pero también recuperar la confianza suficiente para sostener los partidos cuando el adversario atraviesa un buen momento.

El calendario tampoco ayuda. El conjunto vitoriano debe compaginar la Liga Endesa con la Euroliga, recuperar a sus lesionados y valorar si necesita acudir al mercado para reforzar las posiciones más debilitadas. Mientras tanto, la competición continental sigue avanzando y la distancia con sus rivales aumenta en la clasificación.

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Etiquetas Baloncesto